Por un plato de lentejas

A veces el sabor es noticia. Por eso hoy y con la bufanda cerca, al menos es aconsejable, acudo a una noticia de actualidad, porque ya saben, como he dicho muchas veces, el sabor es una forma del amor que habla de ese plato tan nuestro, más mediterráneo que muchos otros que presumen de ello y que es el modesto, único, recomendable, que está en todas o casi todas las casas de España, las lentejas. En la Navidad más que en ningún otro momentos. Y no sólo las lentejas habituales, sino en ensalada y si me apuran en puré, con acento en la `e´, que son tan recomendables como asequibles y exquisitas.

Y sobre todo el hierro, ya saben, que tienen dentro. Parece mentira que tan mínimas como son y sin embargo tan máximas a la hora de sus cualidades, que son muchas.

3

Yo debo decir, aunque quizá lo haya contado alguna otra vez ya que uno no tiene más que una vida-aunque algunos tienen dos y hasta tres y ninguna es cierta-, que las más ricas lentejas que he comido en mi vida han sido en la casa de Miami de Julio Iglesias. Riquísimas. También creo que las he devorado en su casa de República Dominicana, y hasta si me apuran a bordo del avión en el que volábamos sobe el mundo entero. Le gustan mucho, su cocinera, sudamericana, las hace que da gloria, con su chorrito de vinagre, su aceite dentro y con el naufragio de algún trozo de chorizo, como debe ser. Cuando iba su madre a comer, yo a veces tenía el honor de comer con ellos, se le ponía alguna cabeza de ajo, que la señora Iglesias madre, además, usaba de las píldoras de ajo que se vendían en algunas boticas especiales de Miami, y si no pues se las traían desde España. “El ajo es muy bueno para los huesos”, decía la señora madre de don Julio, a la que recuerdo mucho.

También en lo que es la historia de las lentejas está la que en aquella casa de aquella dama peruana hacía una vez a la semana en su piso para facilitar la reunión entre políticas gastronómicas y artística de aquella España de hace más de veinte años.

1

Puedo decir que en una de esas citas se conocieron personalmente ni más ni menos que Isabel Preysler, ya entonces noticia a tope, y  Miguel Boyer, que era entonces ministro de hacienda, y a punto de ser en su momento, presidente después de Felipe González. Allí se inicio esa historia de amor, verdaderamente importante en la historia social, aun hoy, de aquellos años. Y eran los días de “las lentejas de Mona” que luego me ayudó mucho en entrevistas, por ejemplo, como las de aquel que fue presidente de su país y posteriormente ni más ni menos que secretario general de las Naciones Unidas. Por cierto, que el día que le visitamos en su casa de Nueva York, sobre el Hudson, Mónica hizo su delicioso plato de lentejas.

Mona Jiménez fue una gran “conseguidora” de buenos reportajes, y a mí me invitó a más de una de aquellas sabrosas citas de la cocina, donde se cocían algo más que lentejas, las cosas como son.

Ahora vuelven a llevarse, aunque nunca dejaron de hacerlo, las que en tantas ocasiones fueron la razón de la supervivencia de muchos hogares españoles en tiempos más difíciles incluso que los de ahora. Yo tenía un tío, Francisco García, siempre elegante, que se dedicaba a eso, a las lentejas. Era el señor de las lentejas en Granada, y recuerdo cuando se sentaba en el Café Suizo a venderlas. Había descubierto unas especiales en México, formidables, y las traía a España donde las repartía a los grandes almacenes. Se llamaban Francisco García e Hijos. Los recuerdo a todos, un ejemplo de trabajo y de familia.

2

A mí me gustan, en casa, donde acudimos a su sabor, por lo menos un  par de veces al mes, tan ricamente. Necesitan además de cada una de las recetas, de algo fundamental, lo que se llama “la muñeca de la persona que lo hace” que debe ser angelical sin género de dudas.

Este año ya les aviso, habrá muchas en la Navidad que es una costumbre en Italia, creo. El viejo refrán que dice “la lenteja que el que quiere las come y el que no las deja” ya es solo eso un dicho. Alimentan muchísimo y hacen que los huesos sean más fuertes, porque tienen más hierro que la armadura del guerrero del antifaz mi viejo ídolo del tebeo.  Quisiera, que este blog de hoy tuviera a la vez un bocado de nostalgia y una cucharada de salud. Para mí, la memoria, porque siempre es bueno saber, que las lentejas, las nuestras, de los grandes llanos de castilla donde a veces solo vuela la avutarda y corre la liebre, se ha convertido jugando a las palabras en la lentejuela de esta navidad. Que les aproveche, que siempre es bueno, el saber que esta página de uno sirva además de para entretener, en este tiempo de tanta cocina, para alimentar el cuerpo, después de hacerlo todos los días parte del alma.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer