Te recuerdo, Cuba

El Papa Francisco se va esta noche. Desde arriba, es verdad que desde lo alto, la isla de Cuba -¡he ido tantas veces!- parece como dijo Guillén, “un largo lagarto verde”.

Es cierto. Con el poeta Guillén, entonces, hace medio siglo aunque parece que fue ayer mismo, tomaba un daiquiri en El Floridita, donde estaba la esquina Hemingway, don Ernesto, el premio Nobel, el de El viejo y el mar, que con el tiempo conocí en España y entrevisté para la televisión, al que fue su patrón en el océano, pescando el pez espada.

También me cantaba en la noche de La Habana, inolvidable, el negro Bola de Nieve, ojos verdes, casi casi mejor que la Piquer lo hacía…

Y a los pies de la Virgen de la Caridad del Cobre, la Señora que ha visitado don Francisco, peregrino, donde yo pregunté aquel día:

– ¿Y esa medalla que luce entre tanta joya, al pie de la Virgen, de quién es?

– Es de Hemingway y es la medalla del Nobel que le dieron…

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Subí hasta su casa, aquella que compró con el dinero que le dieron por el guión de la película Por quién doblan las campanas, con Gary Cooper e Ingrid Bergman… y allí me contaron la historia increíble que ahora recuerdo.

Un día llamó, desde lejos, como siempre, tal vez desde Venecia que tanto le gustaba. También le conocí cuando escribía las memorias de la princesa Ira de Fürstenberg. Y el escritor le preguntó a su mujer, rodeada de gatos como siempre:

–  ¿Y cómo está la vigía, amor? Cuéntame, cuéntame…

– Pues papá -le decían papá, con acento en la a, los que estaban más cerca-, pues verás, resulta que la gran ceiba, el árbol grande que da sombra a la casa, ha levantado las raíces, ¿recuerdas cómo estaban? Pues ha levantado la casa hacia lo alto… Vamos a tener que arrancarlo pronto… si no digo lo contrario.

Y don Ernesto dijo, bravo y breve, como en sus escritos, en sus crónicas de guerra en España:

– Pues que tiren la casa, Mary, amor, antes que el árbol…

Y más o menos tuvieron que hacerlo. Un árbol es un ser vivo, un hermano de sangre y de raíces.

Recuerdo, claro que recuerdo, y más en estos días, la Cuba de ayer, aunque fuera otra en tantas cosas, atardecer en La Habana, un sol de fuego a lo lejos, que convertía la ciudad en rosa…

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Pacho Alonso, cantando Que me digan feo, Josito la guantanamera con la camisa rosa, la guayabera almidonada, sentado en el quicio de la puerta. Alicia Alonso, que ahora está en España, con cien años, cuando ya a los cincuenta bailaba como una libélula. Tropicana, la música, la plaza Grande donde aún no estaba el Ché de hierro, inmenso.

Eran otros tiempos, otros años, lejanos pero inolvidables. Un día volví a Cuba, donde por lo demás acudía todos los años para informar, con Rocío Dúrcal que en la espera -también estaba Junior, su esposo- me cantó en una esquina del aeropuerto Martí, con acento en la i, una ranchera mexicana. Luego dimos una vuelta por La Habana, y estaba allí, como siempre, Gabriel García Márquez, en aquella casa grande, donde habitaban las mariposas y las iguanas…

Y el Papa, el tercero de los Papas que en poco tiempo han visitado la Cuba, tan cerrada en tantas cosas, con uno de los mares más bellos del planeta Tierra, que un día cerca el comandante Cousteau me confesó en el mar de Cortes:

–  Somos vanidosos, ciertamente, porque nuestro planeta debía llamarse el mundo mar y no Tierra como se llama, que no hay más que mirar un mapa de escuela y comprobarlo.

Hoy el Papa Francisco es el primer papa con su lengua que no ha necesitado traductor para hablar en directo, con todos, con los jefes de verde que se pusieron de corbata y de paisano, y con el cura Jesuita que fue el maestro de Fidel en la escuela cristiana…

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Por cierto, que Raúl le dijo al Papa cuando llegó al aeropuerto Martí -la primera vez que yo acudí a La Habana se llamaba rancho Boyeros- mientras besaba su anillo, que Francisco había pedido:

– El de oro no, el de plata, y que no me olvide de llevar mi cartera de siempre, pero yo en la mano, con mis cosas…

Y si se subió al aeropuerto de Fiumicino, paso a paso, con su cartera negra de funcionario de Dios. “No hablo con las ideas, sino con los hombres”.

El Papa en Santiago, que a mí me gusta tanto. Y en Holguín, que fundaron españoles, como siempre. Porque quizá, sin quizá, la tierra más española de toda América era y es, Cuba, y está en todos los libros. En fin, muchos recuerdos, tal vez algún día, siempre digo lo mismo, escribiré un libro sobre esta isla, donde corté caña y hablé con los grandes de mi tiempo, por ejemplo, por ejemplo… no quiero dar nombres, no es necesario.

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Algo ha cambiado en Cuba, pero no lo suficiente. Pero sí que recuerdo también aquel Corazón de Jesús, de los brazos abiertos, casi en cruz, sobre el malecón de La Habana…

Aquella Habana antigua aún no restaurada, y la voz del Papa Paco, en español, en la plaza Grande, al pie de las banderas, las palmeras, dolorido, no cansado… camino de Estados Unidos con su mensaje de paz, y su apellido de reconciliación, este Papa guerrillero que dice lo que un día me cantó Mercedes Sosa en una taberna de la judería de Córdoba…

– Nos queda la palabra…

  • Hola Sr Medina! Hoy ha dicho Usted algo que siempre he pensado , “Cuba es la tierra mas espanola de toda America”. Ya lo habia conversado una vez con mi jefa que era venezolana pero que vivio parte de su infancia en Espana por culpa que su padre vivio un secuestro en Venezuela y la familia decidio mudarse alla. Ellos regresaron a Venezuela pero despues de adulta vivia en Miami y al convivir con tanto cubano parece que le trajo recuerdos de la ninez que vivio en la madre patria. Saludos y gracias por sus historias, son un deleite poder leer tantas memorias de primera mano.

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