Carta a los Reyes Magos, que a pesar de todo vienen

Mis queridos, y siempre bienvenidos, Reyes Magos de Oriente:

En esta carta que os escribo como vengo haciendo habitualmente ya desde hace la friolera- hace frío en la calle, y viento, y los cristales tiemblan como es natural en estas fechas, al menos en lo que es mi geografía- de ochenta años. Como siempre, pido más que ofrezco, es habitual hacerlo así a estas edades, porque los niños saben mucho a sus años, como los viejos, y los viejos nos convertimos en niños cuando sobre todo llega esta fecha que, pase lo que pase, es inolvidable.

reyes3

Porque venís hoy, sé que sí, como es habitual. Jamás faltáis a la cita, aunque a veces solo sea para dejar carbón en los zapatos, que hay niño que ni zapato tiene, el pobretico mío, que ponerse; pero bueno, que sé que estáis llegando porque además lo dice, lo espera, porque en el fondo lo desea todo el mundo. Melchor, Gaspar y Baltasar, Reyes sin apellido, pero eso sí, con la dinastía de la esperanza, que es una gran palabra que yo además, como saben, y como soportan ustedes, y perdonen que les hable de usted, uso, y hasta abuso mucho.

Como ustedes saben, en Granada he sido Rey Mago de Oriente, aunque estábamos en occidente, y con el cargo emocionante de Baltasar, tal vez por mi condición de moreno de piel más que rubio, me era más fácil pedir permiso al sastre de reyes habitual. Así que fui rey oscuro y encima de una carroza, que no me atreví al elefante que el que había listo de un circo, ni barritaba el pobre mío, ¡de tan viejo¡ Al final se pensó que lo ideal era que no hiciera el paseo triunfal no porque peligrara mi corona, digamos que tropical, sino porque igual el paquidermo, y me atrevo a llamarle paquidermo aunque sé que a él no le gusta el nombre que ya saben lo del chistecillo aquel que decía… “¿En que se parece un elefante a una cama?” Y respondía el que hacía de listo en el circo para niños: “en que los dos, son ‘paquiduermas’”

Vale. Bueno, pues con la fuerza que me brinda el haber sido lo que fui, os escribo para deciros que no os voy a pedir nada, que sé que andáis cortitos y, además de escasos, faltos de ayuda, que recuerdo aquel día de hace tantos años, tantísimos, como algo que forma parte de lo magnífico, de lo inolvidable. ¡Ay! Aquellos niños en las aceras recibiendo los caramelos que servidor les enviaba, no les arrojaba, desde lo alto de la carroza, ayudado de pajes y de trompetas.

Solo por eso, me consideré feliz mucho tiempo, porque ese espectáculo, esa lección de fe, esa alegría en el mundo como decimos los andaluces, estará conmigo mientras viva y mientras pueda escribir para compartirla.

reyesroscon1

Así que Reyes Magos, desde la tierra de los “Reyes majos”, que son los nuestros, de don Felipe VI y doña Letizia, que bienvenidos seáis, en camello, en elefante, en carroza, en carro o incluso en camión camuflado o en tractor, o a lomos de burro, caballo o mula incluso que no está el tiempo para gastos y mucho menos para gestos, veros solamente ya es gloria bendita para los niños y también para los mayores, siquiera porque en la mirada de los niños como en un espejo sin azogue, se ve esa ilusión, eso que se va perdiendo con los años y los tiempos.

Gracias por traer, como siempre, y aunque sea como símbolo, sólo como márquetin, eso que se llama el oro, el incienso y la mirra, que en vuestras tierras de origen, en oriente, que me gusta tanto, yo conocí. Aunque ahora huela a pólvora el paisaje de donde venís, valientemente, jugándoos no solo la corona, sino la vida.

Decía como sabéis, Reyes Magos, que Churchill, aquel señor gordo del puro, inglés, que dijo tantas cosas hermosas, y al que yo vi por cierto un día en Marbella, en el yate de Onassis, pintando una acuarela, cuando iba de paso y de paseo por el Mediterráneo, bueno pues fue y dijo:

– En el siglo que viene, habrá sólo cinco reyes en el mundo. Los cuatro de la baraja, oros, copas, espadas y bastos, y la reina de Inglaterra.

reyes2

Se equivocó el sabio de las grandes palabras, porque hay muchos más, además de los nuestros. Estabais en la lista deseada vosotros, vuestras majestades, los que a pesar de todo y de tanto, seguiréis vivos, ahí por encima de la sangre azul, que no existe, y las dinastías y las historias, porque nada hay que pueda con la esperanza de un niño, al que no le está prohibido por lo menos soñar, ni con la alegría de unos padres, o unos abuelos, que reciben en vena la inyección de lo que es el futuro, la solidaridad, y el sueño aunque no  sea casi nunca hecho realidad del todo. Pero por poco que sea… A veces con sólo veros…

Digan lo que digan y, pase lo que pase, muchas gracias a Vuestras Majestades, en esta carta, que es la primera que escribo este año, aunque en vez de corona traigáis puesto un casco de combate.

Ya sabéis que siempre he creído en vosotros, a pesar de mi viejo corazón de guerrillero de la palabra, sí, pero rebelde, hasta el fin de mis días. Os quiere este chiquillo descalzo que sigue siendo Tico Medina, contador de historias.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer