Bienvenidos sean los Obama

Porque nos referimos a la hija del presidente de los Estados Unidos de América, que viene con su padre y se queda después, un tiempito, aprendiendo español en Madrid, capital de España. Lo han confirmado, parece ser, los que en esto están. O sea, eso que se llama, “fuentes oficiales”. Tiene la hija mayor del presidente, de las barras y las estrellas, una sonrisa igual que la de su madre, y un estilo abierto, cercano, nada distante. Responde por lo general a su nombre de pila, que es muy moderno y hasta musical, tropical diría yo incluso, Malia.

Vino al mundo en Illinois – eso dicen los papeles de su biografía oficial- y ha cursado la secundaria en la -a ver si lo escribo decentemente que para el inglés soy un verdadero desastre- Sidwell Friends School, y por lo que leo, sus padres, el presidente y su esposa, le han concedido que disfrute de un año sabático. Esto es, que haga lo que quiera en los próximos doce meses. Y ella ha elegido estudiar español, de lo que ya tiene nociones como demostró en el último viaje de su padre a Cuba, donde pudo demostrar claramente como traductora no oficial, que conocía el viejo idioma castellano.

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Están deseando venir a España, sobre todo Malia, la hija mayor del presidente, para quedarse. Como ya les digo. Primero han dicho que tendrá una beca en la embajada de los Estados Unidos en Madrid, que el embajador James Costos y su pareja Michael S. Smith son buenos amigos de los Obama, incluso íntimos, puesto que ayudaron mucho a Barack en lo que fue su carrera presidencial. Pero al final no será así.

Incluso cumplirá los dieciocho antes de acompañar a su padre y a su madre en el viaje oficial a España. Verán Sevilla, aunque Andalucía ya la conocen de cuando vinieron aquí hace un poco tiempo, y su madre, su hermana y ella, pasaron unos días en el sur, incluido Granada, claro, donde se sabe de buena ley que degustaron los cinco sentidos en el asombro de la Alhambra, una de las grandes maravillas del mundo entero.

No olvidan, por ejemplo, entre otras cosas, aquella noche en un tablao en el que vieron bailar a la enorme artista Pilar Astola, gitanísima, esposa además, de uno de los grandes comunicadores andaluces de Córdoba, tenía que ser, Rafael Cremades. Y sobre todo, el delicioso sabor de aquel helado napolitano que tomaron de urgencia, y de sorpresa, nada oficial por supuesto, en la heladería italiana, Cassata Napolitana, de la Gran Vía de Granada, casi frente por frente a la capilla real donde descansan los restos de los Reyes Católicos, y doña Juana la Loca, su hija, de gran actualidad.

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Lo dicho. Que Malia, si viene, sea como sea, será bienvenida, y que estoy seguro de que lo va a pasar di-ví-na-men-te, o como se dice aquí, divina de la muerte.

Igual encuentra novio en esta tierra nuestra, porque aparte de que forma parte, según dice el ABC, de un grupo de las veinticinco damas más influyentes del catorce y también según dice la acreditada revista Time, lo cierto es que tanto ella como su hermana Sasha, que tiene tres años menos que la mayor de la casa, van a encontrar en esta tierra nuestra, o al menos eso deseo, una larga vacación, una fructífera educación, inmemorable.

Somos buena gente Malia, sé que quiere estudiar también comunicación audiovisual, y de eso, más por viejo que por sabio, sé un poco. Ya sabemos además que el ¡HOLA! de cada semana es una de las revistas más deseadas de la Casa Blanca. ¡Bienvenida, Malia!

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