De nombre Jennifer, pero su apellido es López

Porque es actualidad, y más ahora, además de su constante noticia, por que acaba de regresar al que fue su amor -aunque haya sido sólo para cantar, o eso parece-, cosa no frecuente en el mundo difícil en el que vivimos. Y más el de farándula. Pero Jennifer, que se puede escribir con una o con dos efes, que para eso es ya casi un mito, y si no lo es, es porque aún es muy joven, todavía, lo cierto es que como además es tan nuestra por su apellido, a ver si no.

Es hija de padres puertorriqueños, que es un país como para quedarse a vivir para siempre, y se lo dice quien conoce el mundo entero, o casi entero, que aun me queda Nueva Zelanda, aunque no he perdido la ilusión de conocerla, por lejos que esté su sitio. Veremos.

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Mientras tanto, me quedo en Puerto Rico, que es como los Estados Unidos pero con nuestra vieja lengua. También se puede decir portorriqueños, tierra de los cinco sentidos, desde el sabor al honor, que no hay más que vivirla. Yo elegiría aquel hotelito en Isla Culebra, que aunque me cuesta mucho decir su nombre, dado su nacimiento andaluz, lo cierto es que es una joya en todos los aspectos. O si me apuran al otro lado de la isla, en cualquiera de las pequeñas ciudades de su geografía.

Pero es que Puerto Rico es otra cosa, su cadencia, su belleza, su ritmo, el viejo San Juan, y me ajusto a lo que cuento. De ahí eran los padres de esta dama de fuerza, de mucha fuerza, que todo lo que toca lo convierte en oro. Porque es de todo, no un poco, sino un mucho. En su wiki se afirma que es artista.

Y concreto más:

Productora

Cantante.

Actriz de cine.

Bailarina.

Perfumista.

Etc,. etc..

Y todo lo hace bien. Casi cada año debe lanzar, por ejemplo, un perfume, en el que huelas a ella, según los lanzamientos. Lee ¡HOLA!, ahora lee ¡HOLA! USA, porque conoce muy bien las dos lenguas. Le encanta hacer cine, y en ocasiones lo que gana en sus discos, que vende mucho, muchísimo, lo convierte en cheques para pagar la producción de sus películas. Que son muy caras porque siempre, siempre, es cabecera de cartel con un actor de primera fila, de los más resplandecientes.

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Jennifer López es hija de un vigilante de noche de San Juan y además, de una maestra de niños. Aunque nació en el Bronx de Nueva York, cosa que imprime carácter, que da fuerza, mucha fuerza. Como todo el mundo sabe, o casi todo el mundo, se casó en su día con el buen cantante Marc Anthony, que le enseñó mucho, pero mucho. A cantar, bajando el fuego con la melodía en la boca. Porque en el cuerpo ya la tiene, tanto es así, que siempre hay garantizado en todo el cine que hace un plano de los llamados Pataki, esto es de espaldas, porque tiene una espalda preciosa, de campeonato.

Pero es que además, luego de lo de Marc Anthony, -del que todo el mundo, todo, habla bien, porque dicen que además de un artista flaco, sonriente, es un buen tipo- la bella se nos unió a uno de sus bailarines de piel oscura, guapo y cercano. Eso que siempre de tan cerca, cada día, es un peligro. Nació en el sesenta y nueve, o sea, que va a cumplir ya mismo, a ver… casi cincuenta años, una edad formidable para cualquier cosa. Yo la conocí de cuando empezaba a cantar por Nueva York, hace no sé cuanto, y ya usaba además de la voz y la cintura, una pierna gloriosa, y eso que se llamaba un escote generoso. “Que lo que se han de comer los gusanos, que lo disfruten los cristianos”, decía el refrán, que además lo sigue diciendo.

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Estuvo casada de primeras con un chico cercano, y les puedo decir que según la nota de su agencia, está entre las cien mujeres hispanas más influyentes del mundo, también de las más ricas, en el sentido monetario, aparte de en lo que se refiere a su cuerpo serrano, si ustedes me lo permiten. No es Katherine Hepburn interpretando, pero lo hace con escuela y corazón. Creo que no usa, porque no las necesita, pestañas postizas, que hasta el mismísimo People la señaló en su día como “la mujer más bella del mundo”.

Tiene casas en medio mundo, es inteligente, directa, rompedora y ahora con su retorno a los orígenes de Marc, un reencuentro que parece que sólo ha sido músical, sobre todo muestra que tiene el corazón en su sitio. Ha hecho series, tiene Grammy’s, casas en su isla, preciosa, y sé que las pocas veces que ha venido a España para trabajar en lo suyo ha querido quedarse un tiempo. Tiene una estrella, merecida en el hall de la fama de Hollywood, ese paseo donde “hay mi estrellas en el suelo que en el cielo”. Aunque sean de cemento. Ya es madre. Y buena. Su voz sabe a coco y a piña, a viento del Yunque, que es arriba del todo, y al azul marino de su océano, aunque ahora lo que se lleva es el azul piscino, que no es lo mismo.

Que le dure, bella, lo de Marc, que tanto sabe de música del amor.  Es bueno repetir. Que aproveche y felicidades. Siempre fue un dúo fascinante.

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