Brangelina, la pareja rota

Es, sin duda, la noticia digamos rosa, aunque es un decir porque hay historias de amor que son negras como el luto griego y grises, y hasta rojas color de sangre. Porque el amor es diverso, múltiple, para todos los gustos y los disgustos. Se trata, aunque ustedes dan por traducido el único nombre del titular, del divorcio ya confirmado de dos grandes de la historia del cine, también de la vida de nuestro tiempo, que han sido ejemplos en alguna cosa, por ejemplo en la solidaridad, y en otras pues no tanto. Me faltaría sitio en el blog de hoy para anuncias sus fracasos. Porque a veces ya lo dice el refrán, “mi importancia está en línea directa no solo con la calidad de mis éxitos, sino también en la cantidad de mis fracasos”.

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Por eso, no tengo que decirles sin que ya lo sepan, que Brad Pitt y Algelina Jolie, se pronuncia “yolí” con acento en la i, han confirmado cada uno por su parte, no juntos, que eso se acabó, que su ruptura está en marcha. Hasta la abogada matrimonialista más brillante de Norteamérica acaba de confirmar que Angelina ha pedido, sin rodeos, el divorcio de su marido, el actor Brad Pitt, después de doce años de vida en común, siempre tan cerca, aunque a veces también tan lejos por razones profesionales, y dos años de vida matrimonial, ya que se casaron hace dos años o algo más en aquella boda monumental de la que HELLO! adquirió la exclusiva y fue portada en nuestra casa.

Dicho lo cual, les diré que a mí personalmente me gusta más Angelina, y les contare por qué. Además de por bella, que es una de las damas más bonitas del mundo, por solidaria, que ya he dicho más arriba, buena prueba es que tienen seis hijos, de ellos tres adoptados y que ha exigido que sean para ella. Es una de sus más duras proposiciones para llevar adelante el divorcio, ya que él, Brad, el bello Brad, también desea lo mismo y así lo ha hecho saber a su equipo de abogados según se ha sabido. A parte, están por lo que veo, por lo que leo, cuatrocientos millones de dólares en juego que hay que repartir, gran parte de ello invertido en sus monumentales casas de Nueva Orleans, el castillo de Francia, etc. etc., porque, la verdad sea dicha, por cada película que hacían juntos, que algunas hicieron, se compraban una casa donde la hicieron. Y un casoplón formidable. Las fotos de sus mansiones están siendo estos días multiplicadas en los medios con generosidad. Eso por un lado, en lo que a lo material de refiere.

En los temas más profundos, la verdad es que de un lado Angelina, que es la que más me gusta a mí, es una mujer valiente, decidida, directa y capaz de hacer realidad un mensaje solidario, como es la lucha contra el cáncer de mama, ya que entre otras cosas se ha hecho la histerectomía y lo ha contado, por miedo, al cáncer que se llevo a personas muy cercanas, entre otras a su madre. No dejó de sonreír después la hermosa Angelina, hija de un viejo actor de Hollywood, y eso sí protagonista de una amplia historia de amor hasta llegar a los brazos de Brad, hace once años, cuando rodaron juntos la película aquella de Señor y Señora Smith de grato recuerdo.

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Angelina además es embajadora de la Unesco en el mundo en temas como los de los refugiados o el de los países en conflicto. Lo ha hecho y a veces incluso jugándose la piel, la hermosa piel, en la que entre otros tatuajes hay uno, en la parte más alta de una de sus piernas, que no se ha quitado de encima, y que guarda un mensaje de amor, imborrable, de uno de sus dos matrimonios anteriores, aquel que siempre la tuvo al borde del abismo.

Ha sido sin embargo Angelina, y es lo que digo, muy combativa en cuanto se refiere a la igualdad de los derechos de la mujer en el mundo entero y ha viajado a países en conflicto vestida de mujer soldado, de dama con traje de camuflaje, para entrevistarse con personajes que tenían llave en el candado siempre cerrado de los problemas que atañen al mundo. Tiene además un precioso, y preciso, hoyo en la barbilla que ha hecho escribir a un buen cronista de Hollywood. Es ese lugar en el que uno quisiera dormir, siquiera una noche.

No hay más que mirar las fotografías. Pero ya no la disfrutará el guapo Pitt, que parece ser que se acaba de acercar más de la cuenta a otra bella mujer, francesa actriz, con la que ha rodado hace poco una película que ya nace con la publicidad hecha, Marion Cotillard, también bonita. El actor es un coleccionista indiscutible de bellezas a lo largo de su vida, y además han trabajado juntos en España en gran parte, y sobre todo en las Canarias, Fuerteventura, de la que en su día escribí el libro El Galeón de Arena, y donde viví mucho tiempo hace muchos años también.

Es curioso el reseñar que cuando se habló de que Brad se había comprado una hermosa casa en la larga costa de la isla con forma de ballena, yo pensé que más que nada se la habrían alquilado para un tiempo de rodaje. Ahí nació esa historia de trabajo-corazón, que ha dado al traste con la historia de amor siempre en el cabo de las tormentas de los dos monstruos del cine mundial.

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Bien es verdad que, por lo que cuentan, Angelina ya estaba hasta el moño, la trenza, o la coleta, del proceder de su marido, sobre todo cuando no estaban juntos. Puede ser también que fieles a la letra de la copla de Rocío “se nos gastó el amor de tanto usarlo”, se haya hartado, la diva digo, de la temblorosa fidelidad de su marido. Dicen que ya no aguantaba más, no solo su conducta, sino además las noticias que le llegaban de que bebía mucho y fumaba más marihuana de la cuenta. Todo junto, y las largas ausencias, han hecho que esta leyenda de dos supervivientes de sus propias galernas se rompiera. Nos viene un tiempo de historias negras por parte de los que desde fuera, mueven en la oscuridad de sus redes sociales. Bien que lo siento porque no es que fuera eso que se dice una pareja ejemplar, por dentro sí que lo eran, no hay más que verlos por fuera. ¡Qué le vamos a hacer! Brad, ahora rubio y con larga melena, acaba de decir en una revista con rostro triste, como fuertemente golpeado, que se siente “verdaderamente apenado, sobre todo por el bien de sus hijos”, a los que adora.

Y punto final. Queda aún mucha tela que cortar. Es una pena, que Angelina, que tiene nombre de ángel, no venga por ahora a España. Hay muchos castillos en venta en nuestra tierra, señora, perdón, señorita, y tiene usted además en este país nuestro mucho que disfrutar. Es la única manera de que pueda disfrutar del sueño de tenerla cerca. Y así conoceré el secreto de su hoyito en la cara. Sé que contiene un auténtico tesoro escondido. Quizá yo tenga su mapa. No se olvide que soy un viejo pirata, coleccionista de leyendas.

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