El balcón maltés

Con acento en la e, o sea maltés, que viene de la isla de Malta. Y en cuanto a lo del balcón, la realidad es que hay una vieja, o mejor antigua, película titulada ‘El halcón maltés’, en la que se encuentra una hermosa historia, con entre otros actores Humphrey Bogart, del que guardo como oro en paño que se dice, aquel montoncito de ceniza de su cigarro. Te lo vendían en aquella taberna, llamada de los borrachos, en una transversal de la Quinta Avenida de Nueva York y además se veía una galería interminable de las botellas vacías de drambuie que se bebió a lo largo de toda una vida el actor del sombrero del ala caída y el pitillo en los labios, que le dijo a la actriz más bella de entonces, Lauren Bacall, que fue su esposa, en aquella película:

– Si me necesitas, bella, no tienes más que silbarme.

O fue ella quien se lo dijo a él, que ahora no lo recuerdo. ¡He guardado tantas frases hermosas en mi memoria, que algunas se han oxidado y otras se han quedado por ahí entre las citas de mis historias, no tantas veces contadas!

– ¿Que de qué está hecho el halcón maltés? Pues del material del que están hechos los sueños…

Dijo Bogart. Así que del halcón, el balcón, y de lo de Malta, que es ciertamente una isla hermosa y tan bella como para quedarse. Me he cosido, zurcido o bordado esta doble palabra, con la que vamos a hacer un experimento: escribir todas las semanas o cada cinco días, diez a lo sumo, a lo mejor se lo dejo para los sábados que no envío carta blog, una especie de especial, perdonen la redundancia, en la que se cuenten algo así como un puñado de cosas, porque recibo ¡tantísima información!, aquí en mi sillón del nómada inmóvil, que vamos a ver qué tal nos sale. Columneo sin llegar al chismorreo, palabreo, “negritas” que era lo que antes se hacía, para dar a muchos nombres en el menor sitio posible, que era una forma nueva de que al menos te leyeran salpicando…

En fin.

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Y además, porque en Malta hay una ciudad pequeña interior, misteriosa, llena de palacios y de iglesias, de historias por lo tanto, que además se llama como yo, esto es, como dice mi apellido: ciudad Medina o ciudad del Silencio. En una colina está, y a veces suenan campanas, a ratos si se empujan a las puertas suenan aguas de las fuentes. Las leyendas en las esquinas…

O sea. Aquí un balcón, maltés porque es de Malta, para ver pasar la vida, y contarla, que es lo mío. Vamos a ver, hagamos hoy la prueba.

Por ejemplo, cumple noventa años Fidel Castro. Siempre estoy escribiendo un libro sobre el comandante, al que he conocido mucho y bien y en diversas ocasiones. Por lo pronto hasta allí donde está con su cara de Quijote, recordarle aquel Quijote de madera de olivo que le llevé un día y con el que hay una foto. ¿Dónde estará, Dios mío, con aquella estatuilla comprada en el aeropuerto de Madrid, hace tantos años, cuando Castro tenía su barbaza negra y la estrella solitaria de su país en la hombrera de un uniforme siempre de campa?

También, y esta es otra historia, se nos ha ido Ivo Pitanguy, que resulta que era el cirujano que a más estrellas cambió de rostro. Un médico cirujano brasileño que me llevó a su isla un día para ver su imperio, su sitio, su lugar de escapar de la presión mediática. Leo que se nos ha ido, a todos, a los noventa años, aunque a mí no me dio tiempo de acudir a su consulta, que era gratis y salió muchas veces en ¡HOLA!. Hoy habrán llorado las arrugas desparecidas en combate contra su bisturí de muchas estrellas del mundo. Prefiero no dar sus nombres, ¡no habría sitio suficiente!

Leo también que Penélope Cruz va a ser productora, directora y actriz de una serie para Televisión Española. No sé si es también escritora del argumento. La esperamos.

Es como lo de Pastora Vega, a la que algún día entrevisté y que no ha perdido su resplandor gitano; está en la mejor edad, y en soledad. Va a poner en antena, ya lo está grabando, ni más ni menos que una serie de nombre impactante: ‘Entre olivos’. Será un éxito, es para Canal Sur, y además, se va a rodar en el aljarafe sevillano. Les tendré informados.

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Aparte recomendarles para mientras dure el calor:

– Las gafas azules, y a ser posible con espejo. Molan cantidad.

– Los vaqueros, cada día mas rotos, que aunque valen más se ven menos

– Las uñitas de los piececitos, verdes a ser posible.

Hablo de las damas, aunque los caballeros pueden hacer lo que les venga en gana.

He recogido de algún sitio, la sorprendente noticia, de que el duque de Lugo tiene o tenía en su armario de cuando la Infanta Elena, ¡622 fulares de quita y pon!

Meditemos.

Coronado, que cumple este año cincuenta y nueve reconocidos. El año que viene nos ocuparemos de esa tarta de jamón ¡con sesenta velas comestibles! A ver si acude a la fiesta mi duquesita especial, la de Montoro, aunque sea en compañía de su cerdito, que se ha convertido en su macota. No hay que olvidar que por dentro somos los más parecidos al cerdo de los que se tiene noticia.

Y me viene a la memoria la historia de aquel gran actor, que se nos murió hace poco, y que siempre que en una fiesta le acercaban un plato de jamón aseguraba tristemente:

– Me gusta mucho, pero no puedo hacerlo, ¡llevo una vena de cerdo en mi corazón, gracias al cual estoy vivo!

O sea, agradecimiento. Eso es bueno en el tiempo que vivimos.

Veo a la Lomana en una foto en bikini. Valiente, verdadero, vonita, ¿o vonito se escribe con b? Tengo que repasar mi vieja gramática, aquella de los cuadernos a rayas de mi ya lejana niñez.

Aviso. Se vuelven a llevar los zapatos Gilda. Una pasada ya si la cinta abraza el fino tobillo y además se eleva sobre un tacón de aguja. ¡Tengo una historia para reunir que se titula ‘La asesina del tacón de aguja’! A ver si tengo tiempo de escribirla.

Me paso el día apuntando, y hasta por la noche hago lo mismo con un dedo sobre mi almohada. Y una pregunta que me hago a mí mismo, por echar la persiana ya sobre el balcón maltés:

¿Qué es de Ernesto de Hannover? Como si estuviera escondido en su castillo alemán, del que solo sale para cazar de vez en cuando. Fue importante en su tiempo…

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Pero ya saben lo que siempre digo, porque además es ley de vida:

Olvidamos fácilmente.

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