‘¡PEDROOOOOOO!’ Almodóvar

Es el grito, porque fue un grito, que dio Penélope Cruz cuando, presentando los Oscar de Hollywood aquella noche inolvidable del 1999, al abrir el sobre que guardaba la sorpresa máxima del cine. Vio quién era y no pudo remediar aquel alarido, porque eso fue una mezcla de sorpresa y amor al mismo tiempo…

– ¡PEDROOOOOOOOOOOOO!

Y no dijo más, no hacía falta. Pedro no había más que uno, y menos así tratado por casi todos. Un español que volvía a ganar el tío Oscar, el primero dos años atrás por el mejor guion, y este que el manchego ya universal se lo llevaba de calle por aquella película inolvidable suya, Todo sobre mi madre. ¿Recuerdan?

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Aquella fue una noche grande para España, aunque fuera tarde noche en California. Los relojes cambiados pero el éxito solo uno. Para un manchego que ahora acaba de cumplir, creo -siempre tengo dudas sobre los años de mis personajes y tampoco me importa mucho-, ajusten cuentas… nació en el cuarenta y nueve, ya me dirán ustedes.

Lo dicho, de La Mancha, y más aún en este año que es cuando en España se celebra, ya lo saben, el cuarto centenario de Cervantes. Y él, aquí entre nosotros, con su pelo revuelto, tan blanco, y no son canas sino como digo siempre, se trata del resplandor, palabra que a veces uso y que emana de su cabeza genial. Parece así de entrada como un Sancho moderno, nacido en Calzada de Calatrava, en el corazón de la tierra inolvidable. Pero ojo, que lo que se trata es de la inteligencia de un Cervantes con la locura, insisto, genial de don Quijote. Es un español excepcional que maneja la magia como si fuera algo diario y habitual, y lo de cada día con un toque de lucidez poco frecuente.

Quiso ser, o quisieron que fuera, cura, y en un seminario de Extremadura estuvo un tiempo. De haber seguido en el habría llegado por lo menos a cardenal de  Florencia, como poco. Pero salió a tiempo y trabajó en muchas cosas hasta que en Madrid se dieron cuenta de que aquel muchacho de La Mancha llevaba los hombros de pana cubiertos de mariposas, como contaba Federico, que era el inmenso poeta Walt Whitman.

No se trata de una metáfora. Hablo huyendo de la Wikipedia, que aunque a veces arroja una luz, la verdad es que a ratos también se equivoca o no sabe llegar.

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Pedro tiene su pareja, y se nota mucho que sufre o goza según lo que haga, no hay más que mirarle a los ojos, quizá por eso lleva casi siempre las gafas oscuras. Ha sido el padre, aunque no tenga hijos biológicos, de muchas cosas hermosas, atrevidas, suicidas siempre en otro tiempo. Es creador directo de la Movida de Madrid, de España y del mundo entero, esa especie mágica de alegría y valor que se derramó por el mundo entero como una plaga de futuro. Formó parte de aquel grupo escandalosamente rompedor y se sobrevivió a sí mismo con temas inolvidables, incluso poniéndose las medias entonces de costura, de cristal casi, sobre los grandes tacones de los travestis de la época.

Grande este Pedro, que trabajó en la Telefónica, y que con su hermano, que es la cola del cometa “¡Pedroooo!”, hizo en su día valientemente una productora a la que ya entonces llamó Deseo, y que aún perdura, y no solo para los Almodóvar, sino incluso para otros compañeros que ayuda, y no se equivoca, siempre acierta este Pedro, que es hijo de un Manchego, que sabía mucho de vino y de una mujer para el inolvidable, su madre, que terminó vendiendo en su propia bodega el vino que los suyos recogían y que era espléndido, por cierto, al sol y a la sombra.

Pedro es amante del color, ha creado, incluso, yo diría que una forma de color que yo llamaría estilo narguilé, con acento en la “e”. Guionista y bueno, tiene un Oscar por una de sus películas, buscador de ambientes inusitados, creador de personajes excepcionales, que uno quisiera que vivieran y respiraran en tu propio barrio. Rebelde y aguantador, como está ahora demostrando a cara descubierta lo que se ha escrito de los hermanos Almodóvar en la llamada Operación los papeles de Panamá. A veces actor, aunque pocas, porque sabe que ya lo ha sido demasiado, y que ha conseguido el milagro en el mundo entero de que sus películas, muchas veces sean proyectadas sólo por la genialidad de su director.

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Habla como la gente de la calle, alguna vez se ha comprometido políticamente, pero ahora dice que no le volverá a ocurrir, pase lo que pase. En lo de la alfombra roja de Cannes, ya han visto que se ha retratado con lo que se llaman “sus chicas”, y en la que si reuniera a todas necesita el Coliseo de Roma para amontonarlas. A ver lo que pasa en Cannes este fin de semana cuando llegue la gran verdad de esa fiesta del cine, donde Julia Roberts creo que ha caminado descalza sobre el césped artificia pintado de color sangre, aunque a veces parece ser más la alfombra rosa que la alfombra roja tradicional.

Todas las grandes, todos los poderosos del cine quieren trabajar con él, y algunas ya lo han hecho. Sin embargo, esta vez no estaba Penélope Cruz, que estaba aquí en Madrid haciendo la película La Reina de España, a cuyo rodaje acudió la verdadera Reina española, doña Letizia, gran admiradora de Pedro y de su cine que tantos días de gloria, de brillo, está dando a España. Nuestra ¡HOLA!, como siempre, ofreció en este último número ese gran reportaje.

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Pedro, fervoroso admirador, vampiro de lo que es lo del pueblo de verdad, creador de personajes, increíblemente conseguidos, Quijote, luchando contra todos los molinos, sabiendo que son molinos con su aire de obispo de Bertolucci, forma parte de la Historia de la España, que en su día fue la de Goya, y después de, por ejemplo, aquel gran director que se llamó Luis Buñuel y con el que un día fui a almorzar cigarrones con aguacate en aquella taberna que se llamaba El perro andaluz, al otro lado de la calle Reforma, en la ciudad de México donde don Luis, que también alcanzó un Oscar, lloraba añorando a España.

A ver si su Julieta tiene en Cannes, capital estos días del cine mundial, sitio para triunfar. Ha gustado mucho a los sabios del arte más completo de nuestro tiempo. Pedro tiene todos los números de esa lotería. O casi todos. La semana que viene lo sabremos. En España, su Julieta, última película sobre la íntima vida diversa de las mujeres, de las que sabe más que ellas mismas, no ha tenido mucho éxito. A ver si lo consigue, en esa fiesta de los grandes del cine. Lo que sí se sabe es que de esa Julieta, Pedro ha sido su Romeo.

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