El bikini cumple 70 años, ¡felicidades!

Incluso podría añadir al titular “más que felicidades, muchas felicidades”. Porque es una buena noticia que sobreviva, y porque cada año que pasa, lo hace con más fuerza.

Y aunque, lo que el otro día hizo noticiable en el verano que ya vivimos, y sobrevivimos, sea, el bañador de nuestra Alicia en el País de las Maravillas. Nuestra Obregón del alma, a la que ya dimos su sitio hace unos días con motivo de la puesta en escena, en carne y hueso, del solsticio de verano que ya estamos sufriendo.

Y lo que nos queda.

Así que hola, bikini, viejo amigo, que estás cumpliendo años. Unos dicen que sesenta y tantos, otros que setenta y cinco, así que redondeo, y le saludo con el número hermoso del setenta. Porque más o menos por esa fecha, y en París y no en Estados Unidos como muchos creían y que casi era lo lógico, vino al mundo el bikini bañador, -por que el otro bikini ya existía y desde hace mucho tiempo- era ni más ni menos, como puede verse en el mapa, una isleta chica, en los lejanos océanos donde se ensayó mucho de la fuerza atómica, y el atolón de bikini fue de los primeros objetivos. Tanto es así que de aquel pedazo de tierra, emergente de la mar inmensa, solo quedó una tierra desolada, casi desértica, de la que solo queda el recuerdo.

hoy

Por eso, al ingeniero francés Louis Réard, que creo era su nombre, que vivía en París, quiso llamar bikini -que también se escribe con Qu, o sea biquini, aunque pierda una letra un tanto exótica- a una pieza apta para el baño sobre todo de la mujer, en el que se cubrieran algunas partes, pero otras las que podríamos llamar piel desolada, merezcan la caricia del sol, si bien aprovecho para escribir y aconsejar que con cuidado, con mucho cuidado, que el sol, el rico sol, el querido sol, es bueno, necesario incluso como decía mi abuela del vino. ¡Pero ojo! ¡Que en pequeñas cantidades es un tónico, y en muchas, es tóxico! Quema.

El ingeniero francés en cuestión, lo presentó en una fiesta, o sea el bañador en dos piezas ofrecido, aunque con menos generosidad que ahora. Más bien, cuidándolo más generosamente en cuanto a la tela se refería. Ya saben lo que quiero pretender decir, porque no soy un experto en la materia. Eso sí, decirles también que he visto bikinis en muy diversos cuerpos maravillosos. Que aún recuerdo aquel anuncio viejísimo de las calles de Estados Unidos, de aquella niña de trenza alzada que corría de un perrillo que tiraba de su bañador, con una crema para el sol en las manos.

– No es lo mejor, pero si lo que está más cerca de lo mejor.

brigitte

Atrevido anuncio para aquella época pretérita de la que les hablo. Bueno, pues yo he visto a Brigitte Bardot, en Almería como digo siempre, cuando Almería era Hollywood, con un bikini despampanante, y creo que fue a Ursula Andress en Marbella, donde floreció el bañador en dos plazos, de los primeros que he visto porque, por ejemplo, el cuerpo escultural de aquella sirena que fue Esther Williams, a la que entrevisté, lógicamente, junto a la piscina de su casa de los montes dorados, en Hollywood, fue en bañador, completo. Es más, les puedo contar que alguna de las muchas estrellas rutilantes que no usan bikini, es porque no han sido “operadas del ombligo”, aprovechando para decirles, que el llamado botón de la vida más lindo, que he visto en mi vida y he visto algunos, es el de la Duquesa de Montoro. Se lo he dicho por escrito, y en la televisión, y ella me lo ha agradecido no llevándome a los tribunales porque ya saben ustedes el decir que dice: “Dime qué ombligo tienes y te diré quién eres”.

ursulaandress

Es clave para el lucimiento del bikini que no podemos decir que vuelve, sino que permanece, por lo general es muy agradecido, aunque hay que cuidar su uso. Tampoco demasiado, que para eso el tanga, ya saben, pero si es justo en su medida, es elegante. La cadera puede convertirse en cadera perpetua jugando a las palabras. He visto bikinis de piel de leopardo, imitación claro, con lazo lateral de oro falso, bikini como aquel, por ejemplo, inolvidable, de la actriz suiza emergiendo de las aguas tranquilas delante de la mirada agradecida de James Bond, eso sí con una caracola de mar, en la mano, que como saben se usa con frecuencia y eficacia para escuchar la mar desde la cama, aunque la mar este lejos.

Entre el bikini y el bañador está el trikini, que tampoco les voy a decir que no saben lo que es. Es muy aconsejable en diferentes ocasiones ya este año se ofrece de colores variados, túnica africana exótica, y que de alguna forma cubren partes del cuero laterales, donde  se ofrece la llamada “panza del vientre” a la que tanto hay que cuidar en en tiempo espléndido pero peligroso del verano.

ursula-andress6-getty

En fin, que alegría en el cuerpo, por que “lo que se han de comer los gusanos, que lo puedan ver los cristianos” que dice el refrán, y a usar el bikini, que yo recuerdo bien el tiempo que se acercaban a las suecas rubias y doradas en la Costa del Sol a pedirles el pasaporte porque iban “a torso abierto” por mis playas del sur. Siempre decían aquellas nórdicas sufridas como un cangrejo rojo de tanto tomar el sol peligrosamente casi desnudas:

– El pasaporte lo tenemos en  la habitación del hotel, que con la arena y el agua se moja…

El bikini se hace presente en la moda, habitual, y diaria de estas fechas. Se pierde tela, dicen los comerciantes que quieren, a toda costa, que vuelva el bañador, incluso el tiempo del cinturón de calabazas. ¿Recuerdan ustedes abuelas de mi alma, mi memoria y mi quinta?

El topless es otra cosa. Quizá más adelante en agosto, merezca otro blog. Ya veremos.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer