Adiós a Charo Palacios, Condesa de Montarco

Además de ser Charo Palacios, que lo era, Condesa de Montarco era una de las damas más elegantes que he conocido, entrevistado e incluso tratado. Charo, que acaba de irse de este mundo, físicamente porque nos quedará su recuerdo, fue una señora. Una gran señora. Y por eso hoy  después de haberle dicho adiós, como todos los santos y los que se van tienen octava, aquí está hoy mi blog, triste, para una mujer inolvidable. Lo fue sin género de dudas. Para mí, entre otras razones, por varias cuestiones.

Una. Porque siempre que se le llamaba, estaba.

Segunda. Porque siempre me recibía.

Tercera. Porque siempre tenía cosas importantes o interesantes que contar.

Cuarta. Porque era culta, discreta y siempre elegante.

Quinta. Porque hablé con ella de muchas formas y por muy diferentes razones.

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Porque siempre que lo hice fue en un sitio, elegante, enseñable a veces, como su casa de la colina cerca de Navalcanero donde vivía, casi con el aire de una casa rural. Era digna de vivir y de mostrar.

Porque lo que se veía desde allí arriba era una Castilla hermosa, bella a veces en su propia fiereza, a veces con un Madrid, capital de La Mancha, al fondo.

Y porque además de condesa, consorte de un hombre que formó parte de la historia de España inmediata, era la musa, sí, la musa del corazón, el alma, de un gran diseñador que en su época fue el Dior de España, de Córdoba además, mi viejo amigo Elio Berhayer, al que recuerdo por muchas y diversas razones.

Creo que hablé con ella más de una vez en la casa salón de Elio, que tenía el toque y el enfoque y la clase y el duende, porque Elio tenía duende, de los grandes de la moda española, entre la Bastida, Pedro, etc, etc… que no me quiero quedar corto, entre los grandes.

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Una vez, en aquella casa alta que por un tiempo tuvo Elio, aunque la habitó poco, en uno de los pueblos más bellos del sur de España, sin género de dudas, que era Arcos de la Frontera, donde Antonio, el bailarín universal, tuvo algún problema… que no es el caso recordar.

A lo que voy. Charo, que ya ha tenido su funeral al que han asistido si bien no todos los que debían haberlo hecho, sí muchas personalidades de todos los campos. Por cierto, que no sé si su hija Alejandra hizo aquella novela sobre su madre que en alguna ocasión descubrió que deseaba hacer, y que sería muy importante, porque vivió Charo muchas etapas de nuestra historia contemporánea.

Se nos ha ido a los 79 años, después de eso que se llama una larga enfermedad, y se llamó en vida, aparte del título, de una historia por amor, Rosario Palacios Calleya, hija además de una de las más brillantes inteligencias de nuestro país, aquel don Julio Palacios, que era físico a escala mundial y al que yo conocí y quizás entrevisté, que a veces la memoria me falla malamente, como en esta ocasión.

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Charo Palacios era además, es, tía de nuestra María Palacios, que acaba de bautizar a su hija en el palacio de la real familia italiana, y de lo que ya, como es natural, dio noticia en su día, hace poco, nuestra revista ¡HOLA! Así que aprovecho para enviar a María este beso de condolencia. Como se lo envío en forma de abrazo a su hija Alejandra y a nuestro Elio, tan cordobés, al que vi el otro día pero no quise molestar, esperando el AVE, que no en vano en Córdoba, creo, la fundación lleva su nombre. Elio, en silencio, esperando con su aire de jeque, su sombrero redondo puesto, que además siempre que quise estaba al otro lado del teléfono para entrevistarle o pedirle consejo.

Y mi saludo después de unos días de gripe, que es algo que no perdona, sobre todo a los mayores entre los que me encuentro, aprovechando la ocasión para hacerles saber que hay que vacunarse, al menos de ella, porque es fundamental hacerlo sobre todo en unas ciertas edades de la vida. Como la nuestra. Pero sobre todo, como la mía.

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