¿Dónde estás, Paquita Rico? ¿Dónde estás, pobre de mí?

Perdónenme que insista, como dice Matías Prats hijo en su pregunta publicitaria. Porque viene a cuento lo del título, nada más y nada menos, porque anoche me encontré, de pronto, aquella película inolvidable: ¿Dónde vas Alfonso XII? Y luego, como el romance decía: ¿Dónde vas triste de ti?, de la que se hizo una segunda película en su tiempo, y que el romance continuaba en la primera estrofa suspirando el joven Rey aquello de: “Voy en busca de Mercedes, que ayer tarde no la vi”.

Porque estaba muy enferma, la reina doña Mercedes, con la que el joven monarca español acaba de casarse, y por amor, no por otras razones como a veces ocurre, incluso en las clases más humildes.

Fue una película verdaderamente i-nol-vi-da-ble, la primera digo. La hicieron de protagonistas Vicente Parra y Paquita Rico. Parra, ya no está entre nosotros, casualidad que hoy es el día de su Santo, te recordamos Vicente, viejo amigo, pero sí en algún lugar, me dicen que de Triana, ese barrio único donde nació Paquita Rico, que fue no solo una extraordinaria cantante de la copla, de las buenas, de las únicas, sino que además, como intérprete en el cine, fue una gran dama, que hizo de todo y siempre con gran talento.

DL_a00054052_002

En el cine, ninguna como ella, en la película de la que hablamos y que me hace el preguntarme acudiendo al título original, porque quiero saber dónde está, y porque además se merece este recuerdo de un servidor al que han llamado, tal vez con razón, “el nostalgiero mayor del reino”. Gracias por todo, me han dicho de todo, pero la nostalgia es un amor y a ella me debo.

Paquita Rico hizo en esta película, ya les digo, de doña María de las Mercedes, aquella bellísima criatura que se casó en su día con el Rey, que fue el padre de Alfonso XIII a su vez, en lo que es la dinastía actualmente reinante, el bisabuelo de nuestro rey don Felipe VI, todos los días en su voz y en silencio de permanente actualidad.

Fue Paquita, aquella a la que por ejemplo, mencionaron grandes escritores de su tiempo y del mío, como Terenci Moix, que fue mi gran amigo también, nuestro Truman Capote sin género de dudas, la Venus Trianera, porque además, Paquita era, es, por lo tanto, una mujer bellísima, nacida en el 1929, ajusten cuentas que a mí ya saben que no me gusta, y además, está en la enciclopedia, y que nació con el arte en la masa de la sangre, como ya saben ustedes que también me alegra decir, si bien de cuando en cuando, no siempre.

Primero fue el teatro, la copla, y eso sí, el llevar por toda España vestida de faralaes, palabra que ahora toma toda su fuerza, este año se van a llevar mucho los lunares, por cierto, en la maravillosa Feria de Abril de Sevilla que creo empieza mañana o pasado mañana, que ya se nota el olor a rebujito cuando por ella se pasa, como servidor hace unos días.

Paquita Rico, fue por ahí, por ejemplo, con el formidable cantaor de fandangos que se llamó Pepe Pinto, y que también entrevisté en su día. Pepe decía de su compañera de tablas y de tablao, que tenía “una belleza impenetrable”. Cosa que también figura en el haber de esta gran dama del cine y de la copla a la que sus leales buscan, pero como ella no quiere, me dicen, que la encuentren, pues prefiere andar como huida de la fama, viendo pasar el tiempo por delante de aquellos ojos oscuros y con estrellas dentro, que fueron en su época tan aplaudidos como deseados.

En la película de Don Alfonso XII hizo un papel formidable, por el que le dieron muchos hoy merecidos premios. Un día le pregunté a doña María, madre del Rey emérito Juan Carlos, que si “le gustó la película de Paquita sobre su inmediata antepasada” y doña María desde su silla de ruedas, con su cabecita ladeada, me confesó:

-Me gusto no mucho, sino muchísimo, y desde entonces le tengo un gran cariño a Paquita, que además, es gran amiga mía.

Tanto, que según la voz popular, doña María, esposa de don Juan, Conde de Barcelona, le hizo un regalo “maravilloso”: un collar de esmeraldas que por lo visto habían pertenecido a María de las Mercedes, alhaja, que dicen, siempre la voz popular, que guarda Francisca Rico y de segundo apellido Martínez, hija de un hombre popularísimo en su tiempo, que vendía cucuruchos de marisco por las calles de una Sevilla, y de una peluquera, dicen, que había convertido su oficio en un arte del barrio.

DL_a00033802_012

Se casó Paquita con un torero de los de plata, los banderilleros, un hermano de Antonio Ordoñez, llamado Juan, al que conocí, y que tuvo un final dramático, del que Paquita tardó mucho en levantarse. Tanto es así que nadie se imaginaba que después se volvería a casar, mucho tiempo después, con aquel hombre canario y platanero, que se llamó, don Guillermo Arsenio. Parece que lo estoy viendo. Pero sobre todo a Juan, guapo y de casta torera, que bien merecía haber tenido un lugar, si no como su hermano, que era único, sí como cualquier torero triunfante de la época.

Y en su día, muchas películas, tantos éxitos juntos, Paquita, si no dando un portazo, por lo menos de pronto, se fue de todo esto. Quiso oscurecer su luz, aquellos ojos brillantes, con chispitas que ahora mismo recuerdo como si los tuviera enfrente, y su sonrisa magnifica de mocita.

Hizo también una película que a mí me gustó particularmente y que se llamó Debla, la virgen gitana. Inolvidable, bailaba además como solo saben bailar las que del sitio son, y al final, dejó su piso de Madrid, aquel primero, esplendido, del barrio elegante donde vivió mucho tiempo. Y donde este servidor tuvo el gusto y el honor, y el amor, de entrevistarla alguna vez, además de en los camerinos habituales. Y después de la película aquel día, de una copa, creo en el ático en el que vivía Vicente Parra, cerca de Sara Montiel, en la Plaza de España de Madrid, que luego el popular actor dejó un día.

La última foto de él que yo recuerdo fue a la puerta de una residencia de ancianos de las afueras de Madrid, donde pasó sus últimos días. ¿Te acuerdas Paquita Rico cuando los reporteros de la época, entre los que yo me encontraba, te preguntábamos por aquella carta mojada del llanto del torero, que te dejó escrita antes de tomarse la muerte por su propia mano? Pero no quisiera yo recordarte de esta forma, con ese pañuelo del llanto en la mano. No. Me gusta verte como en Debla, donde estabas bella, fuerte, reina, y como a veces, ya muy pocas digo, única.

En cuanto a lo de “pobre de mí”, es que el viejo reportero se siente así, pobre, al no saber cómo estás niña, aunque pronto cumplas en mayo creo, ochenta y algunos años. Me han dicho que estás como una rosa. Me lo creo, Paquita Rico, reina en la escena como en la vida, aunque seas ahora reina en el exilio.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer