Rihanna cantó anoche en Barcelona

A mí, particularmente a mí, que siempre trato de escribir lo que siento como quien lleva un cuchillo entre los dientes, que a veces corta y a veces hiela, la verdad es que como no soy de eso que se llama el ‘pop’, que es como el flamenco americano, lo que más me gusta de esta mujer, llamada en el mundo de la música americana “la Lady Gaga negra”, lo que más me conmueve, me pone, a pesar de mi edad longeva, es cómo lo canta, cómo lo explica, cómo lo cuenta.

En eso, a parte todo lo demás, su propio equipo de promoción, que es formidable, de esta chica de casi treinta que anoche cantó en Barcelona, llenó hasta la bandera, lo que más me atrae como siempre es su propia historia. Jamaica, de Barbados a quien llaman también “la Madonna oscura” aunque les advierto que el azabache es también joya, pero lo cierto es que su nombre de iglesia es, a ver si lo escribo correcto, Robin Rihanna Fenty.

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Es hija de un pobre padre alcohólico que la hizo sufrir mucho y que es el tatuaje en su lindo cuerpo moreno que más recuerda, aunque no sea necesario que lo lleve escrito. Descifrar el mapa que dicta su cuerpo, espléndido por cierto, con solo ver sus vídeos, que ha vendido a esta hora más de doscientos millones de álbumes por todo el mundo, la niña oscura de la voz tan clara -es chocolate con menta dentro- aunque ella misma se inventa sus propios cocktails, y sus sandalias, que se llevan por todo el mundo, como las que llevaba la mujer de Pilatos por las calles de Jerusalén en su tiempo.

Rihanna, lo escribiré para nosotros, nos da ella misma la receta de su brebaje, que está haciendo furor y amor en todo el planeta.

A ver, por lo pronto, el maracuyá, con acento en la “a”, también llamada la fruta de la pasión, y que yo he probado, si bien en soledad sin nada adjunto, aunque les recomiendo que lo bueno es beberla en compañía, en buena compañía a ser posible. Pero además debe llevar ron, del suyo claro.

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Aunque el buen tatuaje de Rihanna, o la mujer espectáculo, es leer sus tatuajes, como este que manda en todos los demás, lo lleva en el pecho escrito de por vida y dice así: “Nunca un fracaso, siempre una lección”.

También debe tener el cocktail mandarina, y cassis, no explica las dosis, pero es clave insisto, no beberlo en el fracaso, ni hacerlo en la intimidad de la cocina entre cacharros de cobre.

Leo que en sus tiempos fue sargento del ejército, que más de uno hubiera querido tenerlo en su sección de la mili, cuando había mili, claro. Más les digo, sus modelos se venden en el mundo entero y es además generosa con los niños y los mayores, muchas gracias por la parte que me toca. Dos fundaciones la avalan. Ah, que el tatuaje lo tiene escrito al revés para  poder vérselo escrito antes de salir al escenario. Un día escribí una historia cierta, que titule, no sé por qué, Me gustan las mujeres que se besan en el espejo.

Sí les quiero decir que Rihanna ha ganado siempre, y las veces que ha perdido ni se le notan. Es niña acostumbrada a sufrir desde que vino al mundo, anoche por fin pudieron entrar en el lugar donde cantó, en Barcelona, los miles de personas que hicieron cola para conseguir entrada durante días, y noches. Su espectáculo, eléctrico, festivo, impactante como siempre, se salió de madre.  Se sabe también que prefiere una joya humilde -si es que hay joyas humildes-, como es el caso de las piedras de río,  más que un diamante, aunque sea en bruto de los de las minas de Sudáfrica, que también he visitado en su día para poder contarlo en su fecha también, recordando el espectáculo admirable.

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Sus ojos son ardientes y sus escenas en los vídeos da gloria verlas, aunque conduzcan directamente al infierno. Anda siempre de vuelta de algún amor, como aquel rapero que la hizo feliz y desgraciada al mismo tiempo, o como aquel otro que también le enseñó el camino duro de la música pura y feroz, que ella sabe cantar como nadie. Espero que como ya es costumbre en ella, para “animarse un poquito y que no se le quede la boca seca, es tomar un chupito de algo de la tierra en la que canta”, así que habrá probado las delicias del cava catalán. Etc, etc…

En Barbados tiene casa, y un día al año dedicado especialmente a ella. Ha creado su propio mito, a veces va vestida, a ratos disfrazada, en ocasiones como tapizada, y canta desde más abajo del ombligo, un tsunami en la escena…

Aunque a mí, quien me gusta de verdad, de verdad, es Beyoncé, con perdón, aunque nunca o casi nunca venga a vernos. Rihanna es de su cuerda mágica, de su raza canela, de su razón de cantar. Adiós Rihanna, bonita, explosiva, casi tu dama a la medida. Y si ves a la Beyoncé, le das recuerdos míos. Y le dices que la estamos esperando. Muchas gracias, bella.

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