¡La Feria de Abril de Sevilla!

Esta noche ya fue la del pescaito. Y además, ya se encendieron las luces, más o menos 212.000, según los datos oficiales, aunque los extraoficiales aseguran que han sido, como poco, ¡300.000 las bombillas en juego! Desde el cielo, al menos durante esta semana del once de ayer hasta el 17, incluido el domingo, los astronautas que giren alrededor de la Tierra, como les digo, y los aviones que surcan el cielo, vislumbran claramente un punto luminoso al sur de España. Servidor de ustedes ha podido comprobarlo personalmente. Recuerdo aquella noche de viaje hasta América, cuando el capitán de la nave aseguró alegremente:

– Señoras y señores pasajeros, abajo, ¡la Feria de Abril de Sevilla!

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Como un ascua. Y desde abajo -¡lo he escrito tantas veces!-, cuando la que llaman “la calle del infierno” se convierte en gloria bendita, en un cielo. La he vivido mucho, muchos años, durante tiempo… ¡tanto tiempo…! Cuando uno tenía que contarla, que ya ahora no, no solo por mi edad, sino también porque esa es una reunión de la amistad de mucha gente, te conozcan o no.

– Tico Medina, ¡que a ver si te dignas entrar en nuestra caseta! ¡Que no te pases de largo, criatura!

Y me matan, de afecto, pero me matan. La última vez tuve que ir acompañando por uno de mis hijos mayores, que protegía mi propia vida.

– Cuidado señor, por favor. Que es mi padre ¡y lleva un aparato contra el dolor en la columna vertebral!

Como les digo, porque es que Sevilla te puede matar de afecto, y más en la Feria de Abril, porque aunque muchas ferias, muchísimas, por ejemplo, la mía del corpus de Granada, que ya pronto llega, y que es también única, ninguna como esta, sevillana, a la que este año he visto crecer, semana por semana, cuando iba a Sevilla, en persona, y siempre le decía al que me acompañara:

– Es que Sevilla tiene un color especial…

– Eso es lo que dicen los que la cantan… ¿no?

– Pero es que además es cierto, Los del Río lo que cantan es uno de los himnos más verdaderos de Sevilla…

Yo la quiero mucho. La he pregonado mucho. A mí me ha cantado uno de los mejores cantaores de la Feria, las sevillanas más verdaderas sentado en una silla en el patio de su casa.

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Y ahora de las sevillanas que se cantan y que se bailan en Sevilla, todos, todos, cantan las mismas siendo distintas. A mí me gustan mucho las de María del Monte, las cosas como son, compañera mía de la televisión del sur. Este año, además las he sentido crecer, en el mismo hervor de mi vieja sangre. Porque he visto cómo se levantaban las puertas del Real, puertas de oro, este año, con las alusiones bien directas a Cervantes, que tanto habló de esta tierra bendita, y con reverencia a Santa Ana, que es la patrona ni más ni menos que de Triana, barrio único en el mundo, lugar en el que por si no lo saben, nació en su día Susana Díaz, presidenta de Andalucía.

Tengo más datos a mano de este año mismo. A ver.

Por ejemplo, 1.051 casetas. Y de ellas, 1.032 de paisano, esto es, nacidas de viejos lazos, de amigos, familiares, patronatos, empresas particulares… Les contaré el grato chisme de que don Carlos Herrera, ya saben quién es, se alquila todos los años un sitio cercano a la feria, al Real, donde pueda, como poco, dormir la siesta, y hasta echarse un ratito en la madrugada antes de acudir a la radio COPE, donde todas las mañanas de lunes a viernes, ambos inclusive, hace su programa para toda España y donde servidor de ustedes tiene su espacio, que se llama El Puñaíto, a las doce menos cuarto del último día, cerrando toda la semana. Poco tiempo en el que tengo que decir mucho.

Ya llevo varios meses en ello. Me satisface mucho hacerlo porque con mi agradable voz de vieja, más que de viejo, trato de hacer posible lo que de por sí es imposible.

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Pero vuelvo a la Feria. ¡He ido tantas veces para contarla! Bueno, para vivirla y después dar cuenta de ello con la ojera puesta y el cuerpo partido en dos, gracias a Dios como se dice. Cuando la Duquesa de Alba iba a caballo, antes, después en carruaje, repartiendo bendiciones como una papisa. Y cuando la Jacqueline Kennedy, y cuando… imposible dar más nombres de los justos. Caballos, caballeros, trajes de luces, este año ha salido una revista, ayer como quien dice, que se llama Flamenca, y que cuenta lo que según Lina, la más famosa e importante de las mujeres de la moda en trajes de faralaes, ha habido y habrá. Ya hay gente nueva en lo que es eso, pasear, saber llevar, con una rosa de papel en el pelo, porque las de verdad se mustian entre el polvo del camino de esta feria de la ilusión y la alegría.

– ¿Y después?

– Después… ya veremos. Dios aprieta pero no ahoga, y estos días en la Feria no nos los quita nadie del cuerpo.

– Ni del alma, paisana, del alma mucho menos.

Rebujito, manzanilla rebajada en un vaso de papel de urgencia, algo de jamón, si es posible, que este año también hay, aunque en menor cuantía, pero sí que hay, tortilla, bocadillos de panceta, agua fresca, fresquita del botijo, mucho de bailar, sobre todo sevillanas, claro, que no es fácil mover las manos como dicen los maestros, que hay quien está todo el año en su estudio enseñando a los que vienen, ellas y ellos, a que no hagan el ridículo de caseta que es muy comentado siempre…

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Más que zapatos, sandalias, caminantes, familias, solitarios, fotógrafos… este año mucho de eso que se hace con un palo, a los selfies me refiero… La noria tan alta, los caballitos para los niños, miles de personas, por miles, por cien miles hasta el domingo en la noche, que el lunes hay que volver al trabajo…

– Los que lo tengan, don Tico… que para muchos su almanaque empieza el lunes 18. Con la noche última…

– También los hay que empiezan su año en la Semana Santa, el domingo de la borriquita… ¿o no?

Ea.

Cascos, sombreros, alegría, mucha alegría, mucha gente disfrutando. ¡Feria de Abril de Sevilla! Este año mucho de fuera, ¡viva Santa Ana patrona de los gitanos!

– Y de los payos, criatura… que yo soy de los Remedios.

Rostros conocidos, muchos. Este año gafas azules de espejo, uñitas verdes, alpargatas con doble suela, que hasta la reina doña Sofía las lleva. ¡Ay si viniera siquiera una tarde doña Letizia…!

Y los toros, en la Maestranza, donde uno ha toreado de periodista tantas veces. Va bien la cosa este año. El Juli fue triunfador. Morante dio un mitin, pero el duende ya se sabe, es por días. Un año atrás, viví como un  grupo de japoneses querían subir en el ave vestidos de flamencos, todos, ¡pero también con los caballos puestos!

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Gloria bendita. Gracia. Viverío, con acento en la segunda “i”, si me lo permiten. Puestos de todo, de todo lo imaginable.

Y por cierto, que debo contarlo todo. Este año igual la lluvia, que no quiere perderse nunca la Feria, vuelve, ¡maldita sea! Siempre ocurre desde hace no sé cuántos años. Tanto que quieren cambiar algunos, no el sitio, sino el mes de la celebración. A ver qué puede hacerse. Este año hay un invento nuevo. A saber.

Un tipo de sombrilla quitasol al mismo tiempo. O sea, paraguas de bolsillo por si llueve, que al mismo tiempo sirva para dar sombra si es que el Lorenzo- nombre con el que cariñosamente se llama al astro rey como se dice- y que se pueda llevar en el bolso, o incluso en la mochila, que este año también se llevan mucho.

Por cierto, a ser posible de lunares, que este año pintan fuerte. De los de la cara, incluso. Y a vivir, que son dos días. Volverá a pasar el viernes por su margen mágico. Y me traeré de la Feria otra vez ese rumor de vida, de alegría, de ganas de vivir que tanta falta nos hace.

Y mañana… pues mañana, Dios dirá, que dice el dicho andaluz.

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