Lola Herrera, premio Max de teatro

La verdad es que el premio más grande de teatro español, especie de Oscar de la escena, ya lo tenía Lola desde hace unos años. Era natural. Lo mereció desde siempre, porque la suya “es toda una vida dedicada al teatro”. Que es el que le acaban de conceder ahora, con todos los honores.

Y sobre todo con todo merecimiento. Porque aunque Lola, que es de Valladolid y que acaba de cumplir los ochenta o los está cumpliendo aunque no se le nota nada, es una jovencita sonriente, llena de vida, de alegría y sobre todo de energía, que se le nota y mucho, incluso hasta parece derrocharla como si fuera una abuela niña.

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Lo cierto es que no ha dejado de subir a esa bocamina que es el teatro, en toda España y a todas horas, y con obras de enorme actualidad y sobre todo, que necesitan además de talento, talante. Lola Herrera, que incluso tiene su propia placa de recuerdo en vida en su tierra que es Valladolid, castellana de honor sin duda, se ha sentido más feliz todavía con el premio otorgado ayer mismo, el martes, con el aplauso general del respetable. Tanto del público cuando lo ha conocido como de sus propios compañeros de oficio: “Es la mejor y la más constante, sin duda alguna”.

Lola, actriz desde que vino al mundo, popularísima en series de televisión, en obras de teatro de difícil tarea, cine, muchísimo, y el teatro en vena sin duda alguna. Lola, la Herrera como le dicen entre bastidores, enorme, sobre todo, sobre todo, en aquella obra eterna, siempre actual de Cinco horas con Mario con la que el maestro Delibes, al que yo entrevisté muchas veces, muchísimas, y con el que hablé de caza tantas largas noches, incluso allí arriba, en lo alto de Medina de Rioseco, en el corazón del Valladolid cinegético, con su escopeta y su perro en la chimenea del frio… Cuando me dijo aquello que ahora recuerdo bien, con Reglero, el poeta de la caza, cerca, y un paisaje de perdices en la pared:

Cinco horas con Mario es de lo mejor que yo he escrito en mi vida para el teatro, y la mejor intérprete, sin lugar a dudas, es Lola… a la que yo además quiero mucho.

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No tenía que añadir más. Sólo había dos Lolas, la Flores, del flamenco, y de la escena Lola Herrera, a la que muchos llamaban cariñosamente “la Herrerita”.

Yo tuve la suerte de entrevistarla muchas veces para todos los medios, Lola es una gran dama de la escena. La gente la reconocía y la quería, la quiere, cuando la ve por la calle. Como servidor, durante mucho tiempo, por la calle de Martínez Campos en el barrio de Chamberí. Quizá viva cerca.

Siempre elegante, bien vestida, sonriente, firmando un autógrafo o sencillamente siendo, respondiendo. Se había casado Lola con aquel actor bohemio, grande, que era Daniel Dicenta, y que murió de una forma oscura en algún sitio que no le correspondía. A veces le veía y le saludaba y él correspondía fugaz a mi saludo, tenía una voz prodigiosa para el castellano antiguo. Su vida fue un desastre, pero eso sí, como en aquel plano final de Zorba el griego, cuando, bajo la lluvia Anthony Quinn asegura cuando todo se desploma:

– Soy un desastre, pero no cabe duda que un fabuloso desastre.

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En Cinco horas con Mario, en la inmensa soledad de ella sola en la escena, junto a la memoria y la caja negra de un amor vivido, aquella mujer va recordando la historia de la eternidad de “una vida”. La valiente, total, Lola Herrera la estrenó, la hizo como nadie. Como tantas otras piezas, tantas otras películas, en la publicidad incluso, cuando frente a la cámara  hace causa de la belleza de los años, el pelo blanco, la piel de melocotón y como siempre aconsejando. La vida no ha sido para ella fácil, ni mucho menos, tiene dos hijos que llevan la sangre fuerte de su madre y de su padre dentro, hijos de dos grandes actores.

Incluso Lola contó para todos la vida de su propia hija Natalia. De tal palo tal astilla, querida Lola Herrera, leyenda viva. Igual haciendo llorar que rompiendo la sonrisa, Lola Herrera, la castellana de espiga y verso, tiene todos los premios del mundo. Y ahora, me-re-ci-da-men-te, el llamado premio bolero, porque es el que se entrega a “toda una vida”.

La suya y la que le queda, porque siempre alerta su teléfono. Es su vida y da la vida cuando interpreta. Me gusta mucho Lola Herrera, que dentro de unos días recibirá en mano el premio conseguido. Y por unanimidad. Porque ninguna historia como la suya, porque para “sonrisas y lágrimas”, ella. ¡Le van a contar a ella cómo ser una gran cómica de verdad…! Esa gente única que vive frente al espejo de un camerino el mito del payaso, que por fuera hace reír y por dentro está llorando.

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