Marc Márquez, el pentacampeón del mundo de moto, ¡y no tiene novia!

Ni quiere tenerla. Yo incluso añadiría al titular, “ni falta que le hace”.

Al menos por ahora, y no es por decir tan solo. Porque, vamos a ver…:

Tiene 23 años, cumplirá 24 el mes de febrero del año que viene, y ha nacido en Cervera, ciudad monumental, preciosa, donde ahora el verdadero monumento es él, pequeño gran campeón cinco veces del planeta, en la moto que le echen. No en vano, y después de aquella primera novia que tuvo de chico, y que según él mismo asegura “le dejó porque siempre estaba de viaje”, alguna otra planeó por su corazón, al menos visible. Aquella más cercana ha sido la modelo portuguesa, bellísima, las cosas como son, pero que le duró lo justo, mientras hacían promoción de una marca de no sé qué.

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Es muy madrero, mucho, es simpático, yo diría que humilde, y a caballo de su corcel de acero, y perdonen por la cursilería escrita, es el mejor, y más a su edad. Imposible de llegar antes que él, porque es lo que dice el  furioso catalán, que sonríe, impresionante:

– Yo solo tengo un  amor, ahora, la moto, ahí sí que me gustan todas, porque nunca reclaman nada, ¡y son tan bellas!

O sea, que no hay que decir más. Está en lo suyo, eso sí, como todos los grandes campeones, tienen su manías, su amuleto, su pata de conejo, el suyo según él mismo confiesa… “Los calzoncillos que llevo debajo del uniforme de trabajo, deben ser rojos siempre que tengo una carrera difícil”

Se los busca su madre. Antes coleccionaba motos de juguete y, en los ratos libres, en los videojuegos según dice su hermano Álex que es también gran campeón, aunque no tanto como su hermano, “es un fuera de serie”.

Su colonia es su gasolina, y es curioso, hay una página en esto nuestro que se llama “yo también quiero ser novia de Marc”. Hay cantidad, casi no queda sitio, porque además de un gran partido, es una muy buena persona. Un hijo ejemplar.

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Últimamente se retrata con muchas chicas a la vez, y si son espectaculares mejor que mejor, y lo prefiere más con todas que con una, “porque no tengo tiempo de dedicarme a otra cosa que a mi profesión, aparte de que viajo mucho, y sobre todo, porque no quiero hacer sufrir a nadie, que este oficio no es fácil de aguantar en la distancia, porque además, tiene mucho, muchísimo, peligro”.

Lleva razón el campeón, porque es verdad. Las curvas, las devora que da miedo, produce el escalofrío, verlo, con su mono de neopreno y sus rodilleras de piel de canguro, o de cocodrilo, ver cómo santas las chispas al rozar el asfalto.

Hubo un tiempo en el que dijeron que Marc, se había retratado con la novia del otro gran campeón el italiano Rossi solo para hacerle rabiar al feroz  competidor, ya que ella solo hablaba de Marc cuando estaban fuera del circuito. Hombre, claro, es natural. No creo que obedezca a un mandato del marketing. No. Por eso, el campeonísimo de 23 años, penta, o sea cinco veces campeón del mundo- España es tierra de muy buenos reyes de la curva- lo que quiere es estar en  lo que es su carrera, nunca mejor dicho. Incluso a veces se ha dicho que “no le importan demasiado las mujeres”, a lo que él cuando le preguntan por eso, asegura enseñando su famosa dentadura que a pesar de su trabajo tiene todos sus dientes: “no me importa, que digan lo que quieran. Yo voy a lo mío…”

Lo suyo, que es la motocicleta, por otro lado es femenina, y a veces, por no decir siempre, yegua de acero, sangre de queroseno, única.

– Además, la verdad es que me gustan todas las motos, desde que era un niño.

Imagínense, que ya hay hasta cien clases de camisetas con su nombre y a veces con su rostro, casi infantil, eso sí, ganando. No tiene donde poner tantas copas en su casa mediterránea. Es un  ídolo ganando ahí, jugándose la vida. Retrata de forma estupenda, su madre está orgullosa de su hijo, como es lógico. Cervera le va a poner nombre a una plaza, según mis informaciones, si es que ya no la tiene. Su segundo apellido es difícil de pronunciar: Alentà con acento en la última A.

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Él parece superficial, pero no se equivoquen, es hondo como su Honda. Cuando se viste de guerrero con su casco alucinante parece un marciano de paso, tapizado de ricos colores. A mí me gusta mucho cuando después de ganar se envuelve en la bandera de España. Y muy bueno cuando dice aquello de “no quiero que nadie sufra por mí. Mejor seguir como estoy”.

“Que nadie sufra por mí”, no, penta, porque somos muchos los que estamos siempre pendientes de ti, muchacho y te lo juegas todo, siempre.

Menos mal que, aunque invisible, llevas en el asiento de atrás, sentada contigo, esa dama bella, y misteriosa que se llama “suerte”.

Y gracias por tus éxitos, que siempre los necesitamos, querido niño, adorable criatura, solidario y solitario. Gracias, que no disfrutamos tanto, aunque España es tierra de campeones, desde aquellos días lejanísimos con Ángel Nieto, trece veces campeón  del mundo, mi viejo amigo, ahora ya con el casco blanco, al que quisimos tanto.

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