Malú, con acento en la ‘u’, ‘ni un paso atrás’

El lunes por la noche, en El Hormiguero, barrió en la audiencia. Casi tres millones de espectadores. Apareció como le gusta mostrarse: desinhibida, valiente, mirándote a los ojos, aunque haya seis cámaras en el estudio de la Tres, espiándote, contándote. Es un monstruo de la comunicación. Es una fuera de serie. Y eso que aún no la conozco personalmente, pero todo se andará, no cabe duda. Se llama como ustedes que la siguen ya saben, María Lucía Sánchez Benítez, y es hija de un hermano de Paco de Lucía. Acaba de cumplir, ayer como quien dice, 34 años, y el otro día vi un graffiti en un vagón de tren de esos que están abandonados en las estaciones del tren, en el que se leía: “Malú, me gustas más que comer con los dedos”.

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O sea, Malú, que tiene bueno hasta el nombre, porque esa rotundidad es como un disparo en la mitad de corazón, empezará en unos días su gira por España en Córdoba. Las entradas ya están agotadas, y yo, porque también estoy agotado siempre, que si no me acercaba a Córdoba, donde escribo desde hace veinte años todos los domingos la última página del Córdoba. La sigo desde el día que la vi llorar porque se había muerto su tío Paco de Lucía, uno de los grandes, pero grandes grandes, del arte español de todos los tiempos. Algo tiene de su tío, que todo se hereda, aunque no haya nacido en el sur, que vino al mundo en Madrid capital, aún de las Españas. Mide 1,64 y tiene raza para regalar. Lo hace siempre en el disco o sobre todo, más que nada, en sus conciertos en directo. La admiro profundamente porque es valiente, dice lo que siente y canta como lo siente, rompiendo los esquemas.

En lo que es su vida, de piel adentro, es un monstruo en la escena, y en su disco último, CAOS, demuestra lo que es el ordenado desorden del arte. Tal vez, no me atrevo ni a negarlo ni a afirmarlo, tenga un algo un pellizco de gitana.

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Ama a los animales, a tope, incluso más que a las personas, ha dicho más de una vez, y siete tatuajes -ha confesado el otro día, la otra noche- adornan su cuerpo. Es disciplinada aunque parezca rebelde, y en unos días, en mayo, en el Festival de Cine de Málaga, que cada día va a mejor, se va estrenar un documental, película casi, que cuenta su vida y que se llama “Ni un paso atrás”.

– Ni para tomar impulso – ha añadido.

En México es ya un mito, y lo que le queda. No sé si les he dicho ya que tiene dos perros, y un gato, ah, y un hombre cerca, al lado justo al lado, del que cuando no quiere no habla. Si acaso accede. Dicen que es su novio y los dos, ella y él, parece que han hecho juramento de silencio. Él se llama Gonzalo Miró y viene de amores fuertes. Tiene mucha personalidad, fue el hombre de la Duquesa de Montoro, hija de Cayetana de Alba. Sabe mucho de deporte y tiene personalidad. Yo soy muy amigo de su padre, Balbin, enorme periodista asturiano, maestro de toda una generación de contadores de historias.

Es hijo también de Pilar Miró, a la que yo quise mucho, muchísimo, tanto que la llevé a televisión hace muchos años con una tarjeta de recomendación, porque trabajaba conmigo, o yo con ella, en un programa de radio para radio club Tenerife, que se llamó Café, copa y puro. Bien que lo recuerdo. Es una lástima que se nos fuera tan pronto. Incluso un tiempo tuvimos una media productora de cine juntos, que se llamó Paraguas Films, con la que hicimos alguna película de escaso éxito económico, aunque sí artístico. ¡Qué tiempos aquellos! ¡Ha vivido uno tanto…!

1

Le deseo a Gonzalo lo mejor. El otro día en Cudillero, la villa asturiana que vino del mar, le recordé mucho, muchísimo.

Aguanta bien, Gonzalo, el ser la cola de un cometa como es Malú, con acento en la “u”. Una canción de ella, que se llamó Quiero, me gustó mucho y, les puedo decir, que ya lleva más de dos millones y medio de discos vendidos. Este año se va a llevar un Grammy, en cuya lista de oro ya ha estado en más de una ocasión, merecida. Lleva consigo siempre, como un buen acompañante, un Jesúcristo del Gran Poder, y en La Voz, es una de las que cortan el bacalao del concurso. Tanto es el fervor que por ella siente el respetable, que a veces se ve obligada a rogar:

– Por favor, no me toquéis más, que ya es suficiente.

Por la gente que la adora, la pulsa, la asfixia a veces. Malú, con acento en la “u”, lo aguanta todo, menos lo que no aguanta y entonces se le ponen ojos de pantera negra, y se le nota.

2

Alejandro Sanz fue en parte su descubridor, y la verdad es que fue un astrónomo especial, detectó, más que una estrella, el resplandor de una constelación. Tiene premios a porrillo, incluso, por ejemplo, de la Dial, cantidad, casi todos, todos los años. En su firma, en su rúbrica, hay un corazón claramente dibujado. Un corazón rebelde y mágico. No hace mucho, le preguntaron por Gonzalo Miró, y ella respondió con una sonrisa misteriosa:

– Estoy bien -creí escuchar- muchas gracias.

Es ya una diosa del pop, y si cantara flamenco lo haría di-vi-na-men-te. Me gustan mucho sus ojos, y también sus ojeras. Tiene un punto especial. Les diré mas en una sola palabra: inquietante.

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