77 velas para doña Sofía

Tampoco era necesario decir el número. No hace falta. Sólo, si acaso, avisar que si los veinticinco son los años de plata y los cincuenta de oro, los setenta y cinco es el tiempo del diamante y los 77, entonces que son dos años más, pues es el tiempo de la leyenda.

Estos días se celebra, o por lo menos, se recuerda. Yo también, por lo mucho que hizo por mí, siendo simplemente Reina, por las veces que me ayudó en la distancia, por su última carta, a mano, que me trajo el cartero real, hace poco tiempo. Les cuento: “Le habíamos otorgado el premio, Tico Medina”. Como les cuento, en Canal Sur Televisión, el primer premio, por “su labor en favor de los mayores, a lo largo de toda su vida”.

reina-1136

Era un premio solidario, dos manos, apretadas, en un saludo eterno. Bronce y piedra. Se lo ofrecimos, pero como era lógico, por otro lado no pudo acudir a la cita en Sevilla. Toda Andalucía, pero toa toa, como diría la canción de Jesulín, estaba lista para echar la casa por la ventana. Se excusó en una carta, a mano, con la corona azul, que yo, claro, conservo. Me recordó los buenos días que habíamos pasado por el mundo, ella de Reina y yo se juglar de la Reina, para contarlo…

Hoy os recuerdo.

Cuando buscábamos la ciudad perdida en la sierra de Colombia tan peligrosa, cuando nos retrataron juntos en el convento aquel de Cartagena de Indias, cuando en Suiza, junto al Rey padre, me descubrió entre los demás enviados especiales, cuando me felicitó por mis cuarenta en la Embajada de Guatemala y brindamos copa en mano, cosa no habitual, y el rey Juan Carlos me tiró de las orejas, cuando yo subía, agotado, las escaleras de la pirámide del sol y de la luna en México y ella bajaba como si volviera de paseo, y me dijo aquello de: “es que son las agujetas de la historia”.

reyes

¡Ay la reina! Tanto en las noches azules de Oviedo o en las aguas del barco, o en las cataratas de Paraguay…

– ¿Dónde te has dejado hoy el chaleco, Tico?

– En el modesto palacio de la Zarzuela, en el teatro, en las noches de música, en Nueva York, Reina sobre Reinas….

¿Cómo no voy a felicitarle? Cuando preguntan en un periódico, tal vez porque no tenía otra cosa para rellenar la página:

– ¿La reina doña Sofía ha sido una buena reina?

Es una pregunta, tonta, sin duda. La Reina es ahora más Reina que nunca. Doña Sofía, es una gran profesional. Ella nació Reina. Anthony Quinn, cuando escribía yo sus memorias para ¡HOLA!, me contó un día que la conoció de pequeña, mientras hacía las películas Los cañones de Navarone Zorba el griego, que se hicieron en las tierras griegas…

– Yo, de niña, la había tenido muchas veces en mis rodillas, sentada, jugando, cerca de su padre el rey Pablo de Grecia y sin embargo, el día que nos recibió en Hollywood, durante una audiencia…

reina-3

Quinn, parece que lo estoy viendo, abiertos los brazos, corrió hacia ella gritándole: ¡Querida doña Sofía! Y la reina, le alargó la mano, sonriente, solemne, distante.

No hubo reverencia, pero sí el protocolo, tan frío, era la Reina…

Y a continuación, en el primer aparte, doña Sofía se fue humildemente hasta el gran actor, y le dio dos besos y un fuerte abrazo, y los dos, entre tanta estrella, recordaron juntos aquellos días lejanos en las Islas Griegas.

Nació para ser Reina y eso no se aprende, aunque yo la prefiero, de madre- el rey don Felipe se le parece mucho-, y también de abuela…

Me ha salido en verso. Mi regalo, Reina. Soplo con recuerdos, la memoria viva, las setenta y siete velas…

Responder a ameia garay Cancelar la respuesta

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer