Iniesta, don Quijote de la Manchuela

No tiene la talla física de don Quijote y además, no le hace falta. Con su uno setenta de estatura, este humilde manchego, inteligente, rápido, porque por él no pasan los años, lo demuestra claramente en el lenguaje de Cervantes, su paisano, que es un Quijote con la lanza prodigiosa de su pegada, de su “reparto” futbolístico en el campo. Ya demostró quién era en los mundiales, ¿recuerdan? Y ayer por la tarde demostró que sigue siendo el primero en lo suyo.

La Manchuela es una parte de la Mancha, en la provincia de Albacete, donde ya se acerca al corazón de España más hacia el norte, en la linde de Cuenca. Cuando servidor escribió para el diario Informaciones de Madrid, la serie de España por el talle, que luego se convirtió en dos libros, el segundo con el nombre de Carretera y manta. Hubo que recorrer toda España durante un año para contarla en vivo y en directo, día a día, pude comprobar la fuerza, el talento y el trabajo de esta parte de la Mancha, dura y pura, con el invierno de hielo y el verano de fuego.

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Digo yo que aún no había nacido en el pueblo de Fuentealbilla, que ahora les puedo contar que fue uno de los nombres que en su día le llevé a Pablo Neruda, premio Nobel, hasta su casa del fin del mundo, en isla Negra de Chile, junto al Pacífico. Fue este, este nombre, uno de los que le llevé como regalo, ya que don Pablo, entre otras cosas, coleccionaba nombres de pueblo de España. Y así me llevé el de Fuentealbilla, cuando los de la familia de nuestro héroe no era más que una joven pareja, que trabajaba para sobrevivir, ella en el bar local, y él, el padre, Andrés, en el ladrillo. Era una manera de seguir adelante. Pero aún Fuentealbilla no estaba en el mapa de lo conocido.

Hoy, con sus dos mil habitantes, sus viñedos buenos, su paisaje de olivos, al fondo, la torre de su iglesia, es un pueblo ya popular, no diría yo que solo en toda España, sino en todo el mundo.

Fuentealbilla es el pueblo donde nació Andrés Iniesta, nuestro grande en todos los aspectos, que aunque no marcara el gol del lunes, en Toulouse, Francia, en el primer partido oficial de la Eurocopa, con el equipo de la Roja, fue también el que hizo capaz el milagro de que el rey de España, don Felipe, diera el salto más grande que había dado desde que es rey.

Fue en el palco cuando marco el golazo de los últimos minutos junto a los checos, duros chicos no cabe duda, don Felipe no pudo hacer otra cosa más que romper el protocolo, y saltó como en sus mejores tiempos. Aunque el gol quien lo marco y de cabeza, fue el catalán Piqué, con acento en la “e”. El marido de Shakira, un gran deportista sin duda, que además había dicho unos días atrás en una entrevista: “Para mí es un honor jugar en el equipo de España”.

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Y fue el que marco el único gol de la tarde de angustia, que precedía a la noche del debate político de a cuatro. Durante los noventa y dos minutos del partido contra los checos, Iniesta no hizo otra cosa -que no es poco- que lo que siempre hace, repartir juego, colocar el balón en la bota misma de los grandes depredadores del gol. Ya lo hacía desde cuando siendo un niño jugaba en el equipo de su pueblo, y se vio lo que era capaz de hacer, así que lo mandaron a La Masía de Barcelona, de donde ya no se movió hasta saltar al campo con el equipo titular, uno de los mejores del mundo, el Barça, en el que está y donde reina, además, como capitán del equipo.

Es muy grande este Iniesta, al que ya coreaban los aficionados de la Roja en la hermosa ciudad francesa de Toulouse. Ni un minuto siquiera dejó de hacer su trabajo, tan impecable, como implacable. Y así fue cómo llegó a ser el mejor, como tantas otras veces, desde que jugaban en las era de su pueblo. En Fuentealbilla, donde está su casa, con una terraza volada sobre el paisaje, donde está su bodega, que se llama Luján, y donde guarda su vino en grandes vasijas de barro iniciáticas del tiempo del Quijote, blanco y tinto, formidable, rico de madre y donde está una calle que lleva su nombre.

A muchos niños de los que nacen, no ya en la Villa, sino en la Mancha entera, más allá incluso de Albacete, les diré que le ponen su nombre. Y más aún el gran compañero, el gran aldeano de lujo, atención, que es el hoy el primer accionista del Albacete Club de Fútbol. Él es por lo tanto nuestro protagonista del post de hoy. Dicen que gana cinco millones de euros al año en su equipo, pero merecería ganar más del doble. Espero que a lo largo de este día con la hora cambiada, en América, Messi, su compañero, le telefonee desde su móvil para felicitarle. ¡Estuvo inmenso el manchego!

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Él, su esposa Anna y sus hijos están orgullosos de su capitán en un hogar sin alardes. Y yo hoy me siento feliz de ser de pueblo, como él, campesino total, agricultor de origen. Me gusta su sonrisa, su alegría nunca ficticia, su manera de alzar, ya sea la Copa de Europa, como la del Mundo. Tiene treinta y dos años, y si se le dice viejo, es por lo que sabe. Por lo que siente. Merece ya, majestad, un título, que si no, se lo ponemos nosotros.

A ver qué tal suena lo de marqués de Iniesta, aunque igual existe, nosotros le llamamos “príncipe de Fuentealbilla”, que es un título cervantino. Y como los suyos dicen en las fiestas aquí su grito, que es el nuestro: “¡Illa illa illa, viva Fuentealbilla!”

Y de nuestra cosecha, este otro: “¡Esta, esta, esta, es la raza del Iniesta!”

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