Adiós 2015, ¡hola! 2016

Ya saben lo que digo siempre, que a veces sé que me repito más que la morcilla de mi pueblo, si es que no es buena, que la buena no repite, pero es que no tengo más que una vida que contar y además, soy fiel, todo lo fiel que se puede decir, en este tiempo que vivimos de la ley de la supervivencia.

Creo que he escrito para ustedes más de cien posts, y si no ajusten cuentas, y me dicen, porque yo de números se poco o lo poco que sabía lo he olvidado con tantos nombres y tantas cifras, que no ando mal de respuestas. ¡Gracias! ¡Muchas gracias! No saben lo que me está ayudando este contacto, sino físico, por lo menos químico, con ustedes.

2016

Famosos y más, es lo que yo digo, con tantos ilustres, y famosos importantes, resplandecientes blogueros como me acompañan, me arropan, y a veces incluso creo que también ayudo de alguna manera a su brillantez, merece la pena en todos los aspectos.

Creo que a lo largo de estos meses he acertado, siquiera un par de veces, sobre todo sabiendo los nombres que me escoltan, que me enseñan, que me acompañan. Muchas gracias también, y no quiero decir adiós, porque ya saben que prefiero gritar ¡hola!, que tanto está en el tuétano de mis huesos, profesionales, sentimentales, de por vida.

Sí quiero decirles que en estos meses y espero que no sea una despedida, he aprendido mucho, he entendido, que siempre es tiempo de entender, de aprovechar. Y no quiero hacer filosofía barata.

Lo que sí les puedo decir es que esta Nochevieja ya está aquí y ustedes la tienen ya programada, y que sepan que con poco que tengan, merece la pena, eso, no perder los sueños, no los sueños de dormir, que esos también si es que son buenos, sino los sueños de soñar con los ojos despiertos. No me dejen de soñar por favor, queridos míos, incluso aunque ya lo que tenga uno sean pesadillas, que es una forma de soñar, en el tiempo que vivimos.

Que las uvas de esta noche, las doce, con o sin hueso, sean positivas, familiares o no, que a veces uno, una, no tiene más compañera que la propia soledad, que dicho sea de paso, en ocasiones, cuando no hay otro remedio acompaña mucho.

uvas

Pero ando colgado hoy en el árbol del pensamiento, cuando lo que debía es estar al pie del árbol del sentimiento, que es distinto. Tal vez, porque apaga y enciende sus luces de plata, el árbol que bajó del cuarto trastero, cada día más lleno, alguno de mis hijos, que con sus hijos, mis nietos, volvieron a regar la tradición, que no es poca.

Así que el árbol, que es como si fuera un abeto seco, aunque yo siempre pido, quiero, exijo casi, que a ver cuando al menos en Andalucía, mejor en toda España, lo que hacemos es usar, aunque no sea el verbo justo, el olivo, que no solo es un árbol bellísimo, sino que además, es más nuestro, aunque usted que me lea sea del norte. El olivo es además, el paisaje por excelencia en Palestina, donde yo he vivido en la guerra y en la paz, muchas veces. Por poco que digan, ya se sabe, que la oliva es un fruto de paz, aunque a veces sepa a pólvora. Y aunque la tradición, también a veces aseguré que de un olivo se colgó, en su día o en su noche, Judas Iscariote, aquel pobre traidor que entregó a Cristo, su jefe, su hermano, su amigo, por un puñado de monedas. Treinta denarios, dice la historia de los evangelistas. Aunque en la actualidad se está reivindicando de alguna manera porque Judas hizo lo que hizo. Pero esa es otra historia.

He contado en estos meses muchas historias. Casi todas, creo, que en la línea de la veracidad. Como lo he vivido, lo he narrado. Quiero de esta manera justificar mi trabajo, mi relación con ustedes, pedirles perdón si les extravié, nunca les mentí, créanme, es más, escribí siempre a golpes de sangre, como a veces digo, como a veces escribo. Como les cuento a veces. Incluso, escribo como siento, la caligrafía de la emoción, de la pasión, es la que me empuja.

Ya se nota, claro que sí. Por eso les digo que acabo de plantar en el jardín comunal unos metros de tierra sin cultivar, que veo desde mi ventana, un limonero que traje un día de la fundación de don Paco Ayala, mi paisano y mi maestro, un enorme granadino de pensamiento y de sabiduría. A ver si crece.

El portero nuevo, que además se llama Noel, tengo que felicitarlo porque estos días será su santo, me lo ha trasplantado al lado de aquel olivo, que un día robé en algún barranco del camino, una rama de olivo, que ya da aceitunas, que me gustaría tener en mi mesa algún día. Palabra.

nochevieja

A ver si los dos árboles me dan sombra que será buena sombra en su día. El olivo, ya da fruto, el limón, ni un limón ha dado, y no he podido beber de su fruta amarilla y deliciosa. Este año que empieza, o sea mañana, el dieciséis pretendo, si puedo plantar, un granado, que me dicen que además de ser fruto y buena sombra y escudo de Granada, de la que soy su cronista, tanto de la ciudad que no es poco, como de sus pueblos, ofrece una serie de poderes, como son los del amor, lucha contra el dolor, te desoxida los huesos, y por si fuera poco, te lustra la piel, la vieja piel, que ya se me anda cuarteando o de otra forma, como yo digo, alagartando, que por la edad se me va haciendo de cocodrilo.

En fin, que las doce uvas no sean esta noche las de la ira como en aquella película, que primero fue novela, americana, donde el sabor amargo, permanece en la memoria del tiempo que se fue. Adiós lo malo, bienvenido lo bueno, que este es mi único mensaje.

Y que sigamos, juntos, como estamos, por lo menos como estamos, servidor escribiéndoles, que me activa el recuerdo, y el futuro me lo apadrina. O mejor me lo amadrina. Y que cuando esta noche escuchemos esas doce campanadas, que por lo pronto, nos deseemos lo mejor, los unos para los otros. Que la sardina asada nos sepa a caviar y que la tradicional sidra asturiana, el jugo de la manzana del norte, nos sepa al mejor champan francés. Todo es cuestión de sentimiento. Y que el dieciséis, por lo menos, por lo menos…

Aquello que decía el pobrecito sentado en su silla de ruedas, mientras se rompía lo poco que le quedaba por romper en la caída por las escaleras de su casa:

-¡Virgencita mía! ¡Que por lo menos me quede como estoy!

Ya sé que es un pensamiento cruel, sobre todo en estas fechas, pero es ferozmente cierto. Que sigamos siendo como yo soy, un coleccionista de estrellas. Un buhonero de leyendas. Que los sueños, sueños son y además, ¡no cuestan nada!

  • Sr. Tico Medina, no se puede imaginar lo bien que me lo paso leyendo sus comentarios, me gustan y me entretienen, cuanto sabe usted, maestro.
    Que Dios le de mucha salud para que pueda seguir trasmitiendo todas sus experiencias que son maravillosas
    Feliz año 2016.
    Un abrazo

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