Fabiola de Osborne

Hace unos días, en el AVE, que me lleva y me trae a Sevilla cada semana, se me acercó -yo sentado- una mujer alta, elegante, preciosa, y me dijo:

–  Soy Fabiola, la mujer de Bertín.

La miré despacio. Le respondí de prisa.

– No tenías que decirme nada, sé quién eres, señora.

Me levanté como Dios manda, que decía mi abuela, y la educación también, y la besé en la mano primero, cuando estaba sentado, en las dos mejillas también.

No era la primera vez que lo hacía, sin embargo. Habíamos trabajado juntos, es un decir, en un programa de televisión para toda América, la nuestra, la de nuestro idioma, con Bertín también, lo que pasa es que su marido entonces, solo cantaba, creo, que era siempre la gran atracción. El programa creo que lo producía mi buen amigo Alfredo Fraile, del que no sé desde hace tanto tiempo, y que me encantaría darle un abrazo, pero ya mejor mañana que pasado.

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Lo hacíamos en un estudio de las afueras de Madrid, y me gustaba verla y estar a su lado, dando de vez en cuando el salto del malabarista de la palabra, que es lo que soy, porque Fabiola traía el aire refrescante y bellísimo de las mujeres de su tierra, Venezuela, sin duda uno de los pueblos más hermosos de América que yo he conocido por distintas causas, mucho, muchísimo. Tanto. En guerras, en combates interiores, en contactos con grandes profesionales de la comunicación como aquel que se nos murió en accidente de aviación, dicen, cuando volvía de isla Margarita a su casa de Caracas, en la parte alta, y que un día vino a presentar el programa Trescientos millones a Madrid, que bien recuerdo y de forma muy positiva.

Era un verdadero maestro de la televisión. Luego acudí en un par de ocasiones a entrevistar en dos momentos bien distintos en la casona presidencial a dos presidentes en dos momentos, ya digo los dos, de tensión, de dificultades, porque Venezuela que es tan grande es capaz de soportarlas y de salir de ellas favorecida incluso, fortalecida desde luego. A ver cómo lo hace ahora.

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Fabiola Martínez Benavides nació en Maracaibo, lugar histórico, no sólo porque creció sobre una balsa de petróleo, una de las mayores del mundo por más que la estrujen, sino porque además, Maracaibo es tierra, lugar de, por ejemplo, cantantes muy buenos y mujeres más bellas que ninguna otra mujer bella del mundo y sé lo que me digo.

Fabiola, que vino al mundo el día de los inocentes del setenta y dos, ajusten cuentas que yo no tengo tiempo, ya saben que se lo digo siempre, es ahora una dama culta, elegante, de muy buen mirar, que quiso estudiar medicina, incluso cuando se presentó, la presentaron al concurso de belleza de su estado, el de Zulia, teniendo en cuenta nosotros que este pedazo de tierra, miren el mapa, es capaz de dar en muchas ocasiones por ejemplo el título de Miss Universo o Miss Mundo a algunas de las criaturas nacidas en sus confines.

Así que nuestra Fabiola alcanzó el de Miss Venezuela, que no es poco, y no alcanzó el del planeta tierra porque ya era suficiente para ella. No tengo sitio para contar tantas cosas como quisiera, pero es el caso que ahora se publica que igual, la temporada que viene, en lugar -o además- de estar junto a Bertín en algunas de sus casas -la de Sevilla, que para mí la quisiera, o la de Madrid, que también-, en cualquiera de los programas de su esposo siempre con tan buena audiencia, me dicen los confidenciales que igual presenta su propio programa en Telemadrid, y eso para empezar. Que tengan buen cuidado, en que no sea a la misma hora y el mismo día que el que presenta Bertín en Telecinco. Porque podría sufrir del mal de la audiencia que es insoportable, se lo digo con conocimiento der causa en mi propia carne y alma, sufrida a lo largo y a lo ancho de más de cincuenta años de televisión.

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En el año dos mil seis se nos casó Fabiola con el andaluz universal ya, Bertín Osborne. Hace diez años. Y ¡HOLA! lo cuenta en su último número con las palabras que la guapa venezolana ha dedicado a su marido: “Hace diez años dije ‘sí, quiero’, hoy digo ‘sí, quiero seguir a tu lado’”.

En este tiempo han tenido dos hijos. El primero Kike, al que podemos decir que quieren más que a nadie sus padres. Es un niño, ya un muchacho, casi un hombre grande, que nació con un problema cerebral. Fabiola y Bertín, desde que vino al mundo el niño, centraron en él lo más fuerte de su amor, aunque tienen dos hijos, porque Kike lo necesitaba, no lo pedía pero como si lo pidiera.

Y ahí el matrimonio se hizo más grande, y como alguna vez los dos han dicho por separado y juntos: “El dolor y la ayuda han hecho que nuestro amor no solo perdure sino que sobre todo aguante y se haga más fuerte y más grande”. Él es presidente de la fundación que lleva su nombre, para luchar a favor de los niños con este tipo de problemas, y ella es la vicepresidenta. De Bertín ya sabemos todo o casi todo, que nunca se sabe todo de nadie, y de ella menos, pero bastante para reconocerla sabia, culta de la sangre y de los libros, y ante todo solidaria, luchadora, excepcional. Mucho más que la sombra de su marido. Mucho más. Es la buena sombra de uno de los hombres más populares de España y de Ámerica.

  • Leer a Tico ya es un placer pero leer lo que ha escrito sobre esta belleza venezolana es para enmarcarlo.yo he vivido 34 años en Venezuela comence trabajando en Recepcion del Hotel Tamanaco donde Bertin era cliente asiduo y ahora ya de regreso a España tuve la fortuna de compsrtir con el y Carlos Baute una reunion en Madrid.Gracias Tico por este relato msravilloso de una mujer EXCEPCIONAL a quien los problemas la han hecho mas grande y al lado del MONSTRUO HECHO HOMBRE que cada dia nos muestra mas facetas de su vida de su forma de ser.Lo vere en Leon en unos dias.Gracias a todos por compartir esas vivencias

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