Con ‘La flor y nata’ en la inolvidable noche del Ritz

¡Ay! Si el Ritz hablara, que a veces habla… Grace de Mónaco, de actriz, y de princesa, James Stewart, Charo López, la hija de Ingrid Bergman cuando confesó “la cara no es el espejo del alma”, y eso que se dedicaba a promocionar productos de belleza, el Aga Khan, Jane Fonda entre rosas rojas… ¡cuántas crónicas aquí escritas! ¡Cuántos retratos de sol y sombra, cuánta gente de la historia, y de la histeria, incluso!

Ay las tardes del Ritz. El pianista negro, reyes en el exilio, actrices de Hollywood crepusculares, a veces un premio Nobel…

¡Pero ninguna como la de ayer tarde, cuando Mamen Sánchez, directora adjunta de ¡HOLA!, presentó su libro, el último por ahora, editado por Espasa, sin duda, y se lo dice no un crítico sino quien mucho lee, leo para sobrevivir, porque fue día quince, martes, una de las más hermosas horas de mi última vida, sin duda alguna. Y por eso, aquí está la página del blog que cuenta lo que antes de anoche mismo viví, vivir para contar, que es una de las normas de mi ya, ay… -permítanme un suspiro-, larga vida.

Mamen me había enviado su noveno libro días antes de que apareciera, con una hermosa dedicatoria a bordo. Sabía que lo llevaba escribiendo tiempo atrás. Pero sé que también lo hace con el rigor, como un pájaro en el hombro. Lo corrige, lo vuelve a leer, lo vuelve como a reescribir, y por fin se decide.

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Como ya es madre de cinco hijos, cinco. ¡Ay…! Ese aire de joven ballenero del libro El corazón del mar de su hijo… ¡Ay…! Cuando cuenta cómo se lleva un libro dentro, de la misma forma que un  embarazo…

La sala llena daría, claro que sí, para una crónica de las de verdad de sociedad. La hermosa sociedad de los que escriben, de los que retratan, de los que no van a otra pasarela, aunque pareciera, que lo que es la amistad. ¡Ay esa gran familia, que vuelvo a besar, a abrazar, en esa noche de vida en vena para mí…!

En la sala, sobre el estrado, humilde y elegante, páginas de un libro, a veces un vídeo oportuno, puro periodismo, abierto de par en par, el título La flor y nata, algo para sentarse, de urgencia, pero con una cierta comodidad. Rostros amigos, casi de la familia, la alegría del retorno en tantas cosas… tantos recuerdos, tantos largos momentos vividos y contados…

Es esta una página del blog sin nombres, no quiero olvidar ni uno, y a veces, ochenta y casi dos años, me falla la memoria. Así que si acaso, el largo abrazo a la presidenta doña Mercedes a la que quiero tanto. A Mamen madre, a Eduardo el director, a todos a los que quise, o sea a todos… y de pronto, el silencio.

Habla Miriam, de la editora del nombre universal, la de los grandes, y luego Teresa Viejo, a la que leo, veo, escucho, siempre elegante, siempre en el hermoso ojo del huracán vestida de sirena. Cada día más joven, la Viejo, culta y directa… un retrato prodigioso de Mamen, que está de rosa y gloria vestida esta noche.

Y el libro, hermoso libro, en su presentación, primero con un título oportuno, ¡qué buena raza la de esta mujer para titular! La anterior novela, y este nuevo libro, largo y bueno, éxito editorial, puro y tierno… las palabras justas y bellas.

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Foto: Javier Alonso

Cuando, hace unas semanas, Mamen me envió La flor y nata, yo tenía cuatro libros sobre la mesa, a saber:

La chica del tren

En el corazón del mar

La guerra  rusa no tiene nombre de mujer

Y ese otro, plena actualidad, del lenguaje del perro…

Los dejé todos y me leí en unas horas el libro de Mamen. De un tirón, eso sí, debo decirlo, como leo las cosas de Mamen, sus últimos y difíciles reportajes en ¡HOLA! España, ¡HOLA! mundial, tan bellamente difícil, siempre, que dirige con la mano maestra y fuerte de la que sabe dónde se mueve, sembrando, aguantando, estando, enseñando a ser posible.

Bueno, pues me leí entero, insisto, el libro de La flor y la nata. Siempre al borde del abismo, amorosa, rigurosa, Mamen ha hecho de nuevo -este más que los anteriores incluso, rizando su propio rizo- una crónica de los sentidos.

Todos. Están todos más el suyo, desde el paladar a los orígenes, creando y recreando, a veces Proust, a veces el National Geographic, el último ¡HOLA! Viajes, que es una joya, y que ella ha vivido el olor, el color, el sabor, el amor, siempre el amor, mandando todos los amores juntos, los soñados, los queridos, los deseados, ¡qué bien escribe esta niña, a la que yo vi ya vibrar, sí, vibrar, sentir, en sus primeros reportajes!

Desde que ya era esa niña que es hoy, con esos ojos brillantes que te miran, te fijan, te leen, sí, te leen, y te arden… Mamen ha escrito una novela que es más que una novela. Breve y brava, como debe ser, como son los grandes libros. Mamen Sánchez, que dice que era antes solo periodista, y que ahora ya “de tanto como me lo han dicho”, dice, como quien dice un disparate, y pide perdón por ello, que ahora ya se siente incluso escritora. Vale niña Mamen, vale.

Siempre fuiste, de entrada, una gran reportera. No sé si ya se lo dije a tu abuelo, a tu padre desde luego, y sobre todo a tu madre y a tu abuela. Te exigiste mucho, tanto que en tus reportajes, que son el tuétano de tu vida, ya se te ve lo que Teresa advirtió: “El estilo Mamen Sánchez”. Cierto, bien cierto. Personajes conocidos que todo el mundo descubre, citas, sitios, platos y hasta la hermosa alegría de haber descubierto la hermosa caída de ese pájaro, ¿o se debe decir, sin que se enfade, ave de su novela? ¡Qué buen final el de La flor y nata, a veces la flor caníbal como la orquídea de la selva de Costa Rica donde tiembla el Quetzal! Qué buenas historias en lugares únicos en los que has vivido, parece que te estoy viendo, también solo para contar… te diré una cosa, Mamen, verás.

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Foto: Javier Alonso

Escribo este blog por vuestra generosidad, que sabéis que contar forma parte del alivio de mi dolor permanente, el amor, el desamor, el sabor, el temblor… no hay mayor disparate que el que se vive, se convive, se sobrevive…. ¡mientras leía tu libro no se me hizo la flor marchita ni la nata amarga! No. ¡Hiciste el milagro de que no me doliera nada el dolor que sabes que siempre me acompaña! El viejo reportero, que al final de la historia, de tu historia, firma una historia que es la que tu habías contado y no pudiste contar por amor, esa crónica de la gran huida, esa lágrima rodada, Mamen, ¡qué alegría de lo imprevisto, qué belleza de la escapada que nadie espera! “No hay novela más grande que la vida misma de un periodista, que cuenta siempre, por más que invente, lo que primero vivió”, me dijo Gabriel García Márquez, cuando aún sabía el olor de los geranios de su casa rosa de Cartagena de Indias frente al océano.

¿Sabes qué? Que ahora es una frase de moda. Como aquella otra de “permíteme….”, en la línea de Muerte de un ruiseñor, o incluso Alguien voló sobre el nido del cuco. Tiempo de aves, la ornitología elevada a la categoría de los cóndores y los alcatraces está tu libro. Me has hecho con él dos milagros, intensidad de la narración, riqueza máxima de los personajes inventados, pero siempre, pero sobre todo, sobre todo, el aroma de tu abuelo. O tu padre, al que quise tanto…

Contigo aprendí, cuenta y canta el bolero, ¿no? Bueno, pues además de aliviarme en el dolor, te insisto, he sabido más de lo que sabía que te digo maestra. Sí, sé lo que me digo, que a estas alturas ya no es fácil repetir algo si es que se ha dicho. Insisto.

Pues, que me has hecho decir ‘hola’ cuando ya solo me sale decir ‘adiós’. Te quiero mucho, niña, por eso no soy tu crítico, se me nota. Eso sí, ¿me dejarás algún día hacerte una entrevista antes de que el viejo pájaro herido se desmaye en el fondo del barranco?

Yo también tenía un título, con tu permiso, para este último best seller, por ahora: Ese amargo sabor de la mermelada de naranja

De nada, jefa. Un abrazo para Álvaro, tu marido.

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