Juanito Valderrama cumple un siglo

Y está, como a veces decimos, más vivo, vivísimo, que nunca. Porque se está celebrando el centenario, a todos los niveles, del nacimiento de este cantaor de flamenco que conocía y cantaba, y era capaz de hacerlo de forma diríamos que sublime con su voz de zorzal, que es el pájaro del olivo, todos los palos, con elegancia y misterio. Cantaor único en su género, de voz finísima y a la vez profunda, que llevaba dos cosas siempre con él en su equipaje de viajero por todo el mundo.

HOMENAJE JUANITO VALDERRAMA

Su sombrero cordobés, que debía estar en un museo el sur ya, plano como un planeta con derredor, hecho en Córdoba, desde luego, que si no es distinto, y además, su canción El Emigrante, entre otras muchas, que por ejemplo, yo no podía escuchar lejos de España porque me venía el llanto de la distancia. Grande Juan, al que siempre me gustaba llamar así, Juan, y no el diminutivo, y así fue hasta aquella última vez en Espartinas, en la que ya al ocaso, junto a su esposa Dolores Abril, artista formidable también, escuché de viva voz lo que podíamos decir, era su testamento, en una larga entrevista, que se llamó “Cuenta su vida”, y en la que nos contó casi siempre bajo el ala implacable e impecable de su sombrero, las sonrisas y las lágrimas de toda una vida, desde que vino al mundo en Torredelcampo, pueblo rodeado de olivos, que muchos de ellos y de los de tres patas fueron suyos, y ganados cantando, no heredados, pueblo lindo, porque siempre que pasaba hace años camino de la sierra de Cazorla, lo recordaba a mis hijos que estaban en otras músicas de su tiempo.

– No os olvidéis que os lo he dicho siempre, Juan Valderrama es un cantaor de flamenco como pocos en la historia de la música del sur.

Espero que no lo hayan olvidado. Yo tampoco. Le entrevisté no sé si cien veces, le presenté no sé cuántas, escribí mucho sobre él, y ahora tengo la gloria y la gran suerte, de poder escuchar y sentir a su hijo Juan Valderrama, que canta como los ángeles, heredero del gusto y la garganta divina de su padre, que además hizo no sé cuántas películas, y que aunque no necesitaba de este recordatorio de ahora, sí que lo merece, sin duda. Juan, su hijo, lo hace de forma magistral y aparte de sus letras nuevas, profundas y sentidas, Juan hijo conserva de su padre, y de su madre, Dolores Abril, muchas, pero muchas de sus maneras y sus secretos, que eso no se aprende, sino que se hereda. Así que gloria bendita para este cantaor, actor, que fue pequeño de estatura, pero gigante en lo suyo, esa voz de aceite puro de oliva, que tanto era capaz, de curar las heridas de la nostalgia. Cantó en España siempre, hasta el último momento, y además, en media América donde tuve el gusto de escucharle, y de llorarle, muchas veces, muchas noches de lejanía. Insisto en lo que he escrito más arriba. En una historia de la España de la música debería estar por lo menos su sombrero, que era como un planeta que daba sombra, buena sombra a un genio del sur, inconfundible y sobre todo, sobre todo, imposible de imitar. Una voz de alhelí, y de hierro de las minas. Un grande de la historia más grande de España.

Aunque soy un emigrante

Jamás en la vida 

Yo podré olvidarte.

Adiós mi España quería…

Era, es, un himno, nuestro, inolvidable.

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