Olivia de Havilland cumple hoy cien años: lo que el viento no se llevó

Aquella fue la película inolvidable. Como poco la he visto, a veces queriendo, a veces sin querer, cinco veces. Fue un gran documento de toda una época. Allí estaba, de pie, en aquel plano final, clamando al cielo la gran Olivia, con un paisaje de esperanza, de fuerza, de resignación y de victoria, en los ojos como un árbol en la mitad del drama, después de la guerra, aquella mujer americana, aguantando, rabiando, amenazando…

Lo que el viento se llevó

¿Recuerdan?

Era Olivia, la enorme actriz, aquella que fue, que es hoy más que nunca, que cien años no se cumplen todos los días, la Olivia a la que tanto amamos y a la que yo entrevisté, hace tantos años, ya viviendo en París, donde reside desde hace más de medio siglo. Dicen hoy los periódicos, el papel escrito que no se lleva nunca el tiempo, que Olivia, pelo blanco, collar de tres vueltas de perlas auténticas, lo está celebrando en su intimidad aunque el teléfono de su residencia no deja de sonar. Un  siglo es un siglo, ¿soplará la tarta de cien velas? ¿Sabrá lo que hace, tal vez? ¡Se ha escrito ya tanto de ella! Incluso cuando con ella hablé, cómo pasa el tiempo, me dijo aquello:

Me he resignado a ser aquello que fui, acepto, que digan de mí que ya solo soy una leyenda…

Lo sigue siendo. Dicen que es la última de una generación de astros rutilantes, de los que ya no quedan, quizá le pase, el viejo cascarrabias que se nos ha vuelto, aquel mito que se llamó Kirk Douglas, el gran gladiador.  Dicen los pocos que pueden acercarse a ella que mantiene aquel resplandor en su rostro, en aquellos ojos, verdes, que te miraban con guasa como diciendo… “este pobre muchachito español que viene desde tan lejos para hablar con esta vieja gloria”…

Ahora es menos mayor que antes, así es el milagro de las leyendas. Claro, que le pregunté por su hermana Joan Fontaine, que era su hermana creo más chica. Otro rostro quizá más dulce que el de ella misma. Tres Oscars, sí, tres las nominaciones, aquel día que fue llamada, incluso vestida de elegante y desgarrada viuda negra, y además de aquel Clark Gable, ¿recuerdan otra vez?

Pues a pesar de ser viuda la llamaron, con todos los honores y con todos los amores también, “la bella novia de América”. Lo era, lo fue, vestida con la cofia de almidón de la hermosa película inolvidable. Bueno, me corrijo a mí mismo, tres Oscar no. Uno, que ya es bastante, lo que pasa es que siempre era nominada. Una larga vida, llena también de silencios, de interpretaciones falsas, de mentiras. Ella siempre que pudo, fue corrigiendo lo que de ella se dijo en tanto tiempo, sin razón. Lo que era falso, mentira.

nicolas-sarkozy100

 

Ella es, sin género de dudas, lo que queda “si es que algo queda” de aquel Hollywood. Guarda el secreto, enorme, nunca desvelado del todo, si es cierto que no se hablaba desde siempre con su hermana Joan, la de la dulce sonrisa, que ya se marchó de este mundo hace unos años. Tampoco es necesario ahondar en la herida. Estos días, a partir de hoy, de ayer mismo, se hablará mucho de ella y, si es cierto todo lo que contó y no contó en su libro de memorias, dictado por ella, corregido por ella misma.

Olivia, un bello nombre de aceite, escribí antes cuando uno tenía la inspiración como un pájaro en el hombro, que me dejó, en la entrevista aquella, en aquel hotel como un palacio de Eugenia de Montijo que le gustaba tanto, un bálsamo para mis heridas que acababa de regresar de un combate no sé dónde, ni quiero recordarlo. Me firmó en la portada de un Paris Match, esa formidable revista de toda la vida de referencia, que entonces dirigía el que fue su marido, Pierre Galante. Se casó, me parece, que en tres ocasiones, amó en silencio. También le gustaba, mucho, España. Era un volcán con el aire de una suave colina de cultivo de té en Asia. Felicidades Olivia, hache de Havilland, hache de Hollywood. Tan linda todavía. Dicen que brillante, hablando, recordando. Querida Olivia, felicidades. En nombre de este admirador, y de cientos de millones de personas, que te quieren y te recuerdan en todo el mundo. Y sus planetas.

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