Carta de despedida a Miguel de la Quadra Salcedo

Querido Miguel,

Lo supe quizá antes que nadie, entre otras razones porque tú me lo habías dicho por teléfono mientras jadeabas ya con los tubos de la respiración abiertos de pan en par:

-Ya sabes que me estoy muriendo….

Cómo será la cosa Miguel, que una de las muchas crónicas que he escrito de ti este fin de semana tan triste, incluso en mis palabras del viernes a las doce en la radio COPE, en el programa de Carlos Herrera y para toda España, fíjate, solo fue para tu memoria, mi querido Miguel, que tanto nos enseñaste y a mí el primero.

Hace unos días Zoilo Martínez de la Vega, que tanto nos ayudó en su Centroamérica abriéndonos tantas puertas, enorme reportero, que guarda tantas historias que contar, asturiano legítimo, ya me avisó que había estado contigo en la Clínica Jiménez Díaz y que te había besado la mano confirmando además, su propia agonía.

delaquadra-1

Lo esperábamos todos, yo, con mi puñetazo en el pecho. Quiero que sepas sobre todo, mi querido Miguel, que han escrito, hablado, ofrecido en la tele mucho de ti, pero nunca del todo. ¡Cuánto hiciste sobre todo por España! Menos mal que por lo que veo, sigue tu ruta Quetzal, que ha sido posible gracias a tu esfuerzo, porque recibiste la orden, sí, la orden, del Rey Emérito, que te dijo que debía saber España lo que es América y dónde está América más que en el mapa y en la historia.

Has reunido las dos sangres en el mismo vaso de tu ilusión, de tu fuerza, de tu pasión por las dos orillas del océano. Cuántas cosas has contado, cuántas te llevas, sonriente Miguel, que como he dicho tantas veces ya en estos días, cuando yo llegaba a las Américas por vez primera para entrevistar en Colombia a Tirofijo -que estaba en la sierra de mítico guerrillero- tú estabas de vuelta de haber bajado todo el Amazonas, desde que nace hasta que muere, mi querido Miguel de la Quadra Salcedo, y además, de ultimo apellido, Gayarre. Nacido tú en Madrid -me entero ahora- pero de profundo corazón navarro, amigo mío, que ayer te guardamos para siempre en el panteón familiar del cementerio madrileño.

¡Y yo que había creído que querías ser ceniza y para que después te arrojarán sobre el Amazonas, o sobre por ejemplo, las letras misteriosas de Nazca, en Perú, que creímos siempre que era el cuaderno de los Dioses! Por cierto, perdona que no haya acudido a tu despedida, ya sabes, que te lo he dicho alguna vez, me he prometido que solo iré a mi entierro, y porque no tengo más remedio.

Querido Miguel, me hubiera gustado mucho darle un abrazo a tus hijos y a tu esposa, Sol, que era además siempre tu buena sombra incluso al final de todo, cuando ya había que empujar la silla de ruedas en la que te movías por el mundo. Nadie como tú Miguel de mi alma, que te has sobrevivido a ti mismo tantas veces. Con tu aire de naufrago inmortal, tu corazón de guerrero y de misionero al mismo tiempo. Te echaré mucho de menos, sobre todo cuando recordábamos a los demás que se nos habían escapado.

delaquadra-2

Es la ley de la vida Miguel, o mejor dicho, es la ley de la muerte. Una mierda esta vida de la Quadra, aunque tú la hayas elevado a la categoría de la gloria. Ahora vemos en tu última voluntad sospecho, muy serio bajo tu boina de gran navarro, el gran bigote de capitán de los tercios de Flandes, tus ojos azules de tanto mirar a los océanos del mundo. Ea.

Esta carta última es una manera de llorarte y también de saber que eres de los que no se mueren aunque se mueran. Me queda de ti, además, aquel hueso de lama del Tíbet que tuve colgado tanto tiempo, y aquel bezoar del vientre de las vicuñas que me aseguraste que era bueno, lo mejor como amuleto para la supervivencia, y queda en pie aquella invitación de aquel día en Juanito: “Cuando me encuentre bien del todo, haremos en alguna bodega antigua un cocido castellano, con el único hueso de condimento que me sobre de la operación quirúrgica, a ver si de una vez puedo poner en orden esta cadera rota que me acompaña”.

Cadera perpetua te dije, y nos reímos, y nos dimos una de vino rosado de arriba de tus montes y una de queso de las vacas de tus valles.

Adiós Miguel, que te nos has ido. Han dicho de ti no sé cuántas cosas, todas buenas, te han llamado hasta divino. Pero lo que eras es un gigante humano de la mayor calidad. Un único. Te vamos e echar mucho de menos, no sabes cuánto, que en esta tierra nuestra y en este oficio, hay que morirse para que sepan de ti. Hoy, este pájaro de la libertad que se llama el quetzal, no volará en los altos bosques de Centroamérica. Una de sus plumas largas, imperiales, es de color negro. Es por ti, Miguel, bueno, por ti y por mí, que te nos has ido. No dejes de enviarme siempre que puedas, desde donde estés, la jabalina olímpica de tu recuerdo.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer