Paz Padilla en guerra

Pero no solo ahora, sino siempre, desde la que le parió su madre, hace cuarenta y siete años en Cádiz. La verdad, leyendo su biografía, es que esta mujer, alta, flaca, por fin, aunque Kiko diga que le sobran unos kilos, lo cierto es que no ha hecho otra cosa que eso, pelear por la vida, por la propia supervivencia.

No le ha sido fácil a esta dama de casi uno noventa de estatura, que la televisión engorda y se lo digo por propia experiencia, que ahora se ha convertido, por su propia lucha y los resultados de la audiencia, aunque ahora está en un momento difícil y ella lo sabe, en uno de los personajes, de las mujeres, más populares de España entera. Y no lo digo yo, sino que lo grita la audiencia, que es el gran juez de estas cosas de la televisión, que lo sé de buena tinta, me van a contar a mí.

Bueno pues esta chica, que ha ido mejorando sin duda, porque la televisión no es una cosa que te nace sino que se hace, esta Paz, ha tenido una infancia tremenda, de las de muchas familias que vivieron y sobrevivieron en la época del hambre del sur de España, que yo he vivido en mis propias carnes, por eso este personaje con su gracia espontanea, a ratos fuera de texto, aunque esté sometida a dos disciplinas.

Las del guion, que lo hay, además de las reuniones duras, fuertes y eficaces de la mañana, de uno de los programas mejor hechos de la historia de la televisión, que gracias a él nos salva las tardes de la política y tanto lo agradecen las amas de casa; y la segunda, es la del pinganillo que lleva en la oreja, a través de la que le dan las órdenes del director, al que se le ve tan cerca por primera vez, aunque la cúpula esté vigilante arriba.

A lo que voy, a pesar de todo Paz Padilla pelea fuera y dentro del plató, con acento en la o, donde se deja la vida que le queda, cada día, minuto a minuto, escuchando, a veces saliéndose del tiesto, que es lo que a mí me gusta más, y sobre todo en ese momento glorioso y difícil en el que baja por las escaleras como una diosa del Olimpo mediático, en lo que cada día mejora, que no es fácil, porque en estos días ya la gente se abalanza a ella, deseando besarla y, sobre todo, si no hay más que eso, tocarla, como quien lo hace con los grandes de la gloria efímera de la televisión.

Es lista, la que ha aprendido y mucho con la gente, comunica que da gloria y parece ser que con los compañeros de oficio se lleva regularmente, no se puede decir qué bien cruza las piernas sin ser la de la película, Sharon Stone, divinamente, y además, es espontánea, no se calla lo que lleva dentro, que es toda una vida, y ha hecho de su oficio casi una religión, porque esa mujer que vemos todas las tardes, ya se ha “machacado” por la mañana en el gimnasio propio que tiene en su casa, que del jardín ya se ocupan otros, y ha boxeado incluso, deporte en el que es una verdadera maestra.

Tampoco ha dejado de pelear en su vida toda. Nació entre las cajas del teatro como quien dice, porque su padre “un hombre trabajador y formidable”, era tramoyista ni más ni menos que del teatro Falla de Cádiz. Paz sabe lo que es pasarlas mal, y a veces lo cuenta en alguno de sus libros, o en alguna de las entrevistas en profundidad a la que ha sido sometida. Parece una mujer frívola, quizá, pero no lo es, mantiene las distancias, no se la ve por ahí de la ceca a la meza, si acaso, cuando se baña con su compañero de ahora, o con su niña que ya está en edad de merecer, y que guarda con la fiereza de un tigre de bengala.

– Dice usted, que de niña a veces solo comía pan con mantequilla, pues no está mal…

– De mantequilla nada, guapa, nada de nada, pan duro con manteca colorá -con acento en la a- que no es lo mismo.

Ole.

Canta bien, ha hecho todo tipo de cine, digo bueno y malo, y quiere a su madre con todas sus fuerzas, y es más, además, cuando aparece en alguna serie de televisión, como ahora en esa de la cinco también, ya saben, sube la audiencia. Gusta. Es la guapa más fea del ambiente, o de otra forma, la fea más guapa de la que se tiene noticia. Las dos reflexiones son por mi cuenta. A mí me gusta porque de pronto entra en mi casa el aire de Andalucía, de Cádiz, una de las tierras con más gracia del mundo.

Yo la recuerdo de cuando empezó contando chistes en la tele del sur hace no sé cuántos años, y hoy por hoy, su espontaneidad se ha convertido en una necesidad, o sea, hacer lo que te sale, como un sarpullido o un grito de protesta. Me dicen que no se lleva bien con Carolina, que es tan sabia y de tan fuerte personalidad, lo que aún me la hace más grande. Ella sigue a lo suyo, partiéndose ante el público porque sabe que a lo mejor mete la pata, esa larga pierna, que a ella le hace incluso algunos días estar verdaderamente espectacular. Es muy andaluza, y dicen que ha trabajado para algún partido político en la escena, en directo. ¿Bueno, y qué pasa? Parece que tiene problemas de imagen con su pareja de hoy, pero quién no tiene un lunar en la barriga.

Yo la felicito en su cuarenta y siete cumpleaños que no sé si es pasado mañana o al otro, pero les digo, que por donde pase ella pasa un aire divertido, profesional siempre, brillante. Sé que no gusta a muchas mujeres que la ven, pero me da lo mismo. No es bueno gustarle a todo el mundo. De su hija, que es muy linda, ha confesado:

– Y además es muy inteligente, como todos los hijos de padres separados.

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Analiza bien, sale de los malos momentos, frecuentes, como puede, a veces con soberbia, a ratos con eso que se llama la humildad del líder. Su perro, blanco, de pelo largo, se llama Chucha, y la acompaña mucho. Rara vez se la ve en una fiesta y eso es importante porque a Paz se la ve a un kilómetro, sobresale. A veces dicen de ella “la larga”, sería una buena jugadora de baloncesto. Sus libros, o sea los por ella escritos y publicados por dos grandes editoriales, se llaman Ustedes preguntarán que cómo he llegado hasta aquí; y otro con un titulazo: Quién te ha visto y quién te ve.

Brillante, desde que la vi por primera vez, en el concurso Saque bola del sur. Cádiz siempre ha dado gente especial, espacial a veces, como Camarón, o como Falla por dar dos nombres tan solo.

Fue reina de un concurso que se llamó ¡Hola hola hola! lo cual le agradezco, vivamente. Se reinventa cada día aún siendo la misma, y se emociona cuando así lo siente aunque no esté escrito en el guion nuestro de cada día, despierta odios y amores al mismo tiempo. Eso es bueno, niña. En mi caso, cariño y admiración, por tu pasado, tu presente y tu futuro en el que creo, pero que seguirás siendo una guerrera pase lo que pase, sobre todo en el difícil terreno en que te mueves, y sobresales, en lo físico y en lo de dentro. Donde es tan gigante como en su estatura.

Felicidades, guapa, en tu 47 cumpleaños. Por si me necesitas, aunque no te lo haya dicho nunca personalmente, ya sabes donde me tienes. Uno de tu tierra, de la bahía, me dijo en el AVE el otro día, era un español habitual, más bien pequeñito:

– Me gusta mucho, muchísimo, tiene gracia de verdad, pero ya te digo, para darle un beso hay que hacer noche en el ombligo…

¡Ole, Cádiz!

  • Hola Tico soy periodista, no como tu. Ojala, pero he vivido mis 40 años en prensa, radio y television. Un dia tome cafe xontigo en una cafeteria de Cadiz junto a Aurelio de la Viesca. Despues hemos coincidido en Canal Sur. Que bonito lo que le dices a la larga. Padilla eres tan linda como dice Tico. Besos

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