Aquel día que jugué al fútbol con Pelé en la playa de Copacabana

La verdad es que mi relación con el fútbol no ha sido excesiva, aunque realmente existe. De muchacho fui portero en los equipos de los sitios por donde pasé de estudio, sin demasiada brillantez, las cosas como son. Era un chico listo, aunque no inteligente. Vale.

Me gustaba ser portero de fútbol por una razón tan solo, que ahora debo reconocer en la distancia. Me gustaba el jersey de cuello alto de los porteros de mi tiempo. Mi ídolo era, por ejemplo, Ricardo Zamora. Pero me marcaban muchos goles, por debajo y por arriba. Después, tuve la inmensa suerte de hace el guion con Summers, de la película, premiadísima en su tiempo, Juguetes rotos. Se contaba la historia, entre otras, de Crepúsculo, de Gorostiza, aquel mítico futbolista que encontramos en un asilo de Bilbao. Una historia triste, dramática. Lo recuerdo perfectamente. Me sabía la alineación de mi equipo Granada Club de Fútbol, que ahora mismo si bien no entera recuerdo para ustedes mis leales: Floro, Millán González, Maside, Bonet, Sosa… Tampoco les quiero cansar. Me gustaba saludar a su paso por mi barrio al pequeño héroe ‘Trompi’, a Ben Barek y a los hermanos Lesmes, que eran de Valladolid. Yo estaba en el estadio de los Cármenes el día que de un balonazo en el pecho se fue a la gloria el portero Alberty. Aquel silencio bien que me llena la memoria…

3

Luego, pues, he tenido algunos amigos futbolistas, y debo decir, que soy socio de honor del Granada Club de Fútbol y que tengo una camiseta de mi equipo, con el número diez en la espalda. Hace tiempo, me la ponía para dormir…

También les cuento cuando ya era periodista de la calle, en el diario Pueblo, me enviaron a entrevistar a un tal Di Stéfano, que acababa de llegar desde Argentina al Real Madrid. Dicho y hecho. Me fui al Bernabéu, y allí al primero que pasó le pregunté, si sabía dónde podía ver a un tal Di Stéfano… La persona a la que le pregunté, rubio, de aire lejano, me miró de arriba abajo. Yo era un pibe y me respondió:

-Pero vamos a ver, pibe… ¿no sabes con quién estás hablando? Yo soy Alfredo Di Stéfano.

Con el acento del tango. Después fuimos buenos amigos. Es más, visité con él su granja de gallinas en las cercanías de Barajas, y hasta recogí algún premio a los viejos gloriosos de la revista Júbilo,  años más tarde. Etc., etc…

Pesqué incluso, a mano, con el mismísimo don Santiago Bernabéu en Santa Pola, donde veraneaba mientras doña María, su esposa, le veía pescar y le vigilaba desde aquella ventana que daba al parque marinero. Yo no pesqué nada, pero sí una entrevista con el grande del fútbol, que siempre me quiso, como buen manchego que era.

Y a lo que voy. Leo en los periódicos, veo en la tele, la radio me lo cuenta, que Edson Arantes Do Nascimento, nacido en Minas, en el corazón de Brasil, hace setenta y cinco años, más conocido o mundialmente conocido por Pelé, con acento en la segunda e, (posiblemente el rey del fútbol de todos los tiempos, por encima incluso del propio Messi, Cristiano, incluido Maradona) se acaba de casar por tercera vez con una mujer que tiene veinticinco años menos que él, linda, una riquísima empresaria brasileña aunque de origen japonés, no hay más que asomarse a los rasgos exóticos de su rostro, llamada Marcia Cibele Aoki, y la foto con la tarta nupcial ha dado lógicamente la vuelta al mundo, que es redondo como un balón de fútbol.

2

Yo puedo presumir hoy de que jugué al fútbol en la playa bellísima de Copacabana, con ‘o rei’ en persona, hace muchos años, para el inolvidable programa de televisión Trescientos Millones. Jugamos muy de mañana, mientras un futbolista legendario como Pelé, llamado Garrincha, sentado en una silla de lona nos aplaudía. Jugamos con una pelota de trapo y goma, de neumático, como aquellas con las que aprendió a jugar el grande.

-Nosotros vivíamos ahí arriba, en la favela, pero solo íbamos arriba para dormir. Teníamos el salón más grande del mundo, que era nuestro, de verdad. Esta playa única donde estamos. Éramos los más ricos, siendo los más pobres… Pero éramos felices. Aquí me hice yo futbolista, en este campo de arena blanca…

Hay documentos gráficos, ¡ay el día que podamos asomarnos de verdad al archivo de la tele española, sobre todo, donde uno nació y murió tantas veces!

Se casó dos veces Pelé, pero parece ser que sin demasiada suerte. Volví a encontrármelo otra vez el día que Barcelona fue elegida en Suiza para ser la sede de las Olimpiadas del noventa y dos. Nos abrazamos como viejos amigos. Ahora le mando desde aquí, después de los dos naufragios de sus anteriores matrimonios, otro abrazo fuerte. Lo han celebrado en Sao Paulo. Lo de la tercera boda, digo. Vale. Felicidades campeón, a ver si nos vemos cuando vuelvas por España, que de vez en cuando vienes. Leo que Pelé, con acento en la e, sonriente en blanco sobre su piel morena, ha dicho en alta voz:

– ¡A la tercera va la vencida! Este es mi definitivo amor, somos novios desde hace más de cinco años.

pele1

Dicho y hecho. No sé dónde he leído que igual vienen a España de viaje de novios. Creo que ya lo han hecho alguna otra vez de solteros. De todas formas, señor y señora Pelé, felicidades. Que marque usted su gol definitivo.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer