Rosario Flores: oro de ley

Pero de ley de verdad. Así se llamó la primera vez que rompió a cantar para los demás. Porque lo mejor que tiene esta niña, siempre la llamaré la niña porque era así de alta, aquella criatura que, a veces, no siempre, es muy personal, no quería entretener. A veces tímida, entraba en las largas tardes de confesión con su madre, Lola Flores, cuando escribíamos sus memorias en la calle de María de Molina de Madrid.

lola-flores-tico2110

Era muy gitana, tanto como su hermano Antonio, quizá más aun; la que más de los tres. Su padre, don Antonio González, al que nunca llamaré “el pescadilla” porque no me gusta, aunque por su apodo se le conoce. Era un señor en toda la extensión de la palabra y desde luego el padre, quizá con Peret, de la Rumba catalana. En mi memoria está aquel sonido en segundo plano de su guitarra excepcional sonando en la habitación cercana, la puerta a medio entornar, mientras, como música de fondo, yo escuchaba abrirme el corazón de par en par de Lola en sus largas tardes de descubrimientos.

A veces, digo, aparecían en la escena dos personas, dos. Si acaso Antonio Flores, el hijo varón de Lola, genial Antonio, siempre la color del crisantemo, bello, resuelto, decidido a su vida y a su muerte. A ratos iba y venía del color de la ceniza. Era un monstruo en lo suyo, un creador nato, un músico fascinante, un caballo oscuro en el cielo de la creación.

– Mama, -sin acento en la A, nunca- que quiero que me des cien pesetas que me quiero comprar un colchón a plazos…

Lola echaba mano al bolso, que siempre tenía cerca, con la mirada muy triste, pero sin dejar de abrirlo.

– Hijo mío, si me has pedido lo mismo el otro día….

Y se lo daba. Luego, cuando Antonio se marchaba sin despedirse, la primera coleta que yo había visto en mi vida, o el pelo suelto sobre los hombros…

– No es pasión de madre, Tico, pero ¿a que se parece a Cristo…?

En ocasiones, entraba Lola, seria siempre, con más años aparentes de los que tenía.

– ¿Sabes que escribe como los ángeles? Tiene un baúl lleno de versos y de letras de canciones

Y muy de tarde en tarde aquel puñado de aire moreno, aquella chiquilla, que llegaba como un ciclón, antes de salir a la calle.

– Vuelve temprano, niña, que no está el tiempo para ir sola por ahí…

Y cuando desaparecía aquella niña que olía a naranja, el pelo largo ya suelto sobre los hombros, Lola me miraba, como cuando ella miraba, que te dejaba en cueros, y confesaba: “Es una niña genial. ¿Te has dado cuenta del brillo que tiene en los ojos? Tiene el sello de la casa, claro, esa niña será algo grande y en cuanto desarrolle un poco…”.

rosario-flores-tico2110

Rosario, a la que nunca llame Rosariyo, y ella lo sabe, si acaso Rosario Flores, hasta que con el nombre bastaba para saber quién era, Ro-sa-rio, fue creciendo en el arte, en la inspiración, en la pasión, en el sentimiento, no alrededor de, sino desde dentro. Acaba de cumplir los cincuenta, o los cincuenta y uno, ¿qué más da? Y continúa con ese arrebatador tsunami en la cintura, y ese quiebro en la garganta, y esa música en su paladar, heredado en las dos vertientes de su propia historia. Es grande, grande, hasta rabiar. La veo poco, pero la sigo como el perro viejo que sigue el rastro de la trufa genial. Tiene dentro el resplandor de su casa, de su casta, y, además de dos Grammys y lo que le queda, haga bolero, copla, bulerías, incluso rock, lo que le dé la gana, lo hace, o mejor dicho, lo siente, genial.

Un día en Indian Creek, en su casa de Miami, Julio Iglesias, con el bañador blanco, moreno de sol de Florida, me miró despacio y fue y me dijo…

– Oye… ¿tú te has fijado en el brillo que tiene en los ojos la niña pequeña de Lola Flores? Tiene fuego, pasión, es la suya una mirada diferente a todas las demás.

Cierto. La misma definición de su madre. Niña de ombligo oscuro que ahora veo, siempre que sale en la tele, en eso de La Voz.

No puede esconder lo que siente, se le ve enseguida porque conoce y vive en su propia carne, en su propio largo hueso, el pellizco del duende, que es su principal tesoro. Además, de su millón de discos vendidos, o más, de su éxito en España, en América, por donde pase; el propio triunfo de su vida familiar, que me gusta tanto, ya sea de largo, haciendo brillar las estrellas de su sonrisa en una fiesta grande, o moviendo sus largos brazos en una bulería, cantada y bailada con las piernas abiertas, y las manos al cielo.

Me gusta mucho, esta mujer, también en su propia vida personal, con su marido Pedro, yo fui sobre todo amigo de su padre, Lazaga, un grande de la dirección de cine. Sé que son felices, familiares, ya esté en Los Caños, al sur del sur, bajo uno de los cielos más azules del mundo, o con la herencia que ya tiene, ajusto cuentas, menos de diez desde luego. Hace mucho que no la veo, así cuerpo a cuerpo, y me gusta así, en la distancia, como cuando venía a los brazos de su madre en aquella casa, Los Churumbeles creo que se llamaba, que tenían los Flores González, en Marbella, hace ya tantos años.

Es más gitana que su madre incluso porque es gitana de padre como manda la tradición, y Lola no lo era. Tiene la piel morena de su raza, alguna hermosa hebra de plata en su pelo y cuando canta flamenco lo hace de verdad. En el fondo es tímida, creyente a su aire, me atrevería a decir que clásica, aunque sea moderna, la más moderna del mundo en su vestir. En su estar.

rosario--blog-tico2110

Les diré que le gusta componer, y mucho, que en eso ha heredado a su hermano Antonio, al que no es fácil de olvidar. Le gusta mucho la América caliente, nuestra, la de nuestra vieja lengua, y por eso digo que es oro de ley, aunque prefiera llevar un collar de granos de café que una cadena de oro amarillo del de la Laguna Dorada, aun no encontrada del todo de la Colombia querida, a la que cuanto antes, me gustaría volver, si acaso de despedida. Ha sufrido mucho, lo que no está escrito en los papeles, como se dice por el sur, y camufla su ojera a veces con esa sonrisa suya, feroz, feraz, que tiene mucho de la gloria de su madre y de la guitarra de su padre, tocando por soleá… Con acento en la A.

Así que estoy deseando que sea el día de la semana cuando aparece en la tele sentada en su silla, tocando el timbre, y no pudiendo ocultar lo que es parte de su herencia. Su sentimiento. A ver si un día la veo, aunque tenga que ir Cádiz, que es un tesoro, concertando una cita, claro, con anterioridad. A ver si se me pega algo de su sangre espontánea, del resplandor de sus ojos, que será como un regreso al futuro ahora que tanto está de moda, y de actualidad.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer