Sencillamente Pau

 Tampoco hace falta decir más, aunque estaba Pau Casal, al que yo conocí durmiendo la siesta en Puerto Rico hace muchos años. Su mujer, generosamente, me abrió la puerta del jardín y me dijo en voz baja:

– Nadie puede despertar a Pau cuando duerme. Además, como puede comprobar, duerme abrazado a la cintura de su chelo, como si fuera una mujer.

No le podrá ocurrir nunca a la que sea en su día la mujer de Pau Gasol, por alta que sea, porque Pau tiene estas medidas, a saber:

2,15 de estatura

Pesa 115 kilos

Su pie calza un 50

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Y tiene, si nació en Barcelona, cerca, el seis de julio del ochenta, resulta que, si ajustan cuentas -que yo como saben soy un desastre-, tiene… ¡a mí me salen 35 años! ¿Es válido, el resultado?

Sin embargo, tiene el corazón de un niño. Alguien ha escrito, “se trata de un elefante con el tierno corazón de un niño”.

Vale, y además se le nota si está enfadado -esto es cabreado como habla la calle-, no puede ocultarlo, se le ve en la cara. Es sencillo, bueno, cara a cara, llora con facilidad -hay fotos- y tiene las rodillas de los ángeles, esto es, frágiles, porque como decía aquel teólogo de bolsillo amigo mío, “para eso tienen alas”. Que es lo que a él le pasa, que vuela, que hay más fotos de él, en el cielo que en el suelo.

Es un gran muchacho, normal en su vida cotidiana, que por otro lado no la tiene, porque en cuanto sale -es más alto que nadie- se le reconoce, se le descubre inmediatamente. Por eso, todas las chicas que están a su lado parecen más pequeñas. Como era el caso de Silvia López, que no podía la pobre -muy bella niña- aunque es alta, darle un beso en la boca sin que él doble la cintura.

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Pero es palmera y rosal al mismo tiempo, este chicazo grande, grande, grande, que es la palabra más usada desde ayer mismo después de lo de Europa. Fíjense que hasta el Rey de España, don Felipe, que es tan alto, tiene que hablarle levantando la cabeza. Tal vez por eso, digo yo, presumo, que no fue la Reina doña Letizia hasta Lille, como era lógico que fuera, pero es que entonces, ni el tacón ascensor remedia ese retrato.

Desde hace tiempo se le llama, entre otras cosas, por ejemplo: marciano, extraterrestre, galáctico, de otro planeta…

Pero la verdad que es sólo en su esqueleto y en su forma de estar, porque de ser, los que son sus amigos -que los tiene más cercanos- aseguran que es un chico normal, más que normal, mejor que todos, “¡que lo único que quiere es pasar inadvertido!”, al que no se le conocen muchas novias, y que ya es ídolo del mundo entero.

Alguna vez, en cuanto se refiere al sexo débil, es un decir, indemostrable en nuestro tiempo, porque es mucho más fuerte, cuando quiere, que los varones que andamos por el mundo, bueno, es cuanto a cual es la mujer de sus sueños, porque Pau sueña.

– Debe ser una chica que esta levantada como mucho a las ocho de la mañana.

– Que no la conozca nadie por la calle.

– Que sepa cuidar niños, muchos niños…

– Y que, sobre todo, sea amante de la casa.

– Y que no tenga nada que ver con la fama y la popularidad, que no sea artista, vamos.

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Buena gente, le gusta un libro, una música, una cena, y es hijo de dos casi gigantes, de ahí viene la estatura. Su madre, que se llama María, y es médico en un hospital de Barcelona, mide casi uno ochenta y su padre, que es enfermero, un poco más, con lo cual se demuestra que eso de los genes es bien probable.

Quiere casarse Pau, y debe saber con urgencia que he pedido para él al Rey de España, que no le había visto tan alegre en toda su vida, cuando anoche, uno más entre ellos, levantando el dedo gordo de la mano derecha, como diciendo “somos los primeros, aunque solo sea en esto”. Que no es poco, hoy en Madrid va a recibir el homenaje directo de todo un pueblo, como ayer lo recibió de toda España, que ayer alcanzó “la cinco” una media de 44, por ciento, que es una barbaridad, de buena.

Y eso sí, desde ayer tiene un forofo, yo. Que hasta ahora si acaso me quedaba viendo el fútbol, soy del Granada, socio de honor por más señas, y que debe gritar “el otro día el Madrid le ganó, ¡aunque empatamos!.

Bueno, pues ahora soy del baloncesto. También de la canasta, y sé decir ya algunas palabras sueltas, como todos los nombres del equipo español que ayer permitió a nuestro pueblo soñar y comprobar, que el sueño puede hacerse realidad a veces. Solo a veces.

Y termino. Majestad, a veces, el Rey soberano, puede hacer un regalo, en este caso merecido. Su padre el Rey ya lo hizo en su tiempo, por ejemplo, con Del Bosque, que le hizo Marqués. Vale. ¿Y no podríamos hacer lo mismo con Pau? Marqués de Gasol, si no lo hay ya suena muy bien…

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¿Y por qué no, hacer Marqués de Manacor a Rafael Nadal, de paso, en la misma fecha? Sé, señor, que hay muchas otras historias que resolver más urgentes, necesarias…

Su padre, el Rey emérito, Juan Carlos, ya lo habría hecho hoy mismo, nada más regresar de Francia, estoy seguro. También hay una fecha, ya inmediata, ya mismo, ese día que en el otoño, que ya estamos, reciba el premio Princesa de Asturias en el ambiente azul de Oviedo que yo tan bien conozco, que estaba aquel día, en que pronunció, señor, su primer discurso, que cuando se equivocaba miraba a la Reina doña Sofía, su madre, en el palco Real del Campoamor.

Y que con él reciban el homenaje, necesario, merecido, todos los demás que nos dieron el éxito, en la inolvidable noche del día veinte de septiembre, cuando España, España, gritó tan fuerte su sitio y su trabajo… su lugar, hoy en la historia, aunque sea del deporte.

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