Froilán, el niño que pudo ser Rey

Claro que sí, porque según la ley dinástica es el cuarto, todavía, en la  sucesión de la Corona de España. Es el hijo mayor de la hija mayor del rey don Juan Carlos, la infanta doña Elena, a la que ya hemos dedicado algunas líneas, siempre respetuosas en este blog, siempre.

Por eso hoy no tenemos más remedio, debemos hacerlo, que felicitarle en su cumpleaños. No es difícil que se haya publicado en los medios, dónde y cómo celebro su aniversario, diríamos que histórico, Froilán, que desde que vino al mundo no ha dejado de ser noticia. Froilán muchas veces se ha encargado de crearla, de protagonizarla, y desde que nació, lo ha hecho don una cierta rebeldía no exenta  de interés periodístico.

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Porque el hijo de doña Elena y el duque de Lugo, Jaime de Marichalar, ya apareció como un “niño distinto” en aquella primera ceremonia retransmitida en directo en la que aquel Infante de España, que lo es desde que nació, se encargó de darle una patada a una dama de honor en la boda de los hoy Reyes de España, don Felipe VI, y doña Letizia. El pelo rubio como el de un paje del renacimiento, y la ropa de la época, luego volvió tranquilamente a su cojín de terciopelo rojo, como si nada.

Pero ya había dejado su tarjeta de visita. La verdad es que el hecho no fue solo publicado por la prensa española, sino la del todo el mundo. Andrés Guerra ha dicho, que tanto sabe de las cuestiones de la sangre Real, que aunque no era infante, porque no lo era, sí que ofreció la imagen de un infante de los llamados terribles, que muchos aseguraron.

Daría mucho que contar a raíz de lo sucedido. Y en efecto, así ha sido. No tendríamos sitio en estos retratos a pie de calle, de urgencia, si hubiéramos de enamorar todas las veces, que de una u otra forma ha aparecido en los periódicos. Tantos colegios, siempre de mano dura, a los que ha ido y ha vuelto, sus viajes a Estados Unidos, a Inglaterra, a Suiza, a medio mundo, incluso a academias militares como la última de Estados Unidos donde sólo tienen sitio los niños difíciles de educar, de atar, de contener, pero que tienen un sitio en la vida pública de los países más diversos.

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Froilán es su nombre, ya lo saben, cumplió ayer la mayoría de edad y parece ser que se ha convertido en una persona seria, aunque difícil de entender a veces, dicen, pero que cuenta con todas las simpatías de un pueblo como el español. Aquella foto, el día del palacio de Oriente, del niño que pudo ser Rey,  levantando un visillo de las no sé cuántas ventanas y balcones mientras sus tíos, los Reyes, saludaban a la multitud que les aplaudía, dio la vuelta al mundo. Dicen que no se calla, que hace lo que le da, la “real”, nunca mejor dicho, gana, y no le gusta demasiado la corbata.

Le llaman Pipe, como le decía su abuelo don Juan Carlos, el rey emérito, que lo tenía entre lo más querido de su familia, no en vano es su nieto mayor y encima le comprende y le entiende, y es el hijo mayor de su hija mayor, más querida, con la que incluso estos últimos días se ve, se siente más acompañado en el dorado exilio, de su momento emérito. También le adora su abuela la reina doña Sofía que ahora tiene más tiempo en encontrarse con él. No hace mucho le vi bien cerca junto a alguien cercano, en el italiano que hay en la calle Ortega y Gasset, que está frente a su casa antigua y donde por cierto hacen un “paja y heno delicioso, que les recomiendo desinteresadamente”.

Ha protagonizado don Froilán no se cuánto a sucesos divertidos, a lo largo de su corta y rebelde vida, en la que por fin parece haber encontrado su camino. Lo han querido hacer militar,  que no querido, aunque igual debe hacer cuanto antes, digo yo el servicio militar como todos los varones de su casa, aunque ya no es obligatorio hacerlo. Si la ley dinástica no discriminara a las mujeres, estaría quizá en el trono Real, como les digo.

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Gamberro, de forma simpática, ya ha sido a pesar de su rabiosa juventud, por ejemplo, dicen que relaciones públicas de una de las mejores discotecas de Madrid, donde por cierto asiste con frecuencia. Hace unos días, la infanta doña Elena aseguran que llamó a la policía para que lo buscaran porque era tarde y no había vuelto a casa. Lo encontraron en la música de la noche, bailando como debe ser, por otro lado, dado su sitio en la historia de España, ya que nuestro país, es un Reino. Le conocen en los sitios de diversión de la gente de su tiempo, y tiene amigos, toreros, que han hecho que el otro día mereciera un aplauso que no llegó a ser ovación, en la plaza de toros de Madrid, donde toreaba un amigo suyo, la noche también que aún no llega a ser la dolce vita, y hasta se ha hablado de alguna novieta que no llegó a ser oficial. Una, aquella niña que estuvo con él en el colegio segoviano y otra de más cercanía, de la que no se ha conseguido ningún documento gráfico, oficial, que lo acredite de una forma rotunda.

También es un buen cazador como su madre y a veces consigue pieza. Sin embargo hasta ahora sólo ha sido pieza, sin querer ya que en la tierra de los abuelos maternos, donde la familia tiene un antiguo castillo de piedra y hierro, en Soria, cerca de Numancia, se escapó un balazo de una escopeta de caza y le dio en un pie. Menos mal que además del susto, sólo recibió una herida dolorosa, de la que se puso en pie del todo inmediatamente. Su madre como saben es sobre todo en la perdiz una cazadora formidable, que por cierto, ya no puede acompañar a su padre don Juan Carlos, por que el viejo rey ha dejado de cazar hace tiempo sobre todo por prescripción facultativa, la última gran pieza que alcanzó fue en África, en aquella cita cinegética inolvidable en todos los aspectos en la que en lugar de cazador fue pieza en lo que es la cuestión histórica.

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Ya le han brindado un toro en la plaza. Su amigo el torero Gonzalo Caballero lo ha hecho posible. No le gustan las corbatas que aprietan, esta guapo, según aseguran las chicas se ha convertido por supuesto en un buen partido, y no desprecia los zapatos con flecos, que tanto usan en la Familia Real. Yo también, de Castellanos.  No pide nada, si acaso libertad, y tiene mucho de su padre, Jaime de Marichalar, y de su madre doña Elena, un tanto rebelde también en su tiempo, y  Borbón de nacimiento.

No se sabe qué camino va a elegir en este momento, en este cruce de caminos, en el que se puede decir que es un muchacho como todos, ni tan elegante como su padre, ni tan directo como su madre aunque quizá, aseguran que tiene más de la segunda, que del primero. Habla varios idiomas, y por teléfono, como dice la voz popular. Su móvil no cesa. Pocos sin embargo tienen su número, pero alguna chica rubia, linda, de apellido más o menos nobiliario, sí que lo tiene. Va a dar mucha tela que cortar. Quisieron que jugara al rugby pero un día me dicen que dijo.

– No es lo mío…

Yo, aquí entre nosotros, aunque no he tenido el  gusto de conocerlo personalmente, sí que les puedo decir, que no pierdo la esperanza. A mí me parece un tío, ya de dieciocho años, rebelde, carne y hueso, verdadero. Un hombre ya. Felicidades, Alteza, aunque no lo sea. Felicidades don Froilán, del que nos queda mucho que contar, para bien espero. Sí sé que le gusta el mar, la mar, como a los suyos, pero está por lo pronto, en tiempo de romance, quién sabe si igual mañana mismo…

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