Carreras vuelve a cantar

Vuelve, aunque nunca dejó de hacerlo. Prácticamente ya cantó en el vientre de su madre, aquella guapa peluquera catalana, esposa de aquel cabo de la guardia de su ciudad. José Carreras, demostró enseguida, gracias a su padre, que sabía mucho de música y que ya llevaba dentro eso que se llama el gen de la música.


Va a cumplir pronto, creo que setenta años, puesto que nació en diciembre del 1946. Tiene una voz prodigiosa, sin duda de las mejores de su género en el mundo. Siempre en mi memoria está aquel día que Monserrat Caballé, la grandísima, la catalana universal, me le descubrió una de las veces que la entrevistaba en su casa de campo, -sobre un paisaje de prados y de vacas de carne y leche-:
– No te olvides de un nombre que te voy a dar, se llama José Carreras, es paisano, y tiene una voz tenor formidable, de lo mejor que he escuchado en mi vida. Estoy deseando cantar con él, a ser posible en el Liceo.

Y así ocurrió, si bien fue años después, los suficientes como para que José Carreras, -menudo de talla, pero con una voz lírica única, un verdadero torrente de buena música, gigante-, se hiciera lo que hoy es, desde hace tiempo, uno de los nombres mas fabulosos en lo suyo. Porque además, canta todo, igual una romanza de zarzuela, que el protagonista de cualquier opera de Verdi, por dar solo un dato. Canta en todos los idiomas del mundo, incluido en chino, como si hubiera nacido en el lejano oriente, donde tanto saben de música.

José Carreras, sin embargo,  sigue siendo aún muy joven. Siempre con su rostro de niño enfermo y a punto estuvo de perder, además de la vida, la voz. Cáncer de sangre, por decirlo inmediatamente, y porque él lo dijo enseguida:

– Tengo que hacerme con urgencia un trasplante de médula si quiero seguir adelante. Espero que no tenga que interrumpir mi carrera.

Y así ha sido, porque después de que le hicieran la operación, en Estados Unidos, -donde por cierto, y como es lógico le adoran-, José Carreras tuvo  la necesidad de guardar un largo silencio, durante muchos meses, por prescripción facultativa. Sin embargo, cuando se puso de pie, nuestro tenor catalanísimo, en cuanto le dejaron, empezó a cantar. Fue un gran momento  para la historia de la música.

Mientras tanto, José, fue arreglando su vida sentimental. Primero con su matrimonio inicial del que tuvo, dos hijos. Después, hace muy poco  que contrajo matrimonio civil en Ginebra, con aquella azafata que conoció en un vuelo de Barcelona a no sé donde. Una hermosa criatura, llamada Kurta que había conocido quince años antes a bordo, en un vuelo con las líneas aéreas austriacas, y a la que volvió a llamar, después de un largo silencio. Aunque parece que más de una vez estuvieron unidos por un fuerte vinculo sentimental. Era natural la historia, porque aunque ella se casó antes del reencuentro con nuestro cantante, lo cierto es que el amor, en la memoria quedó, como en una opera de Verdi, dentro de los dos. Ella se separó de su esposo, con el que había tenido tres hijos, y hace poco, contaron a todo el mundo -aunque lo habían llevado muy en secreto-, lo de su boda civil en Suiza. Hoy, viven todos juntos en Barcelona, según mi última información.

Él se ha repuesto, pero lleva adelante la fundación que lleva su nombre, dedicada totalmente a la enfermedad que estuvo a punto de callar su voz para siempre. Está más pálido, la vida le ha dejado huella sin duda, pero mantiene su prodigiosa voz, inolvidable, mundial. ¿Cómo no vamos a recordar aquella extraordinaria canción de Unidos para siempre, cuando Barcelona, su tierra, fue Olímpica en el noventa y dos?

Debo contarles que este cuerpo mío, con su alma dentro, estaba allí en Ginebra el día que Samaranch, el “señor de los anillos olímpicos”, como yo le llamé en su día, abriendo el sobre dijo, emocionado pero con un fuerte acento catalán:

– Bar… sa—lo… na.

Y así fue. Cantó para todo el mundo con Pavarotti, (el enorme del pañuelo de seda en la garganta), y nuestro también Plácido Domingo. Ciertamente inolvidable. Lo cantaron los tres por todo el planeta. José como siempre, inmortal. Hizo alguna película, cantó canciones de todo tipo, y luego inició lo que se llama un “largo silencio”- años sin cantar, a no ser bajo el agua de la ducha-.

Ahora se ha sabido, ayer mismo, que José Carreras vuelve a cantar en público e inicia una gira por todo el planeta, para terminar, dice que haciendo punto final, en Barcelona, que es su pueblo. Últimamente, ha confesado que desde niño se siente “rabiosamente independiente”. Tiene la medalla de oro de Cataluña merecida y el premio Príncipe de Asturias de las Artes, un reconocimiento del que José se ha hecho acreedor.

José Carreras presenta la que será su última gira

Mientras tanto, continúa luchando por su fundación contra los niños con leucemia y se siente feliz, por fin, en su nuevo matrimonio. Al fin y al cabo en Austria está la capital mundial de la gran música, sin género de dudas. Me dicen también que está escribiendo poco a poco, con la ciencia de la paciencia, el libro de su vida. Pienso que es un romance entre el amor y el dolor, que al fin y al cabo son dos sentimientos que tienen la misma raíz. Me despido de él, en su lengua matriz:

Adeu Pep. Tuyo, Tico Medina.

Gracias por volver, te estábamos esperando, siquiera por darte las gracias de como cantas. Te tengo en disco, sólo o con quien sea, la canción Granada, que aunque es género menor, es el himno de mi “país de origen”.

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