Contando bajo la lluvia

Porque, ¿recuerdan ustedes aquella inolvidable película Cantando bajo la lluvia? ¿A que sí? Aquel formidable bailarín y actor, o actor y bailarín, llamado Gene Kelli, que danzaba magistralmente bajo un paraguas, creo, mientras del cielo caían en aquella calle de Nueva York, creo, chuzos de punta, como se dice cuando llueve mucho.

Pues, por eso, en lugar de cantando -porque también cantaba-, hoy  escribo yo mientras fuera cae mansamente el agua, ¿contando bajo la lluvia?

Lo hago porque como soy de secano, la verdad es que me gusta cuando llueve. Incluso fuertemente, porque ya saben lo que el refrán asegura.

– En España o llueve o diluvia.

lluvia2

Y es verdad. El agua que cae del cielo, y que además, es pan que del cielo cae. Es bueno, para limpiar el aire que está en tantas ocasiones sucio, para limpiar el alma incluso, porque esa tristeza barre los malos pensamientos, los sentimientos inocuos, porque es “cuando el cielo llora por algo será”, que tantas veces decimos.

Los paraguas de plástico de muchachas, de  nuestras princesas, el otro día en el desfile militar. El severo oscuro de su madre, la reina, que no quería que nadie se lo portara. Un dato a tener en cuenta. Igual que el rey, aguantando el chaparrón en todos los aspectos, como debe ser según ordena la disciplina militar y el rey es un buen soldado. El paraguas de la presidenta de Madrid, con los colores nacionales, solo le faltaba el escudo…

Golpea suavemente, moja tan solo, en mi ventana abierta a un jardín comunal que ya necesitaba del agua. Como ese parque que lleva mi nombre en Granada, y por el que a veces, asomo. Llueve sobre el olivar de mi pueblo que tanto lo necesita. Aquellas lluvias, cuando vienen, que yo he vivido, en la India. Las que despiertan las flores inmediatamente de los desiertos de Sudamérica. Casi se las escucha nacer, de tanta necesidad que tienen de venir al mundo. Cuatro gotas, cuando caen, y que son insuficientes. El verso aquel de  Blas de Otero cuando escribía: “España es un río de sangre seca en el fondo de un barranco”

Cuando llueve y la sangre se hace gota. Las canciones de la lluvia, a Carmen Laforet a la que a veces se le recuerda tanto, y que yo conocí y entrevisté personalmente tantas veces, que añoraba y escribía mejor si caía el agua al otro lado de los cristales de su casa, pero “sobre todo si sonaba”. ¡Ay la lluvia redentora, la lluvia a veces sembradora de la desgracia!

lluvia3

El dicho aquel de mi pueblo:

– Ya era hora de que San Pedro abriera los grifos.

A mí me gusta que suene. Tantas canciones con la lluvia dentro. Tantos versos, aquel dicho de Galicia cuando Gabriel García Márquez me contó:

– Me gusta Santiago de Compostela, pero si llueve mucho más.

Galicia sin lluvia es otra cosa. El agua que clama, el agua que da de mamar a la tierra, la Pachamama diosa del surco en la América de  Bolivia, conozco todas las lluvias, y por eso hoy las cuento…

¿Recuerdan aquella cinta que se llamaba Vinieron las lluvias?

Pues es verdad, duran seis meses en la India, a veces rompen los cauces. Las lluvias aquel día en la Gran Muralla China, cuando del cielo llueven pedazos de metal del gran cementerio que nosotros mismos hemos hecho. Llueve, dicen, en la luna minerales lejanos. El poeta Antonio Enrique escribe desde Guadix “cuando llueve en el altiplano, el alma se me humedece”. Hago mía también la frase. Los impermeables, aquel de la operación Quetzal que me regaló Cuadra Salcedo, cuando iba a ir con él a caminarnos los Andes. Era, es, amarillo, y lo conservo como una bandera. Aquel otro del cabo de las Tormentas, cruzando el Hornos, al fin del fin del mundo, que a ver si lo busco, siquiera para colgarle en mi escasa terraza cuando amenace, a veces es amenaza, la tormenta. Aquella novela de Ruiz Ayucar, que hablaba de la guardia civil, Mientras llueve en la frontera

Armando Manzanero, volando en primera clase , desde Perú, su tierra, hasta México, donde yo vivía entonces mientras escribía aquella canción, una copita de tequila cerca, mirando América debajo por la ventanilla.

– Y, ¿qué escribe, maestro?

Cae la nieve se llama… y es una canción  de amor. Verás, cae la nieve y esta noche no vendrá.

– También podía valerle, cae la lluvia… no siempre llueve donde vivimos.

– Es distinto. Ya se escribió aquel libro memorable de tu paisano, El dios de la lluvia llora sobre México

lluvia1

Cierto. Hay un dios de la lluvia, no sé si es, creo que sí, a ver si lo pronuncio bien, Quetzalcoalt, y tengo una miniatura de su personalidad en barro rojo, aquí cerca entre mis botellas con barcos, incluso de vela dentro, y mis dioses del Amazonas, aquel día, eran otros tiempos, en los que viajé con la princesa Cristina, por el gran río americano que los astronautas ven desde el cielo, como una gran vena, en la inmensa pared del planeta llamado Tierra, cuando debía -no hay más que mirar el mapa- que llamarse Agua…

¡Sí¡ Llueve sobre el gran río, que parece que va a romper las riberas. Y lo hace a veces. A veces un  ronco tambor, Juego de truenos sería… quizá un relámpago, un ángel que pasa…

Ha dejado de llover. Dejo entonces de contar. Sé que mañana será otro día. Hace muchos años, aquel Mariano Medina, que fue el hombre del tiempo, el primero en la historia de la tele, cuando avisaba sol, comentaba en el camerino mientras se maquillaba la mano que era lo único que a veces se le veía:

– Mañana habrá huevos fritos… en cuanto hoy decimos mal tiempo, pero es el mejor tiempo que hay en este país tan seco que es el nuestro. Me gusta pintar nubes, porque es bueno para el campo… y España, si miras bien, es eso, aunque sea península… me gusta pintar la lluvia.

Y a mí contarla. Cantarla. Debo echar una mirada a mi colección, que la tengo, de paraguas… aquel grande, azul de los pastores del pueblo de Ansó, con acento en la Ó de cuando escribí  Crónica del pirineo de Huesca…

Pesaba mucho pero servía también de garrote para el lobo, pero hace de eso mucho tiempo… ahora el lobo baja a los vertederos de las grandes ciudades, no hay ovejas en los prados de las cumbres… ¡ay si yo les contara de mis historias bajo la lluvia!

Igual un día, pero eso sí, con el impermeable, puesto de la memoria…

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer