Es de Madrid y se llama Cayetano

El titular obedece a una copla, a un dicho, a una tesis del flamenco y del toreo. Se cantaba así: “Es de Ronda y se llama Cayetano”.

Por su antepasado, y lo que es más importante, el padre de una saga de toreros inolvidable. De las mejores sin duda. Su abuelísimo tiene una estatua de bronce, a la puerta misma de la plaza de toros, quizá con más fuerza taurina del mundo, junto a la de México DF, que yo he visto desde dentro, y de la Maestranza, a cuya puerta está a caballo ni más ni menos que la madre del rey emérito, doña María, tan aficionada al mundo del sur, en todos sus aspectos. Forofa, por más señas, del Betis, y de mi compadre Curro Romero.

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Cayetano acaba de cumplir hace unos días, el trece, treinta y nueve años, lo que ya explica en parte que este en nuestro blog de hoy, que no todos los días se cumplen treinta y nueve años y en plena afirmación de sus facultades totales, pero es que además, después de una larga ausencia de las plazas de toros como torero, abajo, sobre la ardiente y difícil arena, acaba de comunicar oficialmente:

– Vuelvo este mismo año, ya.

No podía aguantar la “lejanía”. Es natural, ya llevaba mucho tiempo, aunque fuera poco, apartado del “paseíllo”. Recuerdo ahora mismo aquella frase que un día me regaló Jesús Quintero, el mágico comunicador al que tanto echo de menos, cuando me dijo del hermano de Cayetano:

– ¿Sabes lo que le pasa a Fran? Pues que en la plaza, abajo, hace cosas que no sabe que sabe.

Lo que quiere decir, que lo que se sabe, que lo que se hace, se lleva en los genes, nace con uno, te acompaña desde que te atan el ombligo, como dicen los clásicos. Es el duende, es el genio, es la verdad última, y primera, de la sangre heredada.

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Y esto ocurre con frecuencia en el mundo del toro. Y si le pasaba, o le pasa a Fran, pues también a su hermano, que vienen de los mismos ramales, de los mismos caños de vida.

Cayetano es además modelo de, como saben ustedes, ropa, de Armani, que se siente feliz cuando lo tiene frente a una cámara fotográfica de su equipo. Y es que Cayetano forma parte de la escasa baraja de los hombres más bellos del mundo, y no soy yo el que lo dice, que no demostraría nada de nada, sino según el criterio de los más sabios en la materia. La prueba está en su figura, vestida de torero, de luces, o de calle, a ser posible con chaleco, según he consultado a los expertos. Aguanta un pp -primer plano- como nadie, y más si abre las dos ventanas de su mirada verde, “verde que te quiero verde…”, que decía el poeta Federico.

Y menos mal que no deja, generalmente, que se le acompañe mientras se viste de torero, porque eso no debe permitirse en lo que son las leyes de la fiesta, y además porque se trataría entonces de una feria, aunque cobrara diez euros por el espectáculo, que le vendrían muy bien a la fundación que tanto ayuda, la suya, que se llama Yoniño. Fundación para la que acaba de hacer poco tiempo atrás un viaje alrededor del mundo, en los días necesarios, y para la revista ¡HOLA!, que fue quien con él patrocinó y ayudó en el viaje.

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Cuando regresó del viaje inolvidable, tomó la decisión, por fin, de casarse con esa preciosa dama que se llama Eva González, y cuya boda fue, como saben, un acontecimiento por encima incluso de la ceremonia nupcial en sí celebrada en la geografía de Sevilla, en el pueblo precioso de la novia, que es una de las bellezas andaluzas universales del momento, aparte de excepcional presentadora dela televisión española.

Vale.

Yo le conozco personalmente, poco, casi nada, aunque le recuerdo todos los días, me explico.

Mi colonia habitual es la que Cayetano promocionó durante tiempo. La Siete, de Loewe, marca en la que por otro lado estoy, desde hace muchos años. Y de la que estoy muy contento, que no en vano el otro día una sabia ecologista me llenó de alegría cuando me confesó, y es una mujer que sabe mucho de los olores, “las olores”, como decía mi madre, porque es algo muy femenino…

– Huele usted, señor Medina, a tomillo y a romero…

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O sea, a monte, a pueblo, me gusta. Sin embargo, Cayetano es de Madrid, pero se mantiene en el campo todo el tiempo que puede y hace unos días en fraternal compañía, con sus hermanos Fran, y Kiko, porque acaban de poner en el aire un vídeo en el que celebran su abrazo, a la usanza vampírica, esto es, incluidos colmillos, que ahora se llevan tanto dada la actualidad de las historias de la luna llena y los lobos en la noche de la leyenda.

Pero además, un día hace ya algunos años, Cayetano y servidor se encontraron en aquel palacio de Sevilla donde se estaban entregando las medallas a las Bellas Artes, en la que aún estaba en pie, y como una reina, la duquesa Cayetana. En aquel patio de naranjas en flor le di la mano a Cayetano, y el torero me confesó sonriendo:

– Y gracias por todo lo que has dicho de mi madre, Carmen, que además te quería mucho…

¡Pobre Carmen Ordóñez! Fue una mujer única. En su día, cuando llegue una fecha que la recuerde, o cuando aparezca por ahí algo que me ponga en pie su memoria, les hablaré de esta mujer, sin género de dudas,  inimitable, inigualable, en su propia vida hasta en su propia muerte.

Mientras tanto, aquí está hoy su hijo Cayetano, que en su día también se casó en Asturias con aquella Blanca Romero, que aún sigue en la actualidad del cine, de la televisión. Pronto se separaron y cada uno siguió su propio camino. Cayetano ahora vuelve a vestirse de luces. Lo estábamos esperando, maestro. Gracias por su mensaje, y también, claro que sí, por sus silencios.

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