Alain Delon, ‘se le rompió el amor de tanto usarlo’

Nos vale el nombre de la copla de la más grande, Rocío Jurado, para titular o reunir en unas pocas palabras la casi increíble historia de este galán, todavía galán, más que otoñal, invernal, Alain Delon, que acaba de cumplir estos días ochenta años.

Antes de nada les confesaré, como ya habrán podido comprobar a lo largo de estos meses de “convivencia” a través de HOLA.com, que me gusta más, mucho más, escribir de alguien, por mayor que sea, que cumple años, que el de hacer la necrológica de algún grande de los que se va, para siempre, por la implacable ley de la vida.

Es por eso que hoy celebramos, soplamos las velas mediáticas de este pastel que lleva en chantilly, claro, el nombre de este francés, aunque viva en Suiza ahora por razones fácilmente conocidas, que además, nació junto al Sena, hace ahora ochenta años.

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Con la fuerza que me da decir que lo conocí, le entrevisté hace ya algún tiempo, pero que lo tuve bien cerca, y es por eso, que a pesar de la tristeza indudable de sus últimas declaraciones, con motivo de su cumpleaños: “Soy un nostálgico. No me gusta el mundo en que vivimos, prefiero a lo que hay fuera, esto que tengo cerca, mi casa, mis hijos, mis gatos…”

Cuando yo hacía el programa de los sábados por la noche en Televisión Española, entrevistando grandes personajes- John Huston,Gloria Swanson…- una noche  tuve la suerte, la gran suerte, de conocer personalmente a este caballero francés, este amador, enamorador de las mujeres más bellas de su tiempo, actor respetable, en la línea de los grandes don Juanes franceses, que venía ya con el resplandor mágico de aquella película junto a una piscina y el mar al fondo que se llamó A pleno sol y que pudo escapar de la censura, milagrosamente.

Hablamos en un español discutible y en un francés deleznable, al menos por mi parte. Tengo la foto del encuentro de aquella noche en los estudios de Prado del Rey. Alain traía consigo en el equipaje de mano, reconocido, su pasaporte de gran seductor. Lo era. No sé por qué sospecho, aunque diga que no, que a estas alturas lo sigue siendo. Eso no se quita con una toalla de contra maquillaje después de la actuación frente a las cámaras. ¡Claro que no! Firmó autógrafos, los que quiso. Era elegante, pero digamos que a la negligé, y tenía unos peligrosos ojos azules. Sí, azules.

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Su agenda de mujeres ya lo ha demostrado. Desde aquella mujer misteriosa y trágica que fue Romy Schneider, la de Sissi, que le amó locamente, aquella vida trágica que acabó con su suicidio, hasta no sé cuál será el nombre de la última por ahora, para no fallar a la necesidad de que hay que dar todos los datos, y si no, ninguno.

Me pareció, con su sonrisa de macho alfa como se dice ahora, peligrosamente con su aire canalla, y su sonrisa de medio lado, un peligro suelto, y más con eso que se llama el indudable toque de lo francés.

Alain Delon, que cobró por la entrevista, se nacionalizó suizo en el noventa y nueve. Pero ya antes había demostrado que era un formidable actor, y buena prueba de ello es que le dirigió aquel Visconti, que aseguran que estaba enamorado de él, así como Antonioni, o los dos al mismo tiempo. O sea además, era un gran intérprete del corte del Gerald Philip, al que también, dada mi edad y a mi oficio, tuve la fortuna de entrevistar. A mí, particularmente, me encantó haciendo aquel Gatopardo, inolvidable, que me cuentan ve en el cine de su casa, sólo por recordar.

Eso sí, sabe que recordar es malo, y que recordar demasiado es una catástrofe. Sobre todo para el protagonista. Es el actor con más romances del cine francés, tiene el Cesar de Oro, que es el Óscar europeo, y entre sus numerosos hijos, todos de muy hermosas mujeres, está el primero, Anthony Delon, al que ¡HOLA! me envió a entrevistar en una casa preciosa, un ático sobre el Sena en París, cuando era un muchacho y empezaba a vivir del cine, por su físico más que por otra cosa. Tenía la misma mirada que su padre, que ya era una garantía, aparte del apellido, pero no se es un gran actor sólo por ser hijo de un gran actor. Creo que está en un mundo más lejano de los sentimientos, propios, en alguna ONG, o dedicado a la producción de historias para el cine.

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A veces habla de él su buen amigo Belmondo, el feo más atractivo del cine francés, que aún permanece. Y hoy por hoy, cuando se ve, a Delon digo, en la cercanía de una bella mujer, es junto a esa preciosa criatura que es su hija Anuskha, ya en el mundo de la moda y de la televisión. Cuando hablamos aquel día, aquella noche, me aseguró que le gustaban mucho los caballos y que por eso adoraba a España, y nos reímos mucho cuando a confesó:

– También amo la pintura, la buena pintura. Picasso, claro. Así que amo a España doblemente…

Tuvo amores con, por ejemplo, Brigitte Bardot, con la princesa Estefanía, con…

Todo lo que nos dijimos aquella noche estará, creo, en los riquísimos archivos de Televisión Española, que ahora está exhibiendo gloriosamente en la dos de sus cadenas. Lo que no dijimos, pero sí vivimos, fue después de aquella entrevista, en la noche del viejo Madrid. Pero eso, lo he olvidado. Ustedes perdonen, deben ser los años. Los suyos, y los míos.

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