La Olimpiada tiene nombre de mujer

Y no es por hacer feminismo, aunque lo fuera, que puede ser. Pero es el hecho y no hay mas que repasar lo ocurrido, hasta esta misma mañana del domingo día 21 de agosto que escribo mi página de hoy, después del fin de semana, que lo que escribo es cierto.

Podríamos acudir a que en general, podríamos repasarlo todo desde el primero hasta el último día, que ha sido esta noche, creo, pero lo que sí es verdad es que al menos por la parte que nos toca las mujeres fueron en gran parte protagonistas. Y que me perdonen los caballeros, que también sé los que son. Pero es el caso, que oro, plata y bronce, han tenido, envueltos en la bandera española, por lo general nombres femeninos, y eso ayuda mucho, no saben cuánto en este largo y difícil momento que vivimos, porque desde el primer día, aquel de nuestra Belmonte, hasta el sábado con la dama que más salta en el mundo, la Beitia, vamos a ver si no hemos ido recibiendo día a día, una plata, un oro, a veces una plata que sabía a oro, un bronce incluso, que no es un metal menor, sino un metal fuerte y duradero. Eterno.

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Es por eso que, desde la emoción, por ejemplo, y digo lo que he sentido en mis propias carnes, de nuestra Carolina, princesa del bádminton, hasta la madre de la cicatriz de la cesárea en la piragua, pasando por la chica que mejor luchó, las que siempre encestaron, etc, etc… y que me perdonen las que sin querer olvide, pero no es por olvidar sino porque cada día tengo peor esta cabeza y la prueba es que mañana me hacen un TAC en el Jiménez Díaz, otro más, a ver si… En fin, no les voy a contar mis desdichas, que también tienen nombre femenino, pero me alegran las dichas de las que siendo tan nuestras nos han hecho pasar ratos tan hermosos en los días de Río, que ya se fueron.

Viéndolas morder lo que no rompe los dientes sino que los hace más fuertes. Es lo cierto, que he conseguido no solo entretenerme, sino mucho más, enorgullecerme. Además, aquí lo escribo, desde este pueblo al que vine al mundo un día hace pronto 82 años. Es más, me ha permitido el ver que estos viejos ojos que tanto han visto y que, por si fuera poco, quizá de tanto como vieron aún tienen una lágrima oculta de emoción y de agradecimiento.

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Porque he vuelto a sentir la pasión por este viejo himno nacional, nuestro, que aunque no tenga letra, bien que vale un latido. Aunque siempre pienso lo mismo, “mira que con los buenos, buenísimos escritores que hemos tenido a lo largo de toda nuestra historia reciente, y no haber conseguido la letra para nuestra música común…” Pero menos da una piedra, y siempre que sonó los míos descubrieron que aún sabía tenerme en pie, aunque poco y sin bastón, así que me colocaba derecho como una vela y me llevaba la mano al pecho como hacen los seres humanos cuando de su bandera se trata, en cualquier lugar del mundo.

Así que gracias a las mujeres, a las niñas, mis niñas ya, hasta la Beitia, que casi llega a los 40, aunque le quedan tres años todavía, y que saltó de lado sobre esa pértiga emocionante y difícil. Gracias damas, con novio o sin novio, casadas o solteras. Carolina mía, otra vez, que cuando la muchacha india, tan grande, tan fuerte a la que llaman la reina de Hyderabad, se hizo a un lado y te vi tirarte al suelo como una alfombra tipo Nadal, y luego a tu familia en Huelva, que yo quiero tanto, y dieran las gracias también a la Virgen de la Cinta…

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En fin, gracias por las emociones recibidas, mujeres de España, las que ganaron, incluso las que no ganaron, porque no perdieron. A todas las que mordieron el metal que fuera, o las que mordieron en silencio su secreto, a todas, a todas, este largo beso de agradecimiento. España, tiene nombre de mujer, también la Olimpiada, no hay mas que verlo, sentirlo, vivirlo, y, por supuesto y lo mas importante de todo, agra-de-cer-lo.

Porque si hace unos días cuando poníamos en el aire el blog aquel titulado “El balcón maltés”, escribíamos que ese pájaro misterioso, estaba fabricado de “la materia de la que están hechos los sueños”, justo es también reconocer que los aros olímpicos están trabajados con ese metal del que están hechas las ilusiones. Que, por cierto, miren por donde, tiene también, la ilusión digo, nombre de mujer.

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