John Glenn volvió a las estrellas

Lo sé, he tardado más de la cuenta en reaccionar a la noticia, pero no ha sido culpa mía sino del maldito desorden que me habita, porque hace unos días, concretamente el ocho de diciembre, se nos murió a todos, en Ohio, en los Estados Unidos, donde vivía y a la edad de noventa y cinco años, uno de los grandes hombres de nuestro tiempo, al que en su día tuve la suerte, la enorme suerte de entrevistar, en Madrid, y no todo el mundo puede decir lo mismo.

John Glenn, aquel astronauta que fue el tercero en llegar a la luna, pero el primero en orbitar la tierra, o sea darle la vuelta a nuestro planeta, y por tres veces, en el sesenta y dos creo, se ha ido, arriba, donde está el lugar de los héroes, de los grandes grandes de nuestra historia, rodeado del amor de sus hijos, y sobre todo, al lado de su esposa, que fue su novia de niño, y el primer y único amor según sus propias  confesiones en los libros tantas veces publicados sobre quien fue aquel impar, al que yo entreviste, hace como poco cuarenta años, en el aeropuerto de Barajas, cuando vino por primera vez a España. Bien que lo recuerdo. Después vino más veces, por ejemplo, cuando acudió a recoger el premio Príncipe de Asturias, a Oviedo, y aprendió a escanciar la sidra en uno de los pueblos más hermosos de la tierra, Cudillero, al que tanto quiero, tanto recuerdo y del que sigo siendo pixueto de honor, y más aun, presidente, creo, honorario de la Asociación de Amigos. Bueno, pues, aquel día que le entreviste en Barajas, fue para la revista Careta, y me pareció como entonces dije, escribí, un hombre bueno, un ángel de paisano, con aquel aire de marine suyo, que lo fue, hasta llegar a capitán, peleando en directo antes de llegar a la nasa en la guerra de Corea del Norte, la del paralelo dieciséis, creo, que tanto nos importo en aquella época y que aun hoy sigue dando de si de vez en cuando.

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Glenn fue un héroe de América y del mundo entero, porque además fue sencillo, como son los gigantes, humilde, amable, cercano, inmediato, hasta estuvo a punto de ser presidente de su país, y que dicho sea de paso, alcanzo el título de senador de los estados unidos de América. Aquí, a España vino en varias ocasiones, a Oviedo, desde luego a Madrid, y creo que a mi tierra, a Granada. No me quiero colgar la medalla de que un día le recomendé mi ciudad de origen, mi tierra de raíz, y que quizá por eso, en un próximo viaje, se fue hasta Granada de turista, aunque no pudo pasar desapercibido.

Tenía un aire de héroe de las barras y las estrellas, de película, sin duda, y aunque no llevara puesto el  uniforme sideral, que además era muy espectacular como vi ayer mismo, la casualidad digo, y eso que escribo en martes y trece en la película última de Marte, que ha sorprendido tanto. John fue un personaje excepcional, en su propia vida, por haber dicho aquello de ‘desde arriba se ve que nuestro mundo, es de un bello azul intenso’.

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De ahí lo del planeta azul, aunque nos lo estemos cargando y ya sea más bien gris, porque soy uno de los que creen en lo del  y que la culpa es nuestra.

En fin, que perdonen mis leales por el retraso pero que le conocí, hace no se cuanto tiempo, que hable con él, y que hay foto dedicada con la maquina nasa detrás, que luego vería en metal y hueso, en Miami, en Cabo Cañaveral, y con el casco en la mano. Incluso la foto está dedicada de su puño y letra. Dónde estará, dios mío.

Y que no hay ningún epitafio mejor que este título del blog de hoy, porque tiene que haber sin duda un cielo, aunque solo sea para esa gente única que va por el mundo.

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