Ana Diosdado, después de tantos años

Se nos murió hace tiempo Ana Diosdado, aquella mujer, aquella dama, humilde y brillante a la vez, a la que yo además conocí en muy distintas ocasiones de su vida. Primero, al poco de llegar a España desde Argentina donde había nacido, hija de aquel actor al que yo traté mucho tiempo, Enrique Diosdado; verdadera gloria de la escena. Recuerdo que el primer día que la conocí, la entrevisté en Madrid, era casi una niña, me dijo: – Como tu eres granadino… -y ejerzo de granadino, además, no te olvides, Ana— pues te diré que mi madrina fue Margarita Xirgú… – “ni más ni menos… eso obliga a mucho…” – “por eso te lo digo, fue una gran amiga de tu poeta Federico García Lorca“.

Y así se publicó aquella entrevista lejana, que no sé dónde estará. ¡Ay, si yo hubiera guardado todo lo que hice, lo bueno y lo malo incluso! Esa fue la primera vez. La segunda fue cuando se hizo actriz, que lo llevaba en la masa de la sangre. No tuvo que esforzarse mucho. Era el teatro en toda su dimensión.

Así que fue todo en la escena. Actriz, dramaturga, que escribía muy bien y que comunicaba con el público inmediatamente, hizo series de televisión, como protagonista incluso, aquella de la Mujer Juez, Ana Diosdado, a la que incluso hice la crónica de su boda, se casó dos veces con Carlos Larrañaga, mi viejo amigo, al que tantas veces entrevisté y en tan distintas ocasiones. Se enamoraron, luego de trabajar juntos, y por fin se casaron una vez y otra vez en Toledo, que bien lo recuerdo. Aquella Anillos de Oro, por ejemplo, para el recuerdo… Se quisieron mucho y bien Carlos y Ana. Nadie creía que “aquello” iba a durar, lo que duró veinte años, hasta que se nos fue la Diosdado.

La entrevisté también cuando fue presidenta, y buena, de la Sociedad General de Autores, a la que de vez en cuando yo acudía cuando tenía algunas monedas que cobrar, siempre pocas, como autor de canciones, sí, de canciones, como aquella que se llamaba Me llamo Soledad, o de mis películas antiguas, la de Aprendiendo a Morir, del Cordobés, que por lo que leo acaba de divorciarse formalmente de su esposa, o…

Pero en fin, estamos escribiendo de Ana Diosdado, que vuelve a ser noticia después de que se nos fuera trabajando en la Sociedad de Autores de un derrame cerebral. Primero se le paró el corazón y después se nos fue en una reunión. Estaba ya muy malita. Muy pocos sabían que tenía leucemia, cáncer en la sangre, que la fue rompiendo despacio de forma implacable. Fui a verla por última vez al lugar donde la pusieron. A la Sociedad de Autores, donde había sido de todo, autora, creadora y, sobre todo, sobre todo, buena gente.

Brillante, creadora, y enamorada. Ahora, de ahí su actualidad, se estrena una última, póstuma, obra suya, por ella escrita. Murió a los setenta y siete. Es una pieza histórica difícil, fuerte, el encuentro dialéctico de dos mujeres de la talla de Santa Teresa de Jesús y la Princesa de Éboli, la dama tuerta de la historia. El cielo que tú me dieras, que pondrá en escena el centro dramático nacional. Atención al estreno. Será otra manera de volver a estar con aquella mujer irrepetible, que tanto escribió, que tanto amó… con acento en la ó como a veces digo.

Fallece Ana Diosdado a los 77 años

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