‘La Terelu’ y el amor

El  dicho popular dice, que dicen, que “no se puede tener todo en la vida, que si eres afortunada en el triunfo, puedes  no tener la misma gloria en amores”.

Generalmente, como todos los dichos populares, la frase, que más o menos es así, es verdad. Ocurre con frecuencia.

Vamos a ver. Si ustedes acuden al internet, ese amigo-enemigo que tenemos tantos a mano, ahí le dirán casi todo de esta niña, para mí lo es, entre otras razones, por que cuando vino al mundo, servidor tenía ya treinta y un años, lo que indica mi edad provecta. Lo que sí sé es que ayer mismo me lo dijo Juan y Medio, ese genio del sur, en su programa de televisión. Bien viejo soy y a mucha honra, que mañana, viernes, cumplo ochenta y uno.

No acepto regalos, por prescripción facultativa. El vino, no me sienta, y el tocino no quiero confundirlo con la velocidad, porque además ni conducir me dejanYa tengo bastante regalo con que me sigan leyendo, aguantando, con sus “batallitas” al abuelo, casi bisa soy después de tanto tiempo.

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Pues, en la Wiki dice que se llama Teresa Lourdes Borrego, y que nació el 31 de agosto de 1965 en Málaga. No nos había engañado, no tenía por qué hacerlo, ni en su edad, porque está en los diccionarios, ya que es una gloria nacional, y sé lo que me digo, que además acaba de cumplir cincuenta años en olor de  popularidad, gran edad por otro lado para la mujer en tantas cosas, aunque su vida este siempre en el filo de la navaja de lo triste y lo alegre, ya saben, sonrisas y lágrimas, como en tantas casas de hijas de vecino.

Por si fuera poco, yo conocí a su padre, extraordinario profesional de la radio en su tiempo: Borrego, que parece que lo estoy viendo, y a su madre, pues bien pronto, bellísima criatura que luego fue, es, María Teresa Campos. De la que no hace mucho escribimos en nuestro blog, aunque ya hayamos merecido todavía, su siquiera, acuse de recibo. Pero vale, ocurre en este oficio nuestro, que si hablas bien, ni te dan las gracias, pero si te equivocas, en una palabra te envían un ejército de abogados, in-me-dia-ta-men-te.

A lo que voy. Por si fuera poco, he tenido el honor, el amor, de trabajar con ella, cuerpo a cuerpo, a veces cara a cara, en la televisión de Madrid, en un programa, casi diariamente, “inolvidable”. Se llamaba Con T de tarde. Terelu lo presentaba, y lo llevaba de forma magistral, mirando a la cara de la gente aunque no la viera, una por una, cosa que había heredado de su madre, que eso no hay universidad de la comunicación, ni escuela de periodismo que te lo enseñe. Digámoslo  directamente. Incluso más que se hereda, se mama.

También podía haberse llamado Con T de tarde, por la de Tico, que era servidor, y que nunca reivindique hasta ahora mismo, cuando estoy de vuelta en tantas cosas, pero vaya por delante el decir, que entre otras más o menos importantes noticias que di, que dimos juntos, fue aquel mediodía que llevaba en los bolsillos del chaleco de las noticias, aquella de “que el príncipe Felipe,-¡lo he contado ya tantas veces, que me da vergüenza repetirlo, pero es de lo poco que me va quedando- tenía novia, y que era una chica que presentaba telediarios en la española”, no se lo voy a repetir, que me da vergüenza.

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Así que Terelu estaba allí, y está en las videotecas de medio mundo, porque se convirtió en una noticia internacional. Vale, pues yo a la vera de Terelu, como tantas tardes, cerca de la gente, cuando ya empezaba a estar en el cuarto de estar no sólo de Madrid, sino de España entera.

Y a lo que voy, mis leales. De entonces a acá, ha llovido mucho, a veces más de la cuenta como siempre nos pasa, que o el quitasol o el paraguas, aunque a veces la sombrilla valga para las dos cosas, y Teresa hija, que  lo fue durante mucho tiempo, lógicamente ya es Teresa, y después, Terelu, y ahora,  “La Terelu”, cariñosamente, como quien forma parte del cuarto de estar de la familia más cercana.

Como cosa nuestra, por eso, hoy está aquí como ella misma, llena de premios, de éxitos, de triunfos profesionales, porque dia-ria-men-te está ahí, para alegrarnos la vida, aun con sus tristezas. Porque Terelu no tiene, o tiene menos de lo que se merece, suerte en el amor, al menos para mí, que lo único que quiero es que me siga mirando a los ojos, como siempre, y contándome su historia, que ya es la mía, aunque deseo, de una vez por todas, porque el problema que tiene Terelu es que no sabe, hay cosas que no se aprenden nunca del todo, por más que se sepa, “que el amor que menos dura, es cuando te lo juran eterno”.

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Así que Terelu, si te ríes, si te sonríes, me rio, me sonrío, y si me usas el pañuelo para otra cosa que no sea para pedir la oreja, decirte quiero que no me llores, no me llores, que – otra vez la copla- me pareces llorando “la virgen de los Dolores” que es una saeta que has escuchado, muchas veces, en ese balcón de la calle Larios, de tu Málaga, donde acudes todas las semanas santas, a dar las gracias o a que te ayuden y te rindan cuentas.

Nunca hay que darlo todo como si fuera lo último, que el amor de la biznaga, la flor oficial de Málaga, se apaga  pronto. Y ánimo y a pelear. Que estar ahí arriba no es un préstamo; es un combate. La cruz de la moneda, la cara, ya lo sabes, y que ni el amor ni el desamor se te note más que lo justo. Sabes que me tienes, aunque sea en la distancia, como dice el bolero.

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