Charo López ‘returns’

¡Albricias¡ ¡Bienvenida! Se trata de una buena noticia, sin duda. La enorme y bellísima actriz de cine, de teatro, de televisión, Charo López, mucho tiempo en el silencio tal vez deseado, reaparecerá en la serie de televisión en La Uno, no sé cuántos años en nuestras casas, Cuéntame. Incluso hasta se ha contado que “interpretando” un papel determinado que nos garantizará tenerla por lo menos una temporada.

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Por poco que sea, es grato saber que nos va a alegrar la vida, sobre todo a los que la hemos tenido a un palmo de distancia. Fue en aquella entrevista en el hotel Ritz, de parte de ¡HOLA!, como casi siempre. Charo, con aquellos ojos misteriosos, peligrosos, excepcionales, capaz de aguantar un primer plano el tiempo que sea. Tiene estrellas en el fondo de la mirada sin que se le caigan las persianas de las pestañas.

Y es que además, Charo es de Salamanca capital, y tiene por eso una clara y culta personalidad. Creo que nació hace… tampoco me importa mucho la verdad, porque como digo alguna vez, no siempre, ya que como en el caso de los buenos vinos, mejora con la edad y el silencio. Me permito decirles a ustedes, mis leales, que sin saber mucho del zumo de la uva en general, he pronunciado los pregones de casi todos los vinos españoles, desde los de Ribera de Duero, pasando por los de Rioja, Jerez, Montilla, si bien me queda el que me de algún día la oportunidad de cantar, no catar, que me tiene prohibido el médico por mi medicación, los de Granada, que ya tiene cerca de doscientas marcas de vino en muy poco tiempo gracias a la pasión de los expertos y a la razón de los todos elementos: piedra, altura, cercanía del Mediterráneo, la nieve arriba, etc etc…

Lo que sí les puedo decir de Charo es que ha hecho mucho cine, muchísimo, y bien, y que de la televisión solo les tengo que dar los títulos de dos series inolvidables.

A saber: Fortunata y Jacinta. Y sobre todo, sobre todo, aquella: Los gozos y las sombras.

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En el cine estuvo a punto de ganarse a pulso un Óscar, como les digo, y yo he tenido la inmensa suerte de verla en aquel festival de Cartagena de Indias, una de las más hermosas ciudades de la Tierra sin duda, donde se llevó a pulso el premio de la Indias más bella, y ojo, que en la Cartagena americana donde yo un día almorcé manatí, con acento en la “i”, en aquella casona del buen comer con una especial recomendación -porque está prohibida la carne de ese elefante que surfea- de Gabriel García Márquez, que le agradecí tanto, no solo de palabra sino por escrito, cosa que me permitió tiempo después, ser jurado, sí, jurado, de ese concurso nacional de belleza que allí se celebra donde la guapura de las mujeres es ni más ni menos que una virtud y una exigencia nacional.

Debo decir también lo que he vivido con Charo aparte de aquella entrevista inquietante, no es bueno tener una dama de Fra Angélico tan cerca porque te tiembla el pulso y del magnetofón saltan relámpagos de verdad. Bueno, pues que me acompañó un día en el cementerio de Madrid a levantar los huesos del gran reportero legendario Pedro Antonio de Alarcón, cronista de guerra como pocos, que había sido guardado años atrás en lo que era el  lugar de hombres ilustres, y que de una vez por todas hicimos todo lo posible por volverlo a la tierra para depositarlo finalmente en el cementerio de la bella, antigua y mágica ciudad de Guadix donde había nacido.

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Y en las dos ocasiones estuvo cerca Charo López, dado que su marido entonces había tomado gran interés en el asunto. Y me gustó verla también sin otro brillo prestado del aire limpio del pico del Veleta y también del Mulhacén, inmediato en el altiplano granadino. Me gustaba también mucho el grave acento de la voz bien cuidada, o quizá deliciosamente mal cuidada, de María del Carmen, que entre otros premios merecidos siempre tiene la medalla de oro de las Bellas Artes de España.

Mucho más podría contar de esta dama que regresa del inmediato pasado y a la que tanto gusta una chimenea encendida, de las de verdad, con el tronco de las viejas encinas del campo charro, donde sobre la plata de las tradiciones siempre lucen sus ojos color violeta. Charo, que igual puede decir lo que aquel día me dijo Liz Taylor y que les puedo haber contado cien veces, cuando me descubrió, pequeña y ferozmente hermosa, aquello de:

– ¿Me pregunta joven que de qué color tengo los ojos, no? Pues le diré algo que no acostumbro a contar. Depende del color de los ojos del hombre que tengo cerca.

Lo que hago público para general conocimiento. Por cierto, que Charo, charísima, no quiso irse a Hollywood aunque sé que se lo propusieron. Prefirió España. Menos mal que a veces no dejamos que nos expolien nuestros tesoros nacionales. He dicho.

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