Iker: Sí, quiero

Podríamos añadir:

– Sí, quiero, claro que quiero.

Que es la más decisiva frase que ha pronunciado el portero del Oporto hace unos días. Fue con motivo de su boda, civil, igual queda todavía la definitiva, aunque esta ya es válida, y que fue en el ayuntamiento de Boadilla del Monte, a las afueras, como quien dice, de Madrid, donde el ya joven y popular matrimonio, tiene su casa desde hace mucho tiempo.

Y lo hicieron en secreto, secretísimo, tanto que muy pocas personas lo supieron hasta ayer, hasta hoy que la primera en contarlo fue ¡HOLA! como casi siempre, y no es porque trabajemos en la casa.

Lo dicho. Que aunque servidor de ustedes, como saben, habla, escribe poco sobre fútbol, entre otras razones porque no soy muy futbolero que digamos, lo cierto es que en esta ocasión, no tengo más remedio. Lo merece este enorme portero de fútbol que ahora milita en el Oporto, ciudad portuguesa, bella entre las más bellas de Europa, sin duda, que es Iker, y que durante tantos años ha sido portero, guardameta, incluso como se decía antes, cancerbero, del Real Madrid, en el que empezó y en el que incluso, quién sabe si algún día, cuando vuelva a casa, sea como presidente del Real, que dicho entre nosotros, es un sueño en su cabeza y en su corazón, aunque no lo diga en alta voz, pero se sabe, por sus más cercanos, que lo sueña.

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Tendrá los treinta y cinco en mayo. Mide uno ochenta y cinco, y forma parte de la escasa galería de los más grandes, digamos los inmortales. Su familia, que tiene algo del norte, de ahí lo de Iker, es sin embargo de un pueblo precioso, serrano, puro, que es Navalacruz, y se siente muy unido a Móstoles, y por supuesto a Boadilla donde tiene su casa y sus grandes amigos.

Todo el mundo sabe, porque todo el mundo lo vio aquel día que le dio un beso a la periodista que le entrevistaba para Mediaset, cuando ya éramos campeones del mundo de fútbol. Aquel momento en el que la bella periodista que le entrevistaba, ya popular, guapísima, que se llamaba, se llama, Sara Carbonero, de pronto recibió, queriendo, claro, un beso en la boca por parte de aquel al que entrevistaba, el portero de la Selección Nacional Española. Rojo el plano, por los labios de Sara, y también por la camiseta de la selección, y besó de amor, por supuesto, que se vio en todo el mundo, como una buena noticia, dos en este caso porque ya teníamos el trofeo.

Se sabía, claro que sí. Pero aquello fue la declaración publica y gozosa. España se alegró, y cuentan que hasta los Reyes, todos,  sintieron, aquel “sí quiero, claro que quiero”, como un gran acontecimiento.

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Iker, tan grande, tan fuerte, con esas manazas postizas espectaculares, de astronauta, su camiseta tan nuestra, con su escudo de España, el oficial, en el pecho a la altura del corazón, ha vuelto a ser además noticia, aparte de por su boda civil, de pueblo, porque le hemos visto hace unos días dentro de su camiseta de toda la vida con la Selección, jugando contra los rumanos. Y lo ha hecho muy bien, que no en vano, el empate fue a cero y en el campo del equipo rumano. Lo hizo muy bien y a él se le vio alegre, de nuevo en casa, como diciendo “aunque no lo parezca, sigo siendo el mismo de siempre”. Y además, por si fuera poco, capitán de la selección española.

Eso sí, en silencio. Aquel al que se le llegó a llamar “el divino Casillas”, y hasta incluso “San Iker”, dada la devoción del pueblo fervoroso, fue y se casó hace unos días en Boadilla, sin otro invitado presente, aparte del oficiador, de su hijo Martín, que estuvo presente en la humilde y sencilla ceremonia. Ha hecho películas, de segundo actor, por amistad con los que lo hacían, y a veces, aunque no se entera casi nadie, “hace ONG para los que lo necesitan”. Le gusta tuitear y llevar su hijo en brazos, que pronto ya serán dos, porque a Sara, de la Mancha, se le nota, y mucho, la inmediata segunda maternidad que ya llega.

Hay quien me ha dicho que se le nota, a Sara, que le hubiera gustado mucho el que la ceremonia se celebrara, y por la iglesia, en su pueblo, cal blanca, patio hermoso, tejados de viejas tejas, vid seca en el invierno en la chimenea, bodega fresca, gente buena, y más todavía en el año de Cervantes que estamos celebrando en España. A Sara ya le habíamos dedicado más de un post, de ahí que a Iker, hoy, en su más importante momento, quizá, aunque juegue fuera, le demos su importancia, que la tiene.

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También les podría recomendar ese libro que sobre el portero, publicó en su día Enrique Ortego, el magnífico periodista deportivo que le hizo un retrato fiel y bien documentado. Ya en el título hacía alusión a “la humildad” del héroe deportivo. Cierto. Bien cierto.

El día veinte, o sea el Domingo de Ramos, Iker Casillas se casó con Sara Carbonero, una de las más bellas compañeras del oficio. A ver si la vemos de blanco, que igual es pronto, según me cuentan personas cercanas al líder. Igual tampoco le dan el próximo Balón de Oro, pero da igual, porque acaba de vivir una de las más grandes hazañas de su vida.

Y les digo más. Si es cierto que, como dicen, Sara prepara ya un programa especial para Telecinco, igual la primera entrevista sería de Sara para con esa leyenda deportiva que se llama Iker Casillas, y que además de ser el mejor en lo suyo, resulta que es el padre de su hijo, y del que está llegando. En fin, pueden hacerlo en su casa o en la suya. Que es la misma por cierto. Y por mucho tiempo, pareja. Suerte y enhorabuena.

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