Micaela Flores, ‘la Chunga’, sigue en la pelea

Es gitana por los cuatro costados, o sea, de cuatro generaciones. Nació en Marsella, que es donde estaba su madre y aunque en Francia la parió, Micaela es más española que Agustina de Aragón por dar un nombre tan solo. Yo la conozco desde que era niña y se la trajeron a Madrid desde Barcelona, donde vivía, como muchos buenos gitanos, cantando entre las mesas de los bares de la bohemia.

– Y además, baila descalza- me dijeron.

Así que me fui a verla al Corral de la Morería, y hasta hoy que tanto escribí de ella, de su intuición de genio, de su arte indiscutible y no enseñado en ninguna academia.

– Bueno, sí… -me dijo un día, como tartamudeando, en una academia- sí, claro, la de la vida.

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Micaela Flores “la Chunga”, gozó de la popularidad más hermosa en su tiempo, bailando, que parece que ahora mismo la veo, moviendo las manos con su camisa de flores anudada, enseñando un ombligo moreno excepcional, debo decir que más de una vez he dicho en público, por ejemplo, en la televisión del sur, y por escrito, que el ombligo más bello que he visto, la Pataky aparte, es el de la duquesa de Montoro, mi niña siempre, Eugenia, hija de la duquesa de Alba.

Micaela se hizo popular en España en su tiempo, creo que tiene, a ver, si nació en el 38, ajusten cuentas como siempre digo, o sea, del orden de los setenta y tantos. Cuando sean los ochenta habrá que darle a esta gitana universal un homenaje a toda pastilla, si la niña fue grande, que hasta don Mario Vargas Llosa premio Nobel de las letras, como saben, le hizo una obra de teatro y después un libro con su nombre: La Chunga.

Digo arriba, más arriba, que sigue peleando porque así es, contra el fiero enemigo, que con decir esto, basta. Tiene como dice un guitarrista amigo, granadino, Habichuela, un daño en el pulmón. Pero ella ha encontrado como pelear contra él.

– Pintando, que me entretiene, y además me sirve de terapia, y además  siempre pinté como una niña analfabeta, sí, pero con todo lo que llevo dentro.

Recuerdo sus pies anchos, morenos, sus ojos con una luna dentro. Un día, espero que ella lo recuerde, la llevé hasta la Diosa de baile gitano, ni más ni menos que doña Pastora Imperio, que la recibió sentada en una silla de anea, pero que parecía una emperatriz. Ella, Micaela, estaba a su lado, y yo a otro, por si se me pegaba algo. Pastora fue y le dijo como único consejo maravilloso:

– Micaela, hija, pegar zapatazos los puede pegar cualquier gitanito de barrio, tú no porque además me han dicho que bailas descalza. Vale, pero te diré algo que debes saber. Baila con los brazos, que los brazos sean tu mejor arma, que cuando lo hagas, parezcas una estatua griega, o como si quisieras alcanzar una estrella, esas son las buenas, de cintura pa’ arriba, no del ombligo pa’ bajo.

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Eso lo viví yo, en directo, cuerpo a cuerpo, y otra vez que me hago la misma pregunta de siempre:

– ¿Dónde estará aquella fotografía?

Igual un día… Micaela, en los ratos libres, de pronto se descubrió que pintaba, a lo naif, ya saben, sin otra disciplina de aquello que le gritaba la masa de la sangre, como se dice en las coplas. Y hacía gitanos, guardias civiles, lunares, estrellas, lunas, muchas lunas, paisajes de cuevas blancas, y cabecitas negras… una joya. Eran naif perfectos con la imperfección de lo intuitivo, a Picasso, que le gustaba mucho bailando, de pronto un día le mandó un dibujo, a colores, eso sí, y el genio malagueño exclamó:

– Me quedo este cuadro y a cambio yo le daré uno mío o por lo menos le firmaré en una servilleta cuando la vea por aquí por Francia bailando. Iré a París, acaso hecho a conocerla…

Y lo hizo. Los poetas de su tiempo, muy buenos, escribieron de ella, le hicieron versos. Artículos, reportajes de todo el mundo, hasta de Hollywood, donde Ava Gardner, que era tan amiga de las noches flamencas, la llevó a bailar a la meca del cine. Se casó Micaela con un productor de cine, y director, Gonzalvo, y yo los vi muchos días, cuando uno vivía en el barrio del Niño Jesús. Luego el silencio. Era un ángel de piel de bronce.

No salía mucho, y cuidaba de sus hijos con esmero. Debo decir que tuvo tres, y que de pronto un día se fue de “todo esto”, dejo el “artisteo”, que es una palabra vagabunda que me gusta mucho y que me han dejado en el oído el otro día. Iba más a una exposición de pintura que a un estreno de cine. Hizo algunas películas, incluso una de terror. Hizo exposiciones con éxito total.  Lo vendía todo.

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Ahora ha vuelto a ser noticia, y por eso el recuerdo de hoy, porque ha enviado cuadros suyos a una exposición a beneficio de una causa hermosa de esas a la que uno no se puede negar, incluso yo mismo, que soy el que menos pinta en el mundo. O sea, “la Chunga”, que acaba de hacer una exposición de su obra, en Alicante, creo, además, saca su voz a la calle y dice:

– Lucho contra el cáncer pintando… y me encuentro que me sirve de terapia.

“La Chunga”, Micaela Flores, de nuevo en la actualidad, desde eso que se llama la soli, la solidaridad. A ver si trae ya mismo lo que tenga a mano, y lo expone. Aunque sea a plazos, Micaela, morena, ¿qué te parece para mayo?

Habla con tu representante, con tu enviado especial, y adelante. Te vaticino, aunque no sea un profeta, pero sí que soy un detector de metales, que vas a tener todo el éxito del mundo. Te lo mereces, de ayer, de hoy y de mañana.

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