Teresa Perales, la mejor entre las mejores

Y es que Teresa Perales, aragonesa pura y dura, maña verdadera, ha sido en efecto la mejor entre las buenas y mejores de los Juegos Olímpicos. Desde su silla de ruedas, en la que lleva muchos años, desde aquellos días amargos en que se dio cuenta de que su cuerpo de cintura para abajo no podía moverse, hasta hoy, que ha vuelto con exceso de equipaje por el peso de las medallas conseguidas en los Juegos Olímpicos de Río, donde ha sido una de las grandes y no solo bajo la bandera de España, su país, sino también porque realmente ha sido la gran triunfadora, entre otras de su esfuerzo, nadando todo lo que le han hecho nadar. Pero sobre todo, y ella misma lo ha dicho abriendo su espléndida sonrisa, porque su hijo Nano va ver que ha regresado a casa “mamá” con acento en la segunda a de la hermosa palabra, tal vez una de las más bellas de los diccionarios de todo el planeta.

Teresa Perales, a la que sin conocer todavía personalmente, de lo que no pierdo la esperanza, ya seguía desde hace tiempo. Siempre que saltaba a la efímera gloria de la comunicación, que a veces se apaga de un día para otro, su nombre, su raíz, su raza, claro que sí, porque es aragonesa y ahí la palabra raza tiene fuerza, siempre era para dar una buena nueva. O se nos casaba ya en su silla de ruedas con el buen periodista aragonés Mariano Menor -Aragón es una tierra que da buenos, muy buenos profesionales-, aunque a la boda haciendo un enorme esfuerzo para sorprender a todos, lo hizo apoyada en sus muletas y no en la silla, aunque la silla sea su trono de combate y su bandera de éxito, además de su sonrisa.

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Lo cierto es que tiene un aguante especial, es una de las mejores nadadoras del mundo en su especialidad, tanto es así que se la compara ni más ni menos que con el tiburón espectacular, campeón de todos los tiempos Michael Phelps, campeón de campeones en la escuadra olímpica de todos los tiempos. Bueno, pues ella más en su especialidad. De ahí que si ha de ser la versión femenina del tiburón olímpico, se la llama y con gracia, la sirena de la piscina de los cinco aros, y es verdad. Porque ya saben que las sirenas, de ombligo abajo manatí y de cintura arriba Brigitte Bardot.

En este caso, Teresa, que los próximos que cumplirá son cuarenta y uno en diciembre próximo, que es morena, de mirada espectacular, es un ejemplo. Es capaz además de hacer cine, que lo ha hecho, de ser diputada en el congreso aragonés por decisión de su pueblo, y además, y esto es lo más importante, madre de un hijo al que adora y que la única medalla que quiere, además de que se lo ha prometido su madre, “es su vuelta a casa”.

Bueno, a lo que voy, que lo más importante es que ha escrito hasta ahora, y lo que le queda, tres libros, tres, porque es muy buena escritora. Uno de ellos, “Mi vida sobre ruedas”, que les recomiendo con insistencia. Además es paracaidista, tiene el título y por lo pronto no hay nada que se le antoje que no consiga inmediatamente a pesar de todo, y es maestra, y por tener tiene además de una muy buena amiga india con la que se comunica con frecuencia, porque ella quiso ser misionera antes de lo que le ocurrió, cuando se le paralizó el cuerpo, nacido para luchar, nacido para triunfar también, y por tener insisto, tiene hasta una vaca que da leche en la lejanísima India, que apadrinó en su día para alimentar a los niños necesitados de aquel país que es todo un planeta, y se lo dice quien bien lo conoce.

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No sé si les he escrito más arriba que se casó en la Basílica del Pilar, como Dios manda y también la tradición de su pueblo, que es también un planeta distinto dentro de España. Es política, ya les he dicho, del PAR, o sea del Partido Regionalista Aragonés, y ajustando mi memoria tan osada, la recuerdo, sí, claro que sí, llevando la bandera olímpica de los “para” en la olimpiada de Londres del 2000, que ya estaba ella allí, porque desde hace muchos años no hay Juegos de los suyos, que también son “Juego de Tronos”, en los que ella esté ausente.

Y hay otro libro suyo que dice mucho de su vida, de su obra, de su ejemplo: “La fuerza de un sueño”. Porque ella ha convertido su sueño en realidad, no por ella sola, sino por los demás, que deben luchar como ella, en la otra olimpiada de lo cotidiano. Eso sí, como ella misma dice, “más que con la compasión de los demás, por la pasión que hay que poner en lo que se hace cada día y a cada hora”.

Así que enhorabuena, que igual que hay una Teresa de Calcuta y hay una Teresa de Ávila, este año celebramos que también hay una Teresa de Aragón. Que eres tú. Sí, tú, con acento en la u. Gracias por tu esfuerzo y también por su sonrisa que alegra el alma. Hasta la próxima en Tokio, que volverás a ganar, Teresa nuestra.

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