Raphael, sin la p ni la hache

O sea, como se dice ahora, Rafael Martos, el niño de Linares, de inmensa actualidad por encima de la ceniza, ascua, ¡qué digo ascua!, llama. Aún por encima de los años, por encima de los males, por encima del mundo en que vivimos, pero sobre todo, sobre todo, manteniendo intacta su propia marca, su inmensa personalidad. Por eso, aquí, este día, aunque cualquier día de la semana pasada, del año que se fue, desde hace cincuenta años, quizá más, no ha dejado de ser noticia, de importar, de interesar.

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Raphael, en su propia vida personal, que la tiene y muy intensa, en su qué hacer profesional, no ha dejado de ser noticia desde que rompió a cantar, que yo estaba cerca dada mi longevidad. Hay por ahí una foto de los dos juntos de espaldas, caminando por una vereda de cipreses en su casa de Madrid, en Montepríncipe, donde nos hemos encontrado varias veces, cuerpo a cuerpo, alma con alma, porque los dos, creo que creemos en ello, cuando me asomo a sus últimos iconos- en Rusia es poco menos que Dios de paisano– o al cuadro retrato formidable que en su casa cuelga, y que es de Guayasamín, el pintor ecuatoriano que he visitado más de una vez arriba, en su ermita-estudio de Quito, dentro de uno de los cielos más azules del mundo, de verdad.

Guayasamín, que un día me regaló un grabado firmado de un guitarrista flamenco español, hace ya no sé cuántos años. Recuerdos, recuerdos… Memoria viva que ustedes me perdonarán que yo haga florecer en esta vieja maceta de lo que he vivido, para contar, sólo para contar.

Raphael, y desde luego, Natalia, que muy pocos saben que trabajamos juntos. Siempre lo cuento, en la tele, aquella de la avenida de La Habana, y que hasta incluso un día se atrevió a tocar la guitarra, creo que con una canción que había inventado, porque es una muy buena escritora, periodista a punto…

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Servidor, que estaba en ABC, y ustedes perdonen si tanto hablo de mí, pero ya estoy fuera de cualquier medalla, dio cuenta como un hecho cierto, que Raphael, el niño cantante entonces, se iba a casar con aquella muchacha intelectual del pelo en melena, tipo Veronica Lake, que siempre trabajaba en Hollywood, junto al dorado Alan Ladd.

Para ello fuimos a Venecia, para que en Góndola el secreto a voces se hiciera realidad. Y aquella pareja fue una gran noticia y a mí me tocó ser el notario de su felicidad. Tenía que ser en ABC, y en el huecograbado, para que la gente se la creyera. Natalia, que además hacía cerámica, entonces marquesa de sangre, el barro con Lucía Bose, todavía no de azul arcángel…

Desde antes de eso, allí estábamos, pero sin creer del todo que aquella pareja durara tanto tiempo, las cosas como son, que ya han hecho creo los cincuenta de recién casados. Los hijos, los nietos, el sentido familiar de los Martos Figueroa… Les he contado en su casa rosa de México, en el parque Chapultepec y en un cortijillo muy lindo que tuvieron en los cigarrales de Toledo, rodeados de olivos…

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Funciona la memoria, mis blogueros. O en su casa, aquella de Nixon en Miami, o del cantante, por los pueblos del mundo aquel día de ceviche en Perú, el otro que de su parte recibí un premio en su nombre en aquel teatro de Sevilla. Otra vez, el asalto de lo que viví, sólo para ustedes, en el teatro Colón, creo, de Sevilla, en Panamá, cerca del canal, en Caracas, o en el más pequeño pueblo de Bolivia, o en Santa Cruz, o en… ¡Qué sé yo!

Algún día, apunto de escribir con él lo que no se olvida, viéndole rodar algunas de sus películas, de cura, de escritor…, grabando, cantando, cuando estuvo medio muriendo, ahí que estuvo su viejo amigo, yo soy más viejo que él, callando como él quería… O en su casa, donde nació, en Linares, donde ya tiene su propio museo, o en aquel avión, que nos llevaba o nos traía de la nueva América. La radio, la tele, siempre estaba, y está allí, contando del día que volvió a nacer…

Ahora estrena película. De nuevo en las redes, como ahora se dice, arriesgando siempre, genial Raphael. Un abrazo fuerte, niño que nada heredaste. Martos de apellido, los hijos, los nietos… En ti la arruga es bella, Rafael. Nos vemos, nos vamos, nos vimos…

Hasta cuando sea la próxima, que como te conozco, puede ser mañana mismo. Besos a Natalia, la niña aquella que tuvo hasta una isla, y que en el silencio… ¡Ella sí que podría escribir de ti, Raphael, niño de Linares casi una Odisea!  La superación, constante, siempre día tras día…

  • Leer … es como volver a ver una película, que aún no ya terminado pero que seguimos dándole marcha atrás e hilvanando con nuestras historias particulares de cada sitio visitado donde su huella, con PH y sin ella y con los Martos, están mas que presentes e imborrables. Hermoso recuerdo, gracias Tico Medina desde Caracas, Venezuela

  • Muchas gracias, espectadores comentarios para una estrella y artista como lo es el gran raphael, felicidades desde la ciudad de México, donde raphael es muy querido, reitero y como dice la canción gracias a dios y la vida que nos dieron a raphael…único único e irrepetible, gracias señor nico medina por tan bellas palabras y por ilustrarnos aun más sobre nuestro querido niños.
    T

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