El Dúo Dinámico: no han vuelto, es que no se habían ido

Que no es lo mismo.

Porque estaban ahí, desde hace como poco, vamos a ver, vamos a ver… me salen cincuenta años. Porque si entre estos dos héroes de la música, tipo Nadal en el deporte -que aunque perdió, ganó, con acento en la O-, suman ciento cincuenta años, a setenta y cinco por voz, lo cierto es que ha sido, es, un siglo y medio en el que no han dejado de estar. De ser, de ganar, de resistir, de ahí que su famosísima canción Resistiré; que hemos cantado tantas veces incluso en voz baja, para demostrarnos a nosotros mismos que aquí seguimos a pie de obra. Es el caso, que de pronto, ahora en la cita musical por excelencia de ese Sonorama de hace unos días no solo reconquistan al público, de todas las edades y todos los estilos, sino que se colocan a la cabeza de los comentarios, en las radios, en las redes sociales, que a veces son suciales, que no es lo mismo, los dos, con más fuerza que antes, que es como decir con más fuerza que nunca, salen, del silencio deseado, y cantan, y ganan, como si nunca se hubieran ido de donde estuvieron, y siguen estando.

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Vamos a ver. Los dos, españoles, catalanes, se reunieron, se encontraron y se unieron un día en Barcelona, su tierra matriz. Y empezaron a cantar. Yo mismo, que ando a veces tan escaso de memoria, recuerdo de aquellos primeros tiempos, hace tanto, tanto, se subieron a un escenario, y se pusieron a cantar. Dos guitarras, dos voces y un mismo sentimiento. Cantar al amor. Y de una forma formidable. Porque iban derechos al sentimiento, de una forma agradable, sentida, poética, fascinante. Y miren por donde, de aquellas parejas, que bailaron y cantaron unidas, nació el amor. Escuchándoles, sintiéndoles. Y miren por donde, de aquellos besos, aquellos apretones de cintura, canciones a media luz, los dos, dos arriba y dos abajo, nacieron nuevas generaciones, que escucharon aquellas canciones, en los vinilos de la madre en la cocina mientras hacía lo que entonces se llamaba, “sus labores”. Y de aquellos vinilos de entonces, vinieron las demás historias, las cintas de las gasolineras, los guateques de antes, a los festivales de ahora. Y ellos, los dos, Ramón Arcusa, el largo, y Manuel de la Calva, hicieron de padrinos de dos generaciones, la de aquellos para los que compusieron historias inolvidables…

Perdóname

Quince años

Quisiera ser

En fin. Yo los he encontrado por el mundo entero, cantando, triunfando. Y he vivido con ellos sobre todo en la América que habla muestro idioma, ya por encima de los quinientos millones, muchas de sus noches de éxito, de gloria, de Hispanidad con mayúscula. Yo les puedo decir que he estado tan cerca, tan cerca, como cuando Julio Iglesias todos los días recibía la visita de Ramón, que le ayudaba a componer, que ponía en el papel musical lo que a Julio le costaba escribir y que solo llevaba a veces en una servilleta de papel, de aquel restaurante cangrejero que había cerca de su casa de Indian Creek. Tanto es así, que Ramón, el más alto, se quedó a vivir cerca, no demasiado cerca, también es verdad, en otra formidable urbanización, cerca del golf, durante años.

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Recuerdo siempre con alegría a su esposa americana que tanto ayudó a Ramón. Y fui amigo siempre de Manuel de la Calva, y de su esposa también, que peleó y ganó el combate contra aquella enfermedad de la que nunca se salía triunfante. Hace unos días le abracé en el AVE  en el que volvíamos de Sevilla. Me gustó no solo verle tan joven, y es algo menor que yo, que ya es decir, sino cómo la gente de toda edad y condiciones, incluso de toda nacionalidad que venía del sur, le reconocía, le trataba con respeto, con admiración, con cariño y hasta le pedía un selfie de esos, que ahora se llevan tanto y que de una u otra forma rompen tu propia intimidad.

Son grandes estos dos, Manolo y Ramón, que han llegado desde el vinilo al bolsillo, con toda la fuerza de antes. Han hecho películas, han cantado con los mejores, y han escrito canción, letra y música, para muchos de los que ahora son. Yo he aprendido mucho con ellos, desde aquellos días que los periodistas de todo nos colábamos con ellos en los conciertos, a veces, yo lo he hecho y no me avergüenzo, mostrando tras ellos simplemente un peine grande, envuelto en un papel de fumar bambú, que a veces soplábamos para decir que formábamos parte del conjunto…

– Pero, ¿el Dúo Dinámico no son dos? ¿Cómo es que ya son siete los que se cuelan?

Y respondíamos corriendo….

– Es que formamos parte de la orquesta.

Que, aunque a veces tenían, no necesitaban. Han sido los cantores, los cantantes, los cupidos, y perdonen la cursilería, de toda una generación que ha escuchado también una segunda edad, en la voz y en la nostalgia de sus padres. Están volviendo a vender discos, claro que sí, han vuelto a las listas de oro.

¿Por qué?

Porque cantan la verdad, y de una forma sencilla, musical, in-ol-vi-da-ble. Eterna.

Sus canciones, no tienen edad. Cantan al amor, a la juventud, con coleta o sin coleta, dicen cómo es la historia de amor de los vivos. Han escrito para muchos, se han hecho, insisto, imprescindibles. Gracias por haber vuelto, campeones, o mejor, gracias porque estabais ahí.

Resistiré, con acento en la E, es más que una canción del verano. Es un himno, no ha perdido vigencia. Necesitamos cantarla todos, seamos de la edad que tengamos. Resistir es ganar.

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