Imelda Marcos, la ‘mariposa de hierro’ vuelve a ser actualidad

A Imelda Marcos, que fue esposa del presidente de Filipinas durante muchos años, le encanta ser noticia, estar ahí, en la cresta de la ola, como lo estuvo ya hace medio siglo no solo ya como primera dama de uno de los países -es curioso- más lejano y más cercano a España, y que dejó su huella, sino como protagonistas de muchas historias de su tiempo.

Y es verdad. Así que hace ya también medio siglo, quizá menos, fui a entrevistarla hasta Manila gracias a la invitación de Manuel Elizalde, un español que hizo mucho por el país al que había emigrado y también por España. La charla debía ser en el palacio de Malacañag, nombre difícil pero casi castillo inolvidable. También en mi tiempo entrevistaríamos en exclusiva al presidente Ferdinand Marcos, que llegó a ser portada de ABC cuando servidor era jefe de reporteros del diario español.

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Aquel día, Ferdinand en su trono, digamos como metáfora “de oro y bambú”, me  prometió y así lo hicimos saber a nuestros lectores, puesto que por ese titular íbamos sin duda alguna, que “el español seguiría siendo lengua también oficial en Filipinas”. Y sus siete mil islas.

En la ocasión en que íbamos a entrevistar a su esposa Imelda, uno de los personajes más impresionantes y resplandecientes de su época que llegó a ser llamada incluso “la Kennedy de Oriente”, debíamos asistir a la noche siguiente de nuestra llegada a una especie de homenaje que se le rendía en un teatro al aire libre de Manila, que es sin duda, además, y lo era ya entonces, una de las ciudades más originales, y españolas en el fondo todavía, de aquella parte del mundo.

Nos había ayudado mucho, muchísimo, en aquella negociación, y así debo recogerlo en este post nuestro de cada día, la esposa del embajador, y el embajador, claro. Pitita Ridruejo, dama muy querida entonces y ahora y de indudable fuerza en la sociedad y la cultura de nuestro tiempo. Por ejemplo, yo no puedo ni debo olvidar que ella me invitó a conocer en su propia casa de Madrid a uno de los más fuertes personajes del mundo de la meditación de la India, aquel monje, aquel Lama de barba blanca. Que ahora puedo decirlo, estuvo a punto de cambiar mi vida. Como me ha ocurrido tantas veces, prueba buena, indudable, de la importancia feroz y feraz de mis personajes.

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Pero aquella noche cálida, estrellada, perfumada donde estaba lo mejor de la sociedad de Oriente, por lo visto estaba también alguien de lo peor, según decía la casa presidencial, ya que en un momento dado, imprevisible, un hombre de la tierra saltó al escenario donde la primera dama recibía el beneplácito de su pueblo con un machete de cortar hierba en la mano.

Fue tremendo. Les puedo decir, y lo conté en su tiempo en ABC, que la sangre de Imela Marcos nos saltó a la primera fila que ocupábamos por deferencia especial de los embajadores griegos, hasta nuestras propias personas. Un largo minuto angustioso, en el que se escuchó el grito terrible de la primera dama. Militares y paisanos de la guardia presidencial, de gala, saltaron a la escena. La sangre, sí, la sangre, manchaba el bellísimo vestido que a Imelda le gustaba llevar, de amplias mangas transparentes, seda con hilo de oro, que le daban el nombre de la “mariposa de hierro”. Parecía que iba a volar. Otros le decían “de acero”.

Termino el primer capítulo de aquel relato que sobrecogió al mundo. El asaltante fue abatido. La ceremonia se terminó inmediatamente. Ferdinand, el presidente, había sido izado por los suyos más cercanos, tambien con gotas de sangre de su esposa en la impecable camisa blanca de almidón, que era como una especie de uniforme de gala de los filipinos, y lo sigue siendo.

No fue posible la entrevista. La primera dama de excusó a través de su embajador en España. Pero nos avisó que inmediatamente que fuera posible nos recibiría, sin especificar dónde ni cuándo.

Y lo hizo unos meses después. Sería en Londres y en la embajada de Manila en el Reino Unido. Nos recibiría “con sumo gusto”.

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Y fuimos el compañero fotógrafo y  yo. Y en la embajada, un edificio muy inglés, claro, en el salón de recepciones, nos recibió “encantada”, dijo. Alto el pelo, como siempre le ha gustado llevar, muy cardado, oscurísimo aun, los hermosos ojos de largas pestañas que ayudaron tanto a que en su tiempo fuera Miss Manila y enamorara al joven político emergente que luego fue durante más de veinte años, creo, presidente de su país, al mismo tiempo que se convertía en uno de los hombres más ricos del mundo, y por lo tanto Imelda, a la que no quiero traicionar hoy, al ser su esposa, en una de las mujeres más brillantes de su tiempo.

La entrevista estuvo llena de confidencias. “Acompañaré a mi esposo hasta el final de sus días, como él prometió también en nuestra boda católica de Manila, pase lo que pase”.

Y así lo ha hecho y lo viene haciendo. Hace unos días, apareciendo junto a la urna que contiene la momia donde reposa Ferdinand Marcos, el hombre más amado y más odiado también en su tiempo. Y más aún estos días también, y esa es la verdadera actualidad de este retrato de tiempo pasado. En la sala de subastas de Sotheby’s de Londres se está ofreciendo su colección de joyas, esmeraldas, un collar impresionante, diamantes y rubíes al mejor postor. Su joyero personal.

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Es interesante reseñar que la subasta la hace el gobierno actual de Filipinas, que en su momento embargó lo que pudo, lo que dejó en su salida en un helicóptero de Estados Unidos cuando fue arrancado de su precioso sillón presidencial. Sin embargo, y siempre que le es posible, Imelda puede acudir -ya que tiene pasaporte diplomático de embajadora especial- a la capital donde nació en su día hace ahora ochenta y cinco años. Su hijo está en la carrera de salida para volver a la presidencia que llevó a su padre al poder máximo. Es candidato y con muchas posibilidades. Ella cree, sonriente, que igual lo consigue. Mientras tanto espera el momento en que la dejen asomarse a su espléndida, única, colección de zapatos, una de sus femeninas obsesiones. Las joyas están valoradas en ocho millónes de euros. Los zapatos, no es posible calcularlo ni vendiéndolos en una subasta benéfica para los pobres del mundo, que sería una buena idea. Se ha dicho que tiene más de mil pares en algún sitio guardados del palacio que ocupó en su tiempo. Otros aseguran que son más de tres mil.

Volví a Filipinas más tarde para hacer uno de mis reportajes más inolvidables. Me atendió el hijo de aquel viejo español que nos llevo a mi esposa y a mí, por primera vez. Bajé en la isla de Mindanao a uno de los lugares menos visitados del planeta. Hasta donde Vivian los últimos seres humanos que no conocían aun la edad del Hierro. La tribu de los Tasadays, a la que había podido bajar solamente e este tiempo nuestro uno de los Kennedy preocupado por el destino de la humanidad que convivimos. Su reportaje en National Geographic me conmovió y sobre todo me ilusionó mucho. Aún tenía fuerzas para hacerlo. Y el mismo día que el hombre llegaba a la luna, servidor bajaba al corazón de la tierra tratando de conocer a nuestros primeros antepasados.

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Hasta ellos no llegaba la luz del sol. Vivían al pie de los grandes árboles en cuevas, y no conocían el almacenamiento, iban al día. Ahí me hice amigo de un  inolvidable, insisto, balayan que me acompañó como amigo leal mientras estuve allí dos días, mirándome a los ojos con su larga melena y su  lanza de bambú. No sé qué habrá sido de él, pero sí que con él me hice una foto, la más grande de mi vida, que está en el ayuntamiento de Píñar, mi pueblo, que además acaba de hacerme hijo predilecto.

Luego les diré que sigo paso a paso la vida, no en su totalidad, de esta mujer que en su momento hizo enamorar, o viceversa, a uno de los más extraordinarios, y de raíz española. A George Hamilton, al que la leyenda de los medios estuvo a punto de emparejar, si bien el ya quería sentirse a la vera de otra extraordinaria mujer de su tiempo: Liz Taylor.

Pero eso, como digo alguna vez, si tengo tiempo se lo contaré de nuevo. GH es un galán que tiene mucho de la raíz de nuestro español imbatible, don Juan Tenorio. A ver si puedo. Ustedes se merecen conocer a este actor, que  conocí un día, y para ¡HOLA!, en las colinas doradas de Hollywood. De aquel Hollywood de antes que nada tiene que ver con el de ahora.

  • Revela esta interesante historia que cuando se trata de embadurnar el ego mostrando a la audiencia los logros personales, no existen límites. La familia Marcos es un ingrato recuerdo para el archipiélago no solo por su crueldad como dictadura sino por su robo continuado al bolsillo raído de millones de filipinos. Sin duda personajes importantes en la historia. Pero la pluma de alguien decente debería recoger la historia para denunciar, que no para alabarlos. Pero para este autor, señalar con orgullo que saludó a Imelda, es un medio para alabarse a si mismo mediante un ejercicio de onanismo gramatical que merece la crítica férrea de cualquier persona respetuosa del honor, del valor de la historia y de la dignidad de las naciones.

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