¡Vive Bimba, vive!

Casi la he visto crecer, como quien dice. Pero a distancia. Quizá alguna vez de niña, en no sé qué sitio, le haya dado un beso de abuelo. Pero el otro día, a Bimba Bosé -de ella hablo- la vi en no sé dónde. Y la vi pálida, muy pálida, pero valiente, a pie de obra, dentro de esta vida nuestra, quizá en la tele, porque mi mujer me dice.

– Hombre, tú la has visto en ese programa de mediodía de la cinco, de las mujeres y los hombres… ¡vaya memoria que tienes!

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Es verdad, a veces ni memoria me queda ya. Pero aprieto la cabeza, que no sé por qué cada día es más pequeña, palabra de honor, me está mermando como si fuera aquella que un día me traje del Amazonas, que compré cerca de Manaos a un indio guaraní que las vendía como si fueran cabezas de ajo, pero que era de verdad, disminuida, para vender después como un colgante fetiche que daba fuerza y sobre todo inteligencia… decían…

Pues ahí está Bimba Bosé, que son dos “bes” a la que añado esta uve con toda mi alma, porque me dicen que Bimba, ha dicho públicamente que le habita el innombrable y que a pesar de ello, sigue luchando para echarlo de sí…

Cuando yo escribía las memorias, que tantas veces cuento, de Lola Flores, siempre que teníamos que comentar del “mal que le habitaba” nunca decíamos su nombre, jamás, si acaso Lola le insultaba y le llamaba el cangrejo o el “hijop…”, y seguíamos hablando…

Pero Bimba lo ha dicho en alta voz para que se sepa, incluso después de haber perdido la primera batalla. Cáncer de mama, con la pérdida en el combate de un pecho. Ella misma lo confirma, y es más, añade que sigue, sigue, porque ya la palabra maldita, que no quiero repetir, la inunda. Pero que adelante, adelante, que no quiere olvidar en lo que está, que está decidida para seguir luchando.

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Por eso lo de las dos uves, de “vive”, vive la vida que son tres. Porque ella viene de dos “bes”, más, tres, quizá cuatro: Bimba bella, Bimba Bosé, Bimba bonita, superviviente de sí misma, hija de artistas, nieta de artistas Lucía, la abuela azul, la Bosé, que fue, que es tan bella, en su ocaso celeste, recluida, esposa de Luis Miguel, que fue mi amigo al final de su vida, mi buen amigo, de la rama de Papito Bosé, que aún permanece de túnica blanca y coleta de sabio tibetano, en la pelea, padre de mellizos-¿o son gemelos?- al que yo reuní sus recuerdos en Milán para nuestra casa…

Bimba Bosé, que ha querido decirlo en voz alta por ayudar a los demás, más que a sí misma. Un grito camino del sur, de las anchas playas de Cádiz, donde me dicen que escribe, estos días solo pasa el modelo de su valor, romance de valentía, entre la admiración de todos. Sotogrande, aún más grande con ella. Ni la edad me importa, que no es necesaria, flaca, de hueso fuerte, como es la casa, alta Bimba Bosé, buena y bonita, más es para su uso personal, de túnica o de seda, descalza sobre la arena, resistiendo, un modelo a seguir. Tiene la raza de los de su casa, que permanecen, ¿cómo olvidar aquella Lucía, que vino de Italia,  a rodar una película y se quedo para siempre? Un día hice una cerámica en la casa de las piedras del escultor Otero Besteiro, con ella, y Natalia la esposa de Rapahel. Tengo el cenicero aunque no fume y queda solo la ceniza de mi memoria…

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Me gustan las luchadoras como ella, pálida dama, de las camelias, en la pasarela de la gloria. Lee, a veces una lagrima furtiva, querida niña Bimba, rebelde, que ha pronunciado la palabra de fuego, “tengo metástasis”, que es el final de la pelea, pero que la dice como la que lanza una piedra al río… Basta ya por mi parte de metáforas. Ni de lirismo. Basta. La verdad desnuda que ella quiere enviar, pase lo que pase, porque además cerca de ella, al sur del sur, su amigo, el  de la tijera de oro, el gran modisto, ya saben de quien hablo lucha también contra el gran asesino…

Es verano, Bimba, que el sol te acaricie lo justo. ¡Qué gran mensaje para vivir el claro y cálido sol! Bajo tu amplio sombrero de paja, más al fondo de las gafas azules, esas gafas que son más que para  ver, para ser visto, su mensaje. Tu tatuaje de esperanza. Gracias por la parte que me  toca. Muchas gracias.

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