El Rocío y San Isidro, fiestas de celebrar


 

Recuerdo, siempre lo mismo, aunque ha habido un director de cine, en lo de Cannes, que acaba de comunicar:

-He descubierto la melancolía.

Ya era hora. Sin la melancolía, sobre todo los que hemos vivido otros tiempos, no seriamos nadie o casi nadie. Es prima hermana de la nostalgia, hermanastra de la depresión, bálsamo suave para los que hemos vivido mucho sobre todo para contarlo.

Asi que aquí estan hoy, cuando ya se han celebrado, con la melancolía necesaria, como quien mucho ha vivido para contar siquiera lo que vivió en otro tiempo, dos fiestas de celebrar, de mucho celebrar aunque tengan cada una su propia geografía.

Lo digo, porque recuerdo, siempre lo mismo, cuando nos decían de las “fiestas de guardar”, ¿si?

Pues, hoy, fiestas que celebrar. De mucho celebrar por supuesto en Madrid, desde Chamberí donde recuerdo para ustedes. Anoche, o mejor  dicho esta misma mañana en la inolvidable madrugada del domingo al lunes, los devotos y  valientes almonteños, que no hay sitio para otros, han “asaltado”, por encima de ella, la alta verja de la Ermita que guarda la pequeña y bonita Virgen  que un día se le apareció a un pastor en el vientre seco de una encina. Y allí nació, la devoción formidable, a la que uno además, claro, ha asistido, ha vivido, y no solo una vez, para contarla, más aún, para cantarla. El viernes por la mañana a primera hora Carlos Herrera en su programa para toda España, ese día desde el Rocío donde el gran comunicador tiene casa propia, aseguró que Tico Medina, que es servidor de ustedes, dijo en una ocasión de esa romería, que era “la estampida de la fe” si bien tengo que reconocer hoy mismo, a cada cual lo suyo, que la fulminante definición no era mía, sino de los japoneses que conmigo, esa madrugada hace ya muchos años, yo retransmitía en directo para la televisión de América, en el programa trescientos Millones,  aquel increíble, formidable, inolvidable grito millonario, multitudinario de la fe cristiana, desde el coro de la ermita, envié el clamor fascinante, de aquella multitud joven, que se saltaba todas las leyes de la gravedad, para llevarse a su virgen, a hombros durante toda la noche por los campos de la oración, de Almonte. Los japoneses enviaban la imagen a todo el mundo de su civilización con el asombro y casi el espanto de un  pequeño pueblo allí al final de Europa que se convertía en la sorpresa del planeta llamado tierra.

Hoy recuerdo como si estuviera mas que viéndolo, viviéndolo el largo momento único. Entrevisté a las dos hermanas que vestían a la Señora, la  Divina Pastora, y recé en soledad, cuando todo acabó, y ya iban de vuelta carros, carrozas, emblemas, y 117 devociones, este año, llegadas de todo el mundo, que ni la lluvia ni el barro han podido, con el paraguas inmenso de su deseo todo el año esperado.

La Virgen del Rocío, abajo, que no hay más que mirar al mapa. A estas horas los que ya vuelven a sus lugares de origen, cansados pero felices. Han pedido y han agradecido, todo lo que tenían que hacer, y ahora, regresan, vuelven, con la ojera puesta de la larga marcha acompasada. El año que viene, he prometido públicamente y por la radio, que la oye todo el mundo, que iré, aunque sea el ultimo día y en silla de ruedas, si permanezco en pie, y aun no soy ceniza, como mi compañero y amigo Fernando Múgica, que se nos acaba de ir, el gran reportero impávido, con el escapulario de su máquina fotográfica al cuello, con ese aire suyo de amigo de los niños y las iguanas. Ya estará donde deben estar, solo ellos, los dioses de paisano.

Y luego, pues lo nuestro, lo de aquí, de Madrid, ojo, y también tantos otros pueblos, ciudades, sitios de España, entera, donde san Isidro es su patrón. Muchos. Muchísimos, ademas de Madrid, porque el santo, es ademas, el patrón de los labradores, de los campesinos, de los agricultores, que yo soy un poco de ellos en el fondo. Por que vine al mundo, en ese pequeño pueblo de olivos, de los Montes Orientales, de granada, en la ruta nazarí, que se llama Piñar, con su castillo arriba, con su cueva de las ventanas, donde hay una calle, que lleva el nombre del periodista Tico Medina. Menos mal que sobrevive a todos los avatares. Eso si, los campesinos todos, celebran el día de su santo patrón, en el tiempo que vivimos, “a ser posible, trabajando” como me decía ayer mismo un  paisano que vuelve a dormir a su pueblo, todas las noches haga el tiempo que haga y  por lejos que este de su madre y su nacimiento.

San Isidro Labrador- muerto lo llevan en un furgón

El furgón era de paja- muerto lo llevan en una caja..

Cantábamos cuando éramos niños, en la ladera del castillo dónde pastaban las cabras de mi abuela concha.

Amo el campo. Me gusta, quiero volver a vivirlo, pero ya, tanto o más, que amo a la mar, inmensa, y misteriosa, donde a poco muero aquel día de la gran marea en la playa de corralejo de Fuerteventura en las canarias.

Hoy día 16, aunque ayer fue el día grande, con todos los tópicos, típico, juntos, las rosquillas, tontas y las listas. A mi me gustan más las primeras, por que se dejan comer mas fácil y perdonen por la frase machista, y además, ayer salió a la calle, a los barrios madrileños, el pobre labrador, esposo de María de la Cabeza, a la que también hicieron Santa, Isidro, el bueno, el pana, que mientras dormía, el pobre hombre cansado de trabajar la tierra de otro que no era él, el de lo alto, le enviaba un angel, para que manejara el arado romano con el que Isidro, abría el surco de la vieja tierra castellana……..

Las chicas casaderas han dejado por un momento el ordenador o la esperanza, y se han ido, pañuelos a la cabeza,  rosas de papel, para que no se  puedan marchitar que no hay cosa más bella que una  flor fresca, ni nada más triste que un clavel, agonizante. Chulapones, churros calentitos, en la madrugada, si es posile de un día para otro, por que hoy es fiesta en Madrid, la procesión en la calle, los toros de por la tarde, que los vi, en directo en la tele y sentí de nuevo el gusanillo, que me muerde la manzana de mi viejo corazón torero…

La fiesta, la feria, la bulla, el bollo, el dulce, el brillo, pocas cosas con vallas…las bellas, la villa, del oso y el madroño y perdonen este triste alarde de  palabras pero es que a veces no puedo remediarlas…

O sea, alegría para el cuerpo y como dicen, decimos los andaluces, aunque sea solo por un día, o dos a lo sumo, “que no nos falte de ná” con acento en la a, que es como bien suena. Y termino, para que parezca ripio.

Que mañana Dios dirá. Con acento en la a, como dios manda.

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