Paloma Gómez Borrero, “toda una vida” haciéndolo bien

Que es una manera de decir “haciendo el bien”, que es lo mismo si es que se hace bien lo que se hace. En escasas ocasiones tendrá este cronista de la cotidianidad y la memoria que explicar quién es esta dama madrileña, que acaba de cumplir años, los mismos que yo, que como ya lo saben porque se lo descubro casi todos los días, no es necesario hacer cuentas.

Más de dieciocho y menos de cien. Eso sí, se sabe que nació en agosto del treinta y cuatro y que ya nació sabiendo. Porque muy pronto, Paloma Gómez Borrero, por delante el premio, acaba de ser premiada con el Toda una vida de la Academia de la Televisión, a la que pertenezco, y dentro de los premios Iris, que todos los años otorga mi Academia, en la que estoy dicho sea de paso en un digno lugar, ya que soy de los padres de la tele, que no hay más que repasar, tampoco es eso, mi vida.

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El premio Toda una vida, al que los profesionales llaman, llamamos, el premio Bolero porque título de bolero tiene, se otorga a aquellos profesionales del medio televisión que a lo largo de los años se han dejado la piel en esto. Desde, por ejemplo, en su día Jesús Hermida, hasta Miguel de la Quadra-Salcedo, por dar dos nombres tan solo de una larga lista de leyendas del medio. No están todos los que son, pero sí son todos los que están. Más aún, el premio a Paloma no hay que discutirlo, es indiscutible. Y la prueba está en que todos los días Paloma está en ese espléndido programa que día a día hace nuestra maestra particular, que es Inés, y a la que siempre le debo la sonrisa y la maestría de su presencia.

Más les cuento, es en La 1 y antes de mediodía, una tertulia popularísima en la que la Ballester hace de moderadora y en la que se habla de casi todo, abiertamente y con naturalidad. Enhorabuena.

Pues ahí sigue, doña Paloma Gómez Borrero, que sabe del Vaticano más que los Papas, los que se fueron y los que vienen, que de todos sabe y de los cuales seguro que ha escrito un libro, y un buen libro, con el lenguaje propio de su tiempo y, además, con la sabiduría de quien tiene acceso a la historia de las bibliotecas de la Plaza de Roma. Pero es que además sabe de cocina cantidad y sobre todo de la cocina italiana de las pastas, ya que está casada desde hace muchos años, y por la Iglesia, con una gran persona, piloto de línea aérea, que además es el padre de los tres hijos de nuestra Paloma.

Debo decir, inmediatamente, antes de que se me olvide, que siempre que tuve que retransmitir en directo alguna de las fumatas blancas, o noticias de un nuevo Papa, como saben, siempre me acordé de Paloma, con la que coincido muchas veces, tanto en un aeropuerto como en una sala de maquillaje, donde vamos a contar nuestras historias o incluso como es su caso, a comentarlas.

Recuerdo que una vez voló una paloma cuando el Papa polaco estaba en la ventana de su casa, que se posó en el hombro del sumo pontífice. Y este servidor fue iluminado por el Espíritu Santo, claro, porque soy creyente, y fue y dije para toda España “es natural el milagro, se trata de una paloma fiel, es Paloma Gómez Borrero”. Y me quedé tan pancho.

Como en otra ocasión repetí el destello, no había aún fumata blanca en la chimenea vaticana y, además, había incertidumbre. Hasta que de pronto apareció volando una paloma -hay muchas en la plaza de Roma, frecuentemente, lo que ocurre es que esos días, como están llenas de devotos, las palomas buscan sitio en el cielo, nunca mejor dicho-. Y en ese momento, desde Canal Sur, que es mi canal, aventuré… “es lógico. Ha llegado para informar Paloma Gómez Borrero“. Y es que Paloma además, está siempre donde hay que estar, opinando o contando lo que en ese momento se vive.

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Luego conoce todos los secretos, que son muchos, del Santo Lugar y, por si fuera poco, escribe libros, que no tiene que conferenciar porque los vende todos. De ahí que me atreva a ofrecerles la lectura de cualquiera de ellos, además de los de la pasta, que ella frecuenta sobre todo en su casa de Roma, aunque ahora no sea ya lo que durante tantos años fue, y es corresponsal en Roma de la difícil tarea de contar lo que pasa en el corazón de la Iglesia Católica, que igual que tiene sus luces, tiene sus sombras.

Hubo un tiempo en que algún Papa, al subir al avión de las llaves y la tiara de la bandera amarilla y blanca, -la periodista ha hecho más de 150 viajes por todo el mundo acompañando al sucesor de Pedro-, preguntaba antes de entrar en la sala donde siempre esperan los enviados especiales, yo sé de buena tinta: “¿Saben ustedes si viene Paloma?” Mi palabra de honor que es cierto. Bueno, pues ese sí que es un pedazo de libro de memorias. Lo estará escribiendo envuelta siempre en sus coloristas pañuelos de colores, ágil respondiendo, y brava opinando.

Es una buena abuela, dado el que se casó, por la Iglesia insisto, claro muy joven, y pienso que ahora está escribiendo un nuevo libro, que venderá como todos, rápidamente. Sigue dando conferencias, es pregonera de casi todas las fiestas de esta España nuestra, y tiene la medalla, merecida, entre otras distinciones, de Isabel la Católica. Creo que tiene el teléfono privado del Papa, el que lleva en su amplio bolsillo el santo padre Francisco, papapaco, y sé de buena ley que ha hecho los cursos, y no por correo, del arte y la ciencia, a veces oculta, de la quiromancia. Por eso, digo yo que, además, Paloma, nuestra Paloma, siempre, aparte de la san Basilio, claro, es mágica.

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