Juan y Medio: el sembrador de esperanzas

En la noche del 28 al 29 de diciembre, en la uno de la televisión española, Juan y Medio volvió a batirse el cobre. Demostró una vez más lo que es, sobre todas las otras cosas: un sembrador de esperanzas sin género de dudas. Te alegra la vida, hace su propio telediario, que en su caso se llamaría un juanymediodiario. Y alegra el cuerpo, hace más fuerte el alma. Por encima de lo que lleve dentro, a veces una pierna quebrada o la reciente muerte de su padre, Juan, que lleva el sol en la frente, y al que las canas, pocas todavía, le hacen las fuerte frente a las cámaras de televisión, cada día, todas las tardes en el Canal Sur, de su Andalucía- es de Almería y a mucha honra-.

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Sencillamente haciendo más que lo que sabe, lo que sabe hacer mejor que nadie. Haciendo crecer, sobre todo la esperanza, la alegría, el futuro, en aquellas personas, los mayores, los viejos, los ancianos, aquellos que ya cruzaron la raya dorada de los sueños. Los que todo o casi todo lo dieron, a cambio de casi nada. O nada. Juan hace el milagro diario, de lunes a viernes, de que aquellos que ya perdieron el último tren, y si subieron a uno, fue el de la soledad no compartida, y cuenta su historia y les busca pareja, siquiera para que la cuesta de los últimos años, sea más llevadera.

Este Juan y Medio que anoche mismo volvió a batir el récord de su entrega, haciendo el INOCENTE INOCENTE que vio toda España. Consiguió el primer puesto, más del 17 % de audiencia y más aún, en principio, cerca de tres millones de espectadores.

Y le tengo personalmente mucho cariño, más que afecto. Me ha dado, y quiero que se sepa, la última oportunidad de mi vida. Me encontró la pareja profesional, en la televisión del sur, donde todas las semanas por lo menos a esas horas de la tarde, encuentro lo que más quiero en el mundo, mi gente, mi acento. Seis cámaras le vigilan en directo, escuchando la confesión de los que vienen a veces de tan lejos para contar su historia. Y la cuelga del perchero del aire y les busca sitio en otro corazón abandonado. Yo no sabía que había estudiado psicología, además de derecho, pero lo que él tiene no se aprende en los libros, sino en el conocimiento cuerpo a cuerpo, de los seres humanos. Juan y Medio merecería solo con sus años de confesiones, de cara al público, ya de entrada, si es que no la tiene, la Medalla del Trabajo que la de Andalucía ya ha hecho los meritos propios para tenerla.

Juan y Medio volvió anoche a jugar fuerte, repartiendo su sonrisa cinematográfica que mejora con el tiempo, que no es fácil, frente a la cámara. Le ayuda mucho en esto Eva Ruíz, que está bellísima, y eficaz, a la que yo llamo, y me quedo corto, nuestra gran diva española.

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Tiene además Juan, soltero todavía, o mejor dicho solterón con acento en la segunda o, que lo hace más deseado, una actitud positiva ante la vida, pase lo que pase, cueste lo que cuesta. Siempre siembra, bien es verdad que recoge, el producto de su oficio, que es “querer a la gente”, contar lo mejor, atar cuando todo se desata, con una profesionalidad de maestro de escuela en un pueblo lejano y sin lluvia. Se nota que es una tierra hermosa y a veces olvidada.

Nació en Lúcar, y hasta llegar  donde está, ha tenido que luchar como un gladiador de la comunicación. Claro que lo ha hecho, sencillamente, siendo. Con su uno noventa de estatura, deportista nato, andaluz total, capitán junto a Guillermo Garrigós de un gran equipo que yo no he encontrado una tan unido, tan eficaz a lo largo de mis más de cincuenta años de periodismo. Está, ya escrito en lo que es la leyenda de Juan, que aquel niño al que en la calle Doctor Esquerdo de Madrid (creo que era en el 215) al que yo a veces dejaba entrar en la puerta del ascensor, y que llegaba a su casa en el carrito cuna, empujado por aquella guapa mujer, la madre, era él, y aquel ya viejo que le dejaba paso, era yo, que por entonces empezaba en estas luchas. Es un maestro, con su bigote entrecano, sus ojos chispeantes, sus cicatrices del cuerpo y del alma, que con el tiempo van curando.

De la misma forma, que una vez por semana, y después de tantos programas, hace esa joya de la alegría, el buen humor, que es una forma del amor, como siempre digo, que es ese milagro para niños, que es el de menudo, lo que toca lo convierte en audiencia, importa, interesa, se sabe cuál es su mejor producto. Siempre ve el vaso medio lleno, el vaso de la vida aunque a veces no lleve agua. ¡Ay el día que Juan quiera escribir sus memorias! ¡Ha callado tanto! Elegantemente, caritativamente. Yo le admiro mucho y él lo sabe, además he contado muchas veces cual es su secreto. Este:

Que trata a los niños como mayores, y a los mayores, como si fueran niños.Lo suyo es una declaración de principios. Sabe hacer lo que le echen, y de hecho ya lo ha hecho por derecho. Prefiere un programa directo, en el que consulta los datos que le ha hecho su equipo, pero lo hace, a su manera, como Sinatra, en sus canciones universales. Le va el teatro, ha sido un buen detector de metales preciosos en el mundo de la farándula. Es discreto, directo, y culto. Conoce el secreto de los libros, pero sobre todo, entiende el  dolor, la angustia de la gente. Es andaluz total, total, pero a la vez como buen hijo del sur, tiene la fuerza de lo universal.

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Gusta de los caballos hermosos y de las damas guapas, aunque debía haber escrito al revés. Esto es, tiene una buena colección de paisajes en su vida, a veces sube a su coche todoterreno y se pierde con lo justo, por el mundo. Siempre quiere saber más. Yo aprendo, mucho de él, aunque me llame “maestro”, que es una exageración, en público y en privado. Ha hecho cien programas de televisión distintos, ha sido actor, lo sigue haciendo en películas divertidas, inolvidables. Antes te da un consejo que una reprimenda. Y es, lo mejor, un gran  tipo, no solo por la estatura de su cuerpo, casi dos metros, sino por la profundidad de su alma. Se lo dice quien de esto sabe un rato. Servidor de ustedes, que pronto, cumplirá los cien años. Y ustedes que lo vean, y ustedes mis leales, de todo el mundo que a través de este blog, me encuentran, en esta esquina de la actualidad en la que prefiero decir más, como ustedes también saben, hola, que adiós. Les voy a regalar una frase con cuatro eses seguidas:

-Soy su seguro servidor

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