Yo también pido el Nobel de la Paz para la reina, Sofía

El título es largo, ya lo sé, pero obedece a un principio periodístico sin duda: contarlo todo en el enunciado. Por si el lector va de prisa y no quiere perder el tiempo leyéndolo todo desde el principio hasta el final. Cosa que es verdad, sobre todo en el tiempo de la prisa que vivimos hasta en este tipo de confidenciales, que es lo que hacemos en el blog nuestro de cada día.

Pero es que además en este caso, la noticia ya está dando la vuelta al mundo. Dice así: “La Reina de España, doña Sofía, propuesta para el Premio Nobel de la Paz”.

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Como habrán comprobado ustedes, hay una coma que separa en mi titular de hoy, en nuestro titular de hoy, porque yo comparto todo con ustedes incluso las caídas. Y lo hago a caso hecho, para asegurar que el pueblo español sigue llamando Reina, incluso ‘su Reina’, a doña Sofía, aunque hoy por ley constitucional la Reina de España sea doña Letizia, que acaba de regresar acompañando a su marido el Rey Felipe VI a un viaje oficial a la ONU de Nueva York, donde, por cierto, acaba de demostrar a las claras que es el mejor embajador de España en el mundo, y eso que España tiene desde siempre el marchamo de unos de los mejores embajadores en el planeta Tierra; son de los buenos los mejores.

O sea, que ayer mismo como quien dice, este fin de semana, la Reina emérita, por una sola vez la llamaré así porque lo emérito es lo pasado y ella demuestra cada día a cada hora, a veces con su presencia, a ratos con su ausencia, o sea también desde el silencio, que está instalada desde siempre en el corazón de los españoles, todos, aun en los más delicados momento de su vida tanto constitucional como privada.

Dicho lo cual, comunico a quienes tienen la paciencia de leerme en esta casa, pobrecitos míos, que la Reina doña Sofía, esposa del Rey Juan Carlos, que este fin de semana está en Cartagena de Indias, que es una de las ciudades más hermosas de la Tierra, pero no solo para disfrutarla sino como invitado especial, representando a nuestro pueblo en lo que es la reunión de paz del hermoso país sudamericano, con la guerrilla, que ha dejado miles, cientos de miles, de muertos de ambos lados a lo largo de una guerra que dura ya más de medio siglo.

Bueno, pues ya están pidiendo ese premio, merecidamente, para nuestra Reina Sofía, no sé cuántas ilustres personalidades e instituciones. Vale. Pues aquí añadimos nuestro ruego también, pero en este caso como la inmensa clase formidable al que a veces, casi siempre, no le dan sitio en estas grandes opciones. Pues por nuestra parte, en nuestra modestísima esquina mediática, si bien ¡HOLA! es un referente mundial en todos los aspectos, pedimos para nuestra Reina solitaria ese Premio Nobel de la Paz que tanto merece.

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Dignificaría al propio galardón el nombre de nuestra Reina sin género de dudas. Yo la he acompañado como enviado especial a tantos lugares de la Tierra, a los cuatro continentes en los que siempre ha dejado una estela de reconocimiento y solidaridad. A parte de los viajes aquellos dedicados solamente de su Casa a servir a los demás, los documentos son incontables. Y maravillosos. No quiero ahora recordar, porque sería imposible, tantos lugares donde su sola presencia sirvió para demostrar su propia manera de ser y su forma de estar cerca de los más desvalidos y pobres del mundo.

Sí que recuerdo ahora mismo aquel encuentro con ella de Quadra Salcedo y servidor en Cartagena de Indias, precisamente donde hoy está presente en una firma de gran calado de paz nuestro Rey, no me sale llamarle emérito pero no tengo más remedio, que el protocolo me lo exige, que llamarle de esa forma. Vale. Fue allí aquel día en que visitando un colegio de niños cartageneros nos hicieron aquella foto en la que tanto Miguel como yo llevamos, nadie sabe por qué, un guacamayo cada uno en el hombro sudado. La Reina se ríe de buena gana de vernos. Y África, y la India lejana, con sus pequeños créditos que funcionan tan bien, y la América profunda…

Y la España donde siempre arma el lío donde llega. Quiero decir, la gente la espera, la quiere, la intenta abrazar. Se pasa el día, ahora contra su propia voluntad, haciéndose selfies con todos los que quieren, nació hija de reyes y es madre de reyes también. Ejemplo, ayer mismo, en la Gran Vía de Madrid, donde asistió a una sesión de cine benéfico. Lleva como nadie su papel de presidenta, o algo así, en la lucha contra el Alzheimer, tan de actualidad en el tiempo que vivimos, como contra múltiples acciones, contra lo que destruye al ser humano.

Hace unos meses tuve la suerte de concederle el premio que lleva mi nombre en el programa Aquí y Ahora, el millonario programa de la televisión andaluza, el más visto desde hace casi siete años; un premio homenaje a la persona mayor que más lo hubiera merecido. Ella fue la ganadora. Lástima que, por eso que se llama agenda, la Reina doña Sofía no pudo acudir personalmente pero me mandó una carta por ella misma escrita y firmada en la que nos daba las gracias, y a mí en particular me recordaba de los buenos tiempos vividos a lo largo de tantos años de servicio a España. A España y al ser humano, majestad, que es algo que no digo con frecuencia. He podido comprobarlo directamente muchas veces y en situaciones bien difíciles. Nunca dejó de ser eso, una Reina, sí, pero una Reina humana y cercana.

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Así que ya lo sabe, señora. Que le den el Premio Nobel de la Paz, que se lo merece, y que es una forma de enseñar al mundo entero que la fundación que lo otorga es justa y agradecida.

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