Bertín Osborne, además de duque de Donadío

Con acento en la “i” en lo de Donadío. Que lo es desde que lo heredó de su padre, del que siempre habla con respeto, admiración, y cariño. Norberto Juan Ortiz Osborne, si bien no tiene nada que ver, a pesar de su sonoro apellido, con la firma del buen vino. Aunque entre sus gustos más personales está el saber de vino, claro que sí. Lo tiene y propio, y en botella, y bueno, y de mujeres, hombre claro, amén de jugar al pádel, día si y día no, aunque ahora con lo del magnífico programa de la tele, ya saben, los miércoles por la noche, que con lo del torero Manuel Díaz “El Cordobés”, hubo momentos de oro, de más de ocho millones de espectadores.

Sabe cantidad de caballos. Y es nacido en Jerez de la Frontera, lo cual marca mucho. Para mí, que es como el ser de Granada, un título. Porque Jerez tiene señorío y gracia, y alegría y color, tiene por tener seis sentidos y no cinco, como los demás lugares de la tierra.

Ha cumplido los sesenta y en unos días va a por los sesenta y uno y, sin embargo, este vagabundo de platino está en su mejor momento, y eso que es coleccionista de grandes momentos, a lo largo de toda una vida.

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En la muchachez, en el colegio de los Jesuitas del Campillo de Málaga, duro colegio donde a los del sur, que tenían posibles, los amenazaban con mandarlos. Y después, en El Escorial, sitio con disciplina, claro. Pero él era un escapador nato, un fugitivo de sí mismo, así que se fue de la casa con lo puesto y hasta hoy.

Aunque es muy casero. Vamos, le gustan las casas no vean cuánto. Por ejemplo, esa que tiene en Sevilla, que es gloria bendita y que si yo tuviera dinero, se la compraría. Rojo sangre, antigua almazara de aceite, palmeras, olivos, salas grandes, patios con agua que suena, en fin, y a pocos kilómetros del Guadalquivir.

Me han contado que la quiere vender, no la vive. Así que aquí tiene una en un barrio elegante de Madrid, del estilo de las del arquitecto aquel tan bueno que salía en el canal Cinco, en el programa Sálvame. Casa cómoda, de tiralíneas, blanca, la de Madrid, digo, con muy pocas escaleras y que hemos visto cien mil veces ya, porque abre sus puertas para sus invitados, que a veces además de respuestas, le llevan un jamón, como los que él tiene de su marca y que alimentan la fundación suya para “niños con problemas cerebrales”.

Como ese hijo suyo, que va creciendo como un olivo fuerte y en el que tiene depositada gran parte de su vida, de su trabajo, de su obra, de su tiempo y también de su esperanza.

Hay gente que dice que donde nació fue en Madrid. Lo que pasa es que él dice de Jerez, porque todo el mundo lo asegura. Mide cerca de uno noventa y pertenece a la categoría de los macho man, de los grandes de todo tipo, incluso en la estatura del alma, más que la el cuerpo.

Ama el mar, la mar, pero vive en la tierra y sabe llorar, y que le vean no le importa. Yo le he entrevistado más de una vez, muchas, y  hasta he trabajado con él y con  su esposa hace algunos años en un programa de televisión que hacíamos para América. Él y ella presentaban muy bien, muy bien, y yo hacía de viejo contador de historias, como siempre. En ¡HOLA! hay, naturalmente, mucha documentación sobre él y su sombra. Su buena sombra, porque la tiene, y es millonario en sonrisas, alegra el cuerpo y el alma por donde va, incluso cuando tiene, como padre amantísimo que es, que tomar a su chaval  en brazos para acercarlo al cuarto de juegos, cada día el niño mayor, y más fuerte.

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Bertín se casó, como todo el mundo sabe, porque su vida es transparente como su edad, dos veces. Una con Sandra que se le murió de cáncer, tan linda… Sandra que en paz descanse, que le dio hijos, hijas, que ya son criaturas. Eso sí, bellísimas, con títulos europeos. Son muy guapas y ya están en la lista de las noticiables. Su segunda esposa, Fabiola hoy, es elegante, distinguida, con ese toque especial que tienen las venezolanas, que son tan, tan, lindas.

Monta a caballo, Bertín, como un rejoneador de los de verdad y vestido de corto, que yo lo he visto, y con su sombrero cordobés es cosa ejemplar. Le gusta mucho llevar la media bota sin espuelas y hacer buceo en las aguas profundas, aunque alguna vez estuvo a punto de salir en brazos de las asistencias.

Escribe buenas canciones, muy buenas, y canta que da gloria. Por ejemplo, les cuento que un día me despertó en México, en el Hotel Chapultepec, alguien que cantaba en la radio, que siempre la tenía puesta por que era yo entonces corresponsal en América de la televisión, y que creí a la primera, aquel torrente de ranchera, que era un mexicano, que entonaba las mejores mañanitas, con sus mariachis.

Por eso, ha hecho películas, cortos, largos, series, documentales, presentaciones, y también en años difíciles, ha vendido pisos, seguros de por vida y de por muerte, y ha hecho de todo, jugándose el pan como un fajador de su tiempo.

Yo he hablado con él en algunas de sus casas, en aquella de Jerez, siempre tan de campesino, y sé que la finca de Manuel Díaz, en la que tuvieron la oportunidad de freír un huevo como mandan los cánones del sur, y que no es nada fácil, sobre todo si lleva puntilla, y además va acompañado de alguna cosita, con perdón,del cerdo.

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Les puedo decir que algunas veces uno de mis cuatro hijos, generalmente Tico, subdirector de la revista ¡HOLA!, me trae panecillos de los del sur, molletes, que llevan el nombre de su sello: Bertín Osborne. Están buenos y su raíz está entre Córdoba y Antequera. Se lo recomiendo a ustedes. Eso sí, con su aceite correspondiente a ser posible de los montes orientales de Granada, los de mi pueblo, Piñar, que es el que usan para las botellas de aceite del Generalife en la Alhambra granadina.

Ha cantado cientos de canciones, de las que ha compuesto algunas, y con éxito indiscutible, ha presentado no sé cuántos concursos, pero su  gran marca, es por ahora, “En tu casa o en la mía”.

Es valiente en sus respuestas, no teme a nada y a nadie, y además, cómo te mira a los ojos cuando te pregunta, que es una condición, que hace más grandes a los mortales de este oficio, y a la par te sonríe, abiertamente, que te desarma aunque lleves una navaja en el bolsillo interior de la cazadora.

A veces usa corbata, pero no siempre, y todo el mundo quiere ir, de los famosos digo, a su programa, que está sacando por encima de los veinte de audiencia, que ya es bastante. Por ejemplo, se espera que acuda Rajoy, según se dice, porque además, ya estamos en tiempo de elecciones, como todo el mundo sabe y soporta. La cocina le va y no es torpe en el horno. Fríe, guisa, y cuece con habilidad, y Fabiola le ayuda de forma guapa y eficaz.

Su vida, en sí, es un secreto a voces. Y a propósito de voces, les diré que está a punto de salir su disco, último por ahora, con más de sesenta ya a su favor. Gusta mucho a las damas de todas las edades y hasta los más críticos de la tele le ven. Han llegado a la conclusión de que “algo tendrá el vino cuando lo bendicen”.

Él mismo acaba de confesar que “incluso cuando tiene tres copitas, está mejor en el programa”. Por eso, Bertín, en la tele, ahora, se te sube a la cabeza y te alegra el corazón. ¡Suerte, majo!

  • Maestro Tico……Bertín Osborne me encanta, desde que hizo telemovelas en mí – México querido!!!!!! No me pierdo ningún programa de En la tuya o en la mía………. pero el últino programa no lo dejan ver en USA. Es una lástima tán exelentes entrevistas— con él Señoron Bertín Osborne.

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